lunes, 14 de octubre de 2019

El Taj Mahal (y 2)


Una de las cuestiones que preocupan a los viajeros es la relativa a los problemas estomacales. En primer lugar, hay que beber agua embotellada; en segundo lugar no probar tomates, pepinos ni otras verduras que puedan integrar una ensalada, como tampoco se pueden ingerir frutas que no tengan cáscara y en tercer lugar pedir que la comida no sea muy picante, cosa difícil de resolver porque, aunque haya poco picante, siempre hay picante. Los países de clima caluroso han tenido a mano el picante para preservar los alimentos: México, Tailandia, África. La comida en India es variada y apetitosa, de hecho los habitantes en su gran mayoría son vegetarianos aunque en los hoteles siempre hay buen cordero y pollo, además de las excelentes variedades de arroz e infinidad de especialidades. Varios platos memorables: el chicken tandoori, hecho al hormo, el thali, que consiste en varios recipientes con diversas propuestas, o el biryani de cordero, con arroz frito y especias, el pollo con yogur, etc. El pan nos parecía magnífico, siempre repetíamos. El problema suele ser el de las diarreas, y para eso el Tiorfán y el Fortasec. Pero en ocasiones se te van los ojos tras un trozo de pepino, un tomate o cualquier componente verde. Y ahí empieza el problema: esas verduras han sido regadas con aguas que tienen una proliferación de bacterias que no es bien recibida por nuestro intestino.
La difícil relación entre practicantes de la fe hindú y los musulmanes ha conducido a conflictos desde el momento mismo de la independencia, 1947, hasta hoy. Siempre presente la pugna por la posesión de Cachemira, entre India, Pakistán y China. Ante los asuntos conflictivos, el guía de nuestro grupo no sabe/no contesta. Así sucedió cuando Rosario Valcárcel le pidió información sobre los problemas de las viudas que suelen ser marginadas y han de recluirse en lugares especiales, así como tampoco le gustaba hablar acerca de la condición de la mujer, etc.
Imposible hablar del país sin citar el Taj Mahal, la típica estampa postal mundialmente reproducida, el monumento funerario de impoluta blancura que posee una belleza sublime. Este país tiene una enorme producción de mármol, y con él se hicieron palacios, fuertes, templos. Hay poco turismo pero la nación va adquiriendo una red aceptable de hoteles, en los que siempre brilla el mármol. El Taj Mahal significa corona de los palacios; está en Agra, a orillas del río Yamuna, y fue mandado construir por el emperador musulmán Shah Jahan de la dinastía mogol, son diferentes los mogoles de los mongoles, aunque ambos pueblos tienen un origen asiático. El conjunto de edificios, con una mezquita y otras dependencias,  se erigió en honor a su esposa favorita, Arjumand Banu Begum, que murió en el parto de su decimocuarto hijo. Fue construido en el mismo lugar en que la pareja se había conocido, en unos jardines próximos al río. Su construcción necesitó 20.000 obreros bajo dirección del arquitecto de la corte. Recibe 9 millones de visitantes al año, y en 2007 fue designado como una de las Nuevas siete maravillas del Mundo Moderno. El emperador tenía la idea de construir otro Taj Mahal con mármol completamente negro para albergar su propia sepultura, pero una parte de sus hijos se enfadó mucho con el proyecto y encarcelaron a su padre para que no arruinase lo que quedaba de la fortuna familiar, murió encarcelado. En 1983, fue reconocido por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad por ser «la joya del arte musulmán en India y una de las obras maestras del patrimonio mundial admiradas universalmente». El poeta Rabindranath Tagore lo describió como «una lágrima en la mejilla del tiempo».
Por mucho que lo hayamos visto en postales y documentales, hay que contemplarlo de cerca para comprobar la blancura impresionante de sus mármoles, matizada por las difusas vetas de color. Este monumento ha logrado especial notoriedad por su romanticismo, su homenaje tras la muerte. Es un conjunto amurallado de edificios que ocupa 17 hectáreas y que incluye una mezquita, una casa de invitados y jardines.
Los templos clásicos son pequeños, no son como las mezquitas ni las iglesias cristianas, sin embargo ahora hay templos sijs y de otras religiones que son más espaciosos. Hay muchos lugares a los que los hindúes hacen peregrinación, por ejemplo la ciudad de Allahabad, célebre por registrar la confluencia de los ríos Ganges y Yamuna. Pero los ríos van tan desbordados que no se aprecia el punto de unión, ni el monumento indicativo que queda muy por debajo del agua. En esta ciudad visitamos la casa donde vivía Nehru, que fue primer ministro varias veces, era amigo personal de Gandhi hasta el punto de que, después de haber sido Gandhi padre de cuatro hijos, adoptó a un joven que acabó casándose con Indira, la hija de Nehru, de ahí que por matrimonio ella también adoptase el apellido. Tanto Gandhi como Indira fueron asesinados como consecuencia del ambiente contra las reformas sociales que ambos pretendían.
India tuvo emperadores tan ricos y caprichosos que fundaban ciudades que luego abandonaban. Es el caso de Fatehpur-Sikri, un asentamiento palaciego bien conservado que fue dejado atrás por la escasez de agua. Eran tan ricos esos emperadores y esos maharajás, esa legión de reyes regionales, que no debía importarles gran cosa dejar sus fastuosidades, los espacios de sus inmensos harenes. Ese ha sido uno de los problemas históricos del país: la desigualdad social, pues una minoría posee el grueso de la riqueza nacional. Después de la independencia los señores locales, los sultanes, maharajás y demás, han perdido su poder político y han tenido que convertir sus palacios en hoteles y restaurantes para poder mantenerlos. Tras el largo feudalismo la India intenta ser un estado moderno y funcional, en el que todavía tienen mucho peso las tradiciones. Hace tiempo conocimos a una joven hindú nacida en Canarias que se negaba a casarse tal como sus padres habían elegido, familias importantes de las que tenían bazares. La insistencia tan era grande que puso mar por medio y se estableció en Suramérica. 
Muchas fueron las impresiones positivas, los monumentos y los paisajes. Desde Jaipur, la ciudad rosa, a los templos de Khajuraho y la emoción de Vanarasi, el lugar adonde muchos se desplazan para entregar sus cenizas al Ganges y donde vimos unas ceremonias con fuego. India es una cultura diferente, un mundo de contrastes: desde la amabilidad de la gente, el color de los ritos, el acoso de los vendedores y los pedigüeños. Y la calle, del calor extremo al diluvio final.
Blog La Literatura y la Vida

martes, 8 de octubre de 2019

"Joker", símbolo del hartazgo

Eduardo Sanguinetti, Buenos Aires

«Guasón», tan serios ¿porqué?... “Joker” es una película sobre la indignación y el hartazgo. Una indignación y hartazgo individual y colectivo. Una indignación que en estos tiempos es la base de las protestas más justas, pero también de las más radicales y violentas. Sin dudas existen alternativas de conciencia, luchas y confrontaciones de profundidad, que calan hondo en el tejido social de la humanidad... pero en vez de accionar con los grupos de tendencias de moda, se contentan con adherir a una ONG oportunista, instalada con la venia de la corporación, que brega por la destrucción del planeta. El tiempo se acaba, se termina y ¿qué hacen?, esperan el ¿debate presidencial?, todo articulado para que se expresen de manera estúpida, los que conducen nuestra comunidad a la caída.

Dependiendo de quién lo vea “Joker” puede ser un arma apuntando a tu cabeza, pero también un despertador de conciencias muy necesario. Arthur Fleck (Joaquin Phoenix, enorme actor) se vuelve un protagonista involuntario de olas de protestas que enfrentan a pobres contra ricos, a ciudadanos contra sus gobernantes, a “hombres devenidos en privilegiados y exitosos” por negociar su alma en pactos fáusticos con el poder corporacionista.O quizás nos las pasaremos de funeral en funeral de la Naturaleza toda, cuando no quede un lugar donde retirarse... y asistiremos a nuestro propio fin, reflejados en u espejo que ya no refleja nuestra imagen.

En Argentina podemos encontrar de estos mercaderes de por miles, apuntalados por gobiernos de todo color, toda la trama pertenece a un estado de cosas conservador en sus prácticas de asesinar la vida y la libertad, la verdad y la historia... "Joker" impone criterio, de manera involuntaria, contra los que no consiguieron llegar tan alto como lo manda el sistema del marketing y el merchandising. 

Y no es por él que se levantan en masa, sino por una cara de payaso. Un payaso anónimo que podría ser uno o ser todos. Joker emerge como un líder, pero también como un hombre libre que baila y ríe sin que le importe nada el acontecer de un sistema en plena caída, un hombre con un caos interno que se propaga y se contagia. 

Cada uno sabrá cuan cerca se encuentra del personaje y su circunstancia... nada puede impedirnos sentir empatía por el Guasón... sobre todo, quienes no ignoramos que todo es una estafa, un fraude. 

La gente sufre y muere en el mundo en este momento. Especies enteras desaparecen. No duden se pondrá peor. El tiempo de actuar es hoy... le está ocurriendo a otros, pero pronto será usted y los que dice amar. No cuente con gobiernos disfuncionales, ni con medioambientalistas a la carte, para hacerlo por usted. 

Mire en su universo interno y resista, rebélese, desobedezca al poder de las bestias genocidas... permanecemos en una Argentina burguesa en maneras y modos, temerosa y traidora a los fines primeros y últimos que deben primar en esta tierra de "buenos muchachos", los "piolas" de mesas de dinero, vaya a saber "platita" proveniente de que "chanchullo" infecto... realmente dan asco... y todos podemos decir "Soy Joker".

(Sanguinetti es filósofo y poeta)

lunes, 7 de octubre de 2019

India: ruido, caos, dioses y cremaciones (1)



Desde el avión apenas divisamos la ciudad, tal es la nube de contaminación. Tras el bofetón de calor nos sumergimos en un ruidoso caos. Enseguida aprendes a saludar: las palmas de las manos unidas, hacia arriba, y dices la palabra Nemasté. Desde el aeropuerto al hotel dos horas por la saturación del tráfico y la ausencia de normas. Los coches y los tuk-tuks, motos convertidas en triciclos, avanzan a duras penas haciendo sonar la bocina. Nueva Delhi es la quinta ciudad más poblada del mundo, más de 20 millones. Las vacas andan por el medio del asfalto y los conductores tienen que esquivarlas. Los peatones cruzan como pueden, dentro de este desorden hay pocos accidentes. Hay infinidad de mercadillos callejeros, nubes de vendedores y mendigos, los olores nauseabundos se mezclan con inciensos, sándalo, pachulí, etc. Los vendedores son pegajosos pero India es un país bastante seguro, no te asaltan. Perros callejeros dormitan tranquilos como si fuesen vacas y las vacas, hacen de perros pues asaltan las bolsas de basura para alimentarse. Muchas capillas pequeñas y coloridas para los dioses, tan coloridas como los saris de las mujeres. Acudimos a templos en los que, con los ritos, suenan campanas, música y cantos. Hay infinidad de dioses y diosas, pero los tres más importantes son Brahma, el creador, Vishnu, el mantenedor, y Shiva el destructor-reconstructor. Abundan grabados en los que dioses y diosas copulan entre sí con naturalidad, desde el Kamasutra el sexo adquiere un hálito sagrado. Los tres dioses recuerdan la trinidad de Egipto: Horus, Osiris, Isis, o Zeus, Atenea y Apolo de Grecia. Los musulmanes son el 14 por ciento, apenas hay budistas, y los cristianos se refugian en Goa y otros territorios del sur que fueron colonias europeas.
Con tantos dioses, miles de celebraciones. ¿Quién fundó esta religión tan masiva? No se sabe. Los dioses son tan cercanos que no tienen inconveniente en salir en las telenovelas de cada noche, historietas de amores imposibles, hombres casados que pretenden a chicas jóvenes, chicas jóvenes que se fijan en hombres con poder. Siguen existiendo los matrimonios concertados por las familias, y continúan las castas. En bazares indios y en templos privados hemos visto el sincretismo hindú: el dios Ganesh, con cabeza de elefante, o el dios mono, al lado de la Virgen del Pino, la Virgen de Candelaria y el Cristo de La Laguna. No hay problema en mezclar sus dioses con del país en que se establecen. Yendo hacia el Fuerte Rojo se nos cruza un grupo de unos cien hombres, tocando tambor y gritando, esparcen polvos de colores y pasean a la diosa Durga, con sus ocho brazos. La llevan al trote, y el guía dice que al final tirarán su imagen al río. A los dioses los fabrican en serie, hay miles de ellos en los almacenes que divisamos, son de una estética dudosa.
Tras las lluvias el país es un cromo de verdor, alta la yerba y los pastos, los arrozales y enormes planicies inundadas. Incredible India es el lema turístico oficial, y, en efecto, el país pone patas arriba nuestro concepto de la lógica. Hay templos levantados hace más de mil años, como los eróticos de Kajhurajo, que se conservan muy bien pese a que las invasiones musulmanas han destruido mucho patrimonio, también las invasiones asiáticas destruyeron los monasterios budistas de tal modo que el budismo tuvo que abrirse camino fuera de la India; en Tierra Santa hay muy pocos cristianos y en India quedan muy pocos budistas. Pero desde que allá fueron The Beatles parece que India es un viaje necesario, Oriente seduce.
Si el hombre occidental se mueve por cosas urgentes: el dinero, el poder, el placer y el éxito, tal vez deberíamos mirar hacia una civilización antigua donde mucha gente vive con lo puesto. Pero la globalidad hace que occidente y oriente se vayan asemejando. A fin de cuentas India está en el camino hacia el desarrollo, ya tiene su bomba atómica y manda naves a la Luna. Su principal industria es la farmacéutica, medicamentos como Viagra y Cialis vienen desde allí. India y China se niegan a tomar medidas drásticas contra el cambio climático, porque argumentan que tienen el mismo derecho que tuvieron las naciones de Occidente para llegar al desarrollo. En los dos países no se registró la crisis económica tras las hipotecas-basura que tanto daño hicieron. Ahora ambos países son conscientes de que pronto van a ser potencias de primer nivel, con sus 1.200 o 1.300 millones de habitantes cada uno, van a imponer condiciones al orden internacional.
Las lluvias de los monzones han sido más duraderas que nunca, han causado víctimas y han estropeado puentes y carreteras, con lo que nuestro viaje se ha hecho más incómodo. Visitamos monumentos centenarios, templos de distintos dioses, mezquitas e iglesias católicas de la fundación Teresa de Calcuta, asistimos a ceremonias, montados en elefantes entramos en fuertes que asaltaron los ingleses, comimos en palacios de antiguos maharajás que ahora son hoteles y restaurantes. Las experiencias pueden parecer irreales. Por ejemplo: no se puede comer carne de vacuno, pero sí de búfalo; realmente búfalos, bisontes y vacas son de la misma familia. Hay que vivir esas sensaciones, nos dan conocimiento sobre la extraña condición de los humanos.
Vanarasi, antes Benarés, es la etapa final. La ciudad de los muertos, de las cremaciones con madera de sándalo si eres rico, del esparcimiento de las cenizas en el Ganges, el gran río que viene del Himalaya y es considerado una diosa. Con las lluvias del verano va muy rápido y tan crecido que ha sepultado las famosas gradas y los templos. Si eres pobre tirarán el cadáver directamente al río, igual que si eres niño, mujer embarazada o leproso. Diluvia porque el monzón se ha retrasado, hemos de contemplar las incineraciones a cubierto. En un techado están terminando una cremación, las llamas están vivas y en el revoltijo de cenizas vemos huesos pequeños y medianos del cuerpo. Al pie mismo del muerto que están quemando hay una masa que debe corresponder al anterior difunto, está amontonada en el suelo sin mayores miramientos. Como creen en las reencarnaciones, la muerte aquí parece menos dramática que entre nosotros. En los callejones que bajan al río –una vez lo atravesó de lado a lado un amigo que había sido buen nadador- los parientes de los muertos se someten al ritual de raparse la cabeza, en señal de duelo. Lo peor fue el regreso: en 30 horas cuatro aviones. El abuso del picante nos trajo al final las temidas diarreas. Pero valió la pena.
Foto del autor: cerca del Fuerte Rojo de Nueva Delhi, partidarios de la diosa Durga la pasean antes de tirarla al río

domingo, 29 de septiembre de 2019

Prostitución, pedofilia y feminicidio a cielo abierto



Eduardo Sanguinetti, Buenos Aires
Alguien tiene alguna duda de que, sin el aval del poder político, financiero-corporativo, farándula mediática y las denominadas fuerzas de seguridad, con sus vasos comunicantes con "pedófilos", “proxenetas” y "femicidas habilitados", se podría evitar el asesinato de mujeres de todas las edades, el comercio, la “trata de blancas” o como se prefiera denominarlo.
Con total impunidad, desde sus simuladas empresas de contratar mujeres, muchas menores de edad, con la promesa de un futuro de éxito y trascendencia mediática estelar en televisión, cuando en definitiva, no se ignora que estas víctimas de la sodomía son mercadeadas a empresarios, turistas, milicos habilitados para negociar mujeres, políticos preñados de sodomía y toda la fauna que compone el patriarcado que manipula la existencia de una comunidad bestial; padres que venden a sus hijas para explotación sexual, justificándose en la miseria atroz en la que están inmersos: solución temporal para comer un poco más, pues en definitiva, nada modificará el rumbo de esas vidas sumidas en el espanto.
Los pre-púberes son vendidos como mercancía para explotación sexual, terminando sus vidas apestados con HIV y demás enfermedades o vendiendo sus órganos para trasplantes, crudísima realidad que pareciera el ciudadano medio prefiere ignorar, un tema que puede afectar su inmunda vida de burgués infecto.
En el último gobierno del Partido Colorado, en Uruguay, hace una década y media, un promotor de modelos argentino recibió una distinción de manos del Presidente en ejercicio, una exageración megalómana y delirante, conocida su chacra donde convivía las temporadas veraniegas en Punta del Este con las modelos, chicas menores de edad, con permiso de sus padres y madres para que estas mujeres y niñas desfilaran cual hacienda en pie por las pasarelas a la vista de empresariuchos, politicastros y turistas sexuales, de bolsillos profundos.
Devenían las macropartuchas que ofrecía este malparido, concurridas por los denominados "ricos y famosos", que se publicitaban en pasquines semanales, legitimando lo ilegítimo. ¿Nadie lo recuerda?, si los conductores de programas basura siempre presentes, filmaban todo.
Este acontecimiento llevado a cabo marca una bisagra, un punto de inflexión de un sistema decadente y disfuncional, en fin, un llamado de atención, pues queda un sedimento de memoria que nos lleva a meditar con huellas.
En el núcleo de este tema, la prostitución está asimilada al modo de vida de una nación y del mundo, devenida en una enorme organización con ramificaciones internacionales que imponen códigos de comportamiento que deberían ser evaluados con urgencia por grupos interdisciplinarios, idóneos y comprometidos con la mujer y su circunstancia.
Es la única ley no escrita, que las prostitutas, sus explotadores, la clientela, conformada por todos los integrantes que conforman una sociedad hipócrita, que acepta y es cómplice en silencio, de todo el infecto negocio de mujeres, sujetos-objetos, comercializadas a “cielo abierto”, al turismo de todo origen, un negocio inimaginable en entradas de dinero millonarias.
Como “Indignado de la Cruz del Sur”, denuncio la ausencia de políticas puntuales y severísimas, para intentar terminar con la prostitución de nuestras niñas y jóvenes, del mercadeo de estas mujeres, del femicidio a repetición que día a día se sucede en Argentina y de la aplicación de una ley penal especial y sin apelación posible para quienes de una manera u otra estén ligados a la red, ya sea como consumidores o vendedores de estas esclavas bajo presión, que pierden todo destino de vida, devenidas en convertirse en objeto de uso y abuso, en las prácticas sexuales de bestias que habitan en nuestro mundo, que pareciera ya no tiene límites en instancias escatológicas, como lo es la prostitución, con la indudable anuencia del poder empresarial, político y cultural, sin los cuales no podrían prosperar estas tendencias degradantes hacia nuestra especie.
Contra la bestialidad de un sistema enfermo patriarcal, al que se antepuso con rigor el empoderamiento de las mujeres, que devino en el brote psicótico de los "machistas argentos", impotentes ante la posibilidad de encontrarse con mujeres dueñas de sí y sus vidas en acto y conocimiento.
Con sumo placer y deseo, reivindico al amor y la pasión hacia la mujer, denunciando a este sistema como cómplice de un holocausto en las sombras, donde se manipulan a sus antojos las existencias de miles de niñas y mujeres, devenidas en víctimas fatales de un sistema patriarcal machista, hipercorrupto y criminal.
(*) Filósofo y poeta

domingo, 15 de septiembre de 2019

La clase política más infantil de Europa

Los cuatro líderes en sede parlamentaria. (EFE)




No deja de ser una paradoja que a medida que el país envejece -la edad media de los españoles se sitúa ya en 43,39 años- la política se infantiliza. No solo por razones biológicas -la edad media de los cuatro principales líderes nacionales es de 41,25 años-, sino, también, por causas políticas o, incluso, culturales. En particular, por la eclosión de nuevas redes de comunicación que han favorecido discursos simplistas y liderazgos mediáticos que tienen más que ver con el 'marketing' que con la cosa pública. Es un hecho que SánchezCasado, Rivera y Pablo Iglesias han pateado durante años muchas tertulias antes de dirigir sus respectivas organizaciones, y eso ha contribuido a que la ‘nueva política’ se haya convertido en un plató de televisión donde prima el espectáculo y la superficialidad, como bien sabe Donald Trump, que mueve el mundo a golpe de tuit. Aunque la puerilización de la política no tiene nada que ver con la edad, se puede ser anciano e irresponsable en el sentido más literal del término, y, al revés, joven y estar en la edad adulta, sí existe una rara coincidencia en la España de hoy con solo echar un vistazo a la fecha de nacimiento de los líderes políticos. En 1977, el año de las primeras elecciones democráticas tras la dictadura, la edad media de los españoles era de apenas 33,20 años, pero los cuatro dirigentes principales (Suárez, González, Carrillo y Fraga) contaban aquel 15 de junio con una edad media de 48,75 años. Es decir, alrededor de 15 años más de los que tenían los españoles de aquel tiempo. Hoy, con una población diez años más envejecida, los líderes políticos tienen dos años menos que la población, probablemente, por primera vez en la historia de España, y eso que en aquel tiempo hubo una ruptura generacional con los dirigentes de la dictadura.
Felipe González, que por entonces contaba con 35 años, era el único que carecía de una sólida carrera política detrás antes de convertirse en un dirigente nacional, pero pudo capitalizar electoralmente unas siglas históricas, aunque con escasa influencia durante la oposición al franquismo. La edad, en todo caso, lo contrario sería absurdo, no es totalmente determinante en la acción política, pero si la ausencia de contrapesos generacionales dentro de las propias organizaciones o, en general, dentro del sistema político, lo que hace que un dirigente que ronde los 40 años tenga más interés en continuar su carrera política a cualquier precio, incluso dentro del mismo partido tragando todos los sapos que sean necesarios hasta que llegue su hora, que otro de edad más avanzada con una trayectoria detrás. Algo que exige enterrar el pasado acuchillando, si es necesario, a los anteriores. Eso que se ha llamado el adanismo, que ha inoculado al país hasta colapsar el sistema político a nivel nacional.
Churchill y Adenauer
Es muy conocido, sin embargo, que Adenauer fue nombrado canciller con 73 años, mientras que Churchill, tras la guerra, fue elegido primer ministro con 77 años. El propio Trump llegó a la Casa Blanca con 71 años, mientras que Macron alcanzó el Elíseo sin haber cumplido los 40 años. Existen, por lo tanto, todo tipo de ejemplos, pero lo que hoy se sabe es que la edad media de los políticos españoles (los cuatro principales) es la segunda más baja de la UE, tras Croacia. Sobre las causas políticas de la infantilización de la acción del gobierno, y, en general de las sociedades postindustriales fascinadas con las nuevas tecnologías y el hiper consumismo, no hay mucho que decir. Un país que se encamina a las cuartas elecciones generales en cuatro años tiene un grave problema con su clase política por su incapacidad de encontrar soluciones.

La política española se mueve hoy entre la lucha por el poder en estado puro, sin matices, y el idealismo estéril alejado de la realidad
Algo que conecta con la reflexión que hizo hace poco más de un siglo Max Weber en una famosa conferencia, en la que el pensador alemán criticó tanto al político realista que “se complace vanidosamente en el sentimiento de poder”, como al idealista que se olvida de ejercer sus “responsabilidades de poder”.
Entre una cosa y la otra, la lucha por el poder en estado puro, sin matices, y el idealismo estéril alejado de la realidad, se mueve hoy la política española, convertida en el nuevo enfermo de Europa, como llamó el zar Nicolás I al imperio otomano, y que, posteriormente, se ha utilizado en muchas ocasiones para retratar no solo a países con problemas estructurales de carácter económico, sino, también, de naturaleza política.

Vanidad e idealismo

Esa vanidad de los líderes es la que favorece, precisamente, una política de tierra quemada con el pasado para acreditar la supremacía del guía, mientras que el idealismo un tanto pueril tiende a alejar a los dirigentes de la noción de responsabilidad, que nunca puede ser una de las características propias de la infancia. Paradójicamente, como decía Raymond Aron, cuando la política es el terreno de la acción cotidiana. Lo pueril, de hecho, es lo contrario, a lo adulto, a lo complejo. Como son, por cierto, las sociedades a medida que se desarrollan. La nueva política, que ha envejecido prematuramente, forma ya parte, sin embargo, de la industria del espectáculo, que por esencia es lo trivial, y que necesita la construcción de enemigos imaginarios para sobrevivir. Se dice a los electores lo que quieren oír con mensajes pueriles, lo que es incompatible con la noción de responsabilidad, que exige en determinados momentos no solo cantar las verdades de Caronte, sino, al tiempo, promover el aprendizaje social y la educación, lo que necesariamente tiene que ver con el ejercicio de la conciencia individual, que, por definición, es indivisible.
Carlos Sánchez, en El Confidencial

Ya no somos viajeros sino turistas atropellados



Aunque todavía hay mucha gente que no se ha subido a un avión, cada vez que uno emprende un viaje –aunque sea a la isla de al lado, aunque sea a un lugar de Extremo Oriente- tenemos la sensación de que toda la humanidad se ha convertido en viajero impenitente, pues, vayan donde vayan, los barcos y los aviones van llenos a reventar. Y eso que los aviones ofrecen cada vez menos espacio para ajustar las rodillas, y eso que esta humanidad viajera de manera masiva le ha quitado misterio a la propia idea del viaje, antes limitada a las clases más pudientes del mundo.
Nos convertimos en turistas tal vez siguiendo una compulsión que consiste en el deseo urgente de salirse de lo cotidiano, escapar de los límites de la vida que tenemos, convencidos quizá de que en otra parte vamos a encontrar algún viejo paraíso perdido, en el que no vamos a tener los problemas que tenemos sino que vamos a renacer.
Viajar se ha convertido en una actividad de muchos, y los operadores, las agencias, las aerolíneas se han dado cuenta de la dimensión del negocio. Dicen las estadísticas que en 1950 circulaban unos 25 millones de viajeros al año mientras que en 2018 hubo 1.400 millones, lo que equivale a decir que viajaron 1 de cada 7 habitantes del planeta, la séptima parte de la humanidad. Y esta actividad mueve 1,4 billones de euros al año, y no se detiene sino que va en aumento constante. Viajes de larga distancia, cruceros, viajes también en ferrocarril o en coche: lo importante es moverse. Muchas veces el estímulo de viajar es consecuencia de oportunidades de última hora, rebajas importantes en las tarifas, ofertas irresistibles para conocer países remotos o para ir a playas atractivas o incluso para escalar las más altas cimas del Himalaya. Hace poco se hizo famosa una foto que contemplaba una escalada multitudinaria en el Everest, había tal cantidad de escaladores que parecía imposible moverse. De hecho algunos fallecieron por caídas y tropiezos que parecían inevitables en medio de tal marasmo.
Todo esto supone también un impacto nada desdeñable en el cambio climático, pues los expertos estiman que la actividad turística global genera 5.500 millones de toneladas métricas de CO2. Tenemos que considerar asimismo que ciudades como Venecia o Barcelona se han visto tan saturadas de visitantes que comienzan a haber protestas serias de sus habitantes. Canarias el año pasado tuvo unos 16 millones de turistas, una cantidad tan importante que en ciertos momentos parecíamos ser extranjeros en nuestras propias calles.
Los modernos viajes, con tantísimas ofertas de las agencias, con tantísima publicidad emitida en los medios, tienen poco que ver con las peregrinaciones medievales, tan incómodas y lentas. Ahora, en cambio, los vuelos de bajo coste de 10 o más horas encajados en asientos mínimos pueden darnos algún susto por los problemas en la circulación sanguínea, trombosis, jet lags, etcétera.
Viajar hoy en día es un frenesí al alcance de muchos. En el siglo XIX asomaron por las islas algunos viajeros y exploradores europeos que venían con el deseo de conocer nuestra naturaleza, el exotismo de este clima. Eran británicos, franceses o alemanes que no tenían prisa por llegar. Parece que fue bien avanzado el siglo XIX cuando los hijos de la aristocracia británica hacían un paseo educativo por París, Roma o Sicilia, que incluía la visita a los museos y a los burdeles en los que reinaba la sífilis y todo tipo de enfermedades venéreas. Los empresarios británicos, en plena época expansiva del imperio, organizaban visitas a Egipto, cruceros por el Nilo o por las islas griegas. Hoy cada cual va buscando capturar el selfie más original delante de la gran muralla china, el Muro de las Lamentaciones o el Taj Mahal de la India, y el resultado es la reiteración hasta el infinito de imágenes idénticas.
A veces el viaje es una ilusión tan evanescente como la esperanza de alcanzar la gloria eterna. Llegas a Islandia pensando que va a contemplar ciento y pico géiseres, y que vas a poder escalar infinidad de glaciares. La decepción puede ser más completa todavía si en esos mismos días se ha extinguido uno de los glaciares más famosos, y para conmemorarlo colocan una placa que recuerda las placas funerarias de los cementerios. Otro ejemplo: Santorini es un lugar célebre a nivel mundial, quién puede resistirse al embrujo de esas islas griegas sembradas en el Mediterráneo, captadas de modo tan seductor por los fotógrafos especializados que todos deseamos ir allá. En un crucero italiano con cuatro mil personas a bordo llegas a Corfú, donde el palacio de la emperatriz Sissí, desembarcas en Mikonos y ves que solo quedan tres o cuatro molinos en funcionamiento,  aterrizas en Santorini para asimilar que la escena de las múltiples cúpulas azules de los templos es ficticia, ya que en todo el poblado de Oia apenas hay un par o tres de cúpulas, capturadas, eso sí, con mucha perspectiva, o desembarcas en Dubrovnik en un día de intensa lluvia que te quita la imagen soleada que aguardabas.
Hoy en día todos somos turistas, que no viajeros. Pues quemamos etapas en pocas horas y las visitas pueden ser tan ultrarrápidas como en las escenas de una película de Charlot. Los viajes se han democratizado, y eso está muy bien, porque el acceso a una sociedad de servicios viajar es más barato que nunca, se puede pagar a plazos, se puede alcanzar una oferta de 2 por 1, etcétera.
Hoy todos queremos movernos sin cesar por cualquier lugar del mundo, desde las aguas cálidas del Caribe a las atestadas calles de Tokio o los paseos en safari por Kenia. Hasta los psicólogos recomiendan que nos movamos, porque muchas profesiones viven de nuestros desplazamientos, desde los pilotos de aviación a los camareros de un crucero o las fatigadas camareras de pisos que han de trabajar contrarreloj. Ha dicho el sociólogo Rodolph Christin que “la movilidad se ha vuelto un modelo de conducta que coloniza masivamente el imaginario social”, en el libro Mundo en venta. Crítica de la sinrazón turística. Añade: “No es ya la libertad de ir y venir, más bien es una orden dictada por el funcionamiento del sistema…”  Y un profesor de la Universidad catalana Rovira i Virgili añade que “todo el mundo tiene la sensación de que si no se mueve, se pierde algo.” Qué lejos el poema de Kavafis, cuando decía que lo importante no era llegar a Ítaca sino disfrutar el viaje.

 Blog La Literatura y la Vida

sábado, 14 de septiembre de 2019

La imposición del olvido en el mundo actual



Por Eduardo Sanguinetti (*), especial para NOVA

“Estamos aquí, todos nosotros, con un pasado que nunca cesa, un futuro que nunca empieza, un presente que nunca acaba”. (De mi ensayo “Morbi Dei”, Capítulo I, Editorial Corregidor, 1985) Frente a la imposición del olvido y a la reconciliación amnésica del relato del poder, muchas de las mejores novelas de las últimas décadas en el siglo XX, en Argentina ejercieron una obstinada interrogación sobre la historia nacional y polemizaron, en muchos casos, en el momento en que no era posible decir.
La narración histórica en este presente bastardeado, escrita por rentados escribas vacuos e ignorantes, en la arena sinuosa de la gran tradición del drama isabelino, la historia, entra en escena como una genealogía del poder. Historia en la que tiene lugar, cual doble tradición, el interrogante de si los hombres son, se hacen o deshacen, al andar en un mundo materialista, economicista, con efecto placebo inmediato.
A partir de allí, cobra sentido la necesidad epistemológica y hermenéutica de definir y establecer una nueva lectura de la historia: estamos ante una realidad compleja y dentro de registros y códigos de saberes que fueron dejados de lado. Por otro lado, los textos de la historia articulan, desarrollan y amplifican los núcleos básicos de la ficción política nacional: la historia es, por lo tanto, un laboratorio epistemológico que permite pensar las lagunas ficticias, las causas ausentes y las escenas no dichas por la historiografía oficial.
La historia es algo menos que la interpretación que hasta hoy declara la unicidad del conocimiento humano, al devenir de las más disímiles comunidades, tan proclives en este presente a lo epidérmico, frívolo y al aparente goce de lo inmediato, en beneficio de disolver la poética de la historia, elaborando formas narrativas, cercanas a la alegoría y el fragmento.
La clausura de sentido está legitimada por decreto hoy en el relato de la historia devenida, a lo que en un tiempo se denominó “inmortalizar lo trascendente”. Hombres-símbolo, legitimados en actos de vida y que han brindado a sus comunidades una alegría y un horizonte a alcanzar, merecerían sus nombres e imágenes replicadas en monumentos y calles, símbolos de agradecimiento y fraternidad de las comunidades que los han visto nacer y hacer, sin pedir nada a cambio…una inversión de ¿causalidad y de casualidad?, una trampa, un trueque de trascendencia por una obra, una vida.
 La trampa se flexibiliza, se disfraza, se desnuda, y nada por debajo del éxtasis, de un mundo donde el ocultamiento de la verdad es el destino al que pareciera nos han condenado las fuerzas de la destrucción y de quienes desdramatizan, dramatizando acerca de apocalipsis cotidianos que solo son llamados en sus deseos de permanecer, a cualquier costo, incluso cobrando la vida de nuestras comunidades, al borde del camino de la vida.
El mundo hoy es una cultura de lo epidérmico, de lo degradado que se perpetúa y hago mención puntualmente a la relación político-cultural que divide y desorienta a los pueblos mediante la especulación y la perversión del simulacro de ciudadanos, en aparente ejercicio de sus derechos y garantías.
Las nociones de tiempo, de espacio, de intereses, en fin, de existencia se hicieron diferentes. El paradigma de la cultura ha obviado que la historia de este planeta ha sido sufragada en base a esclavitud a las tendencias imperiales, al tráfico de tradiciones ajenas e impuestas bajo presión, responsables absolutas de la pérdida de todo referente de una historia donde instalar a las nuevas generaciones, una historia que tuvo espacio de trascendencia en la “Imagen del Mundo”. Pertenecen al pasado abolido, la tolerancia, la diferencia, el diálogo entre iguales.
La Aldea Global no es otra cosa que egoísmo, avidez, intemperancia, dilación, psicopatías, grandes expectativas de fama y éxito devenidas en prostitución y delito perpetrado por “los peores”. La riqueza cultural se defenestró por varias vías: una, la del saber universitario y trascendente, presentido, seducido y deglutido por las corporaciones macro económicas; y por otro lado la conducta del dominado, inconforme con sus haberes. Por eso desde ese punto de nostalgias se le impondrá lo foráneo sin resistencias de pueblos sometidos y esclavizados, expulsados del “régimen” de la historia.
El homo sapiens en franco retroceso a homo primates ha devenido en empresa, en rédito y materia concreta de intercambio financiero, segregando su propio ser, que sería actuar como motor de la historia en favor de la vida. Pero hay otro lazo disociativo en la narración literaria de la historia: la mecánica económica que impone el desequilibrio, las desigualdades, las diferencias. En ese conjunto los hombres, como los animales, dan libre curso a su naturaleza sin advertir sus metas.
“Llegan a fines que no son capaces de prever”. La resistencia no tiene espacio alguno, salvo la que reivindica todo el planeta, para la economía de mercado, hoy triunfante, y que por cierto posee una lógica propia a la cual no se enfrenta ninguna otra. Todos parecen participar de estas ceremonias fúnebres, considerar que el estado actual de las cosas es el único viable y posible, que el punto al que ha llegado la historia es el que aparentemente la humanidad adormecida esperaba, deseaba y anhelaba.
La alternativa, la alteridad, sería el ensayo admirable del homo plus (el hombre por venir, asimilado a los más diversos entornos, en las más disímiles circunstancias), de crear confusión en las filas de la confusión, con un orden sutil, poniendo en ridículo al ridículo, cual ensayo de entendimiento. Llevo a cabo, así, desde el exilio de mi discurso de la verdad, la creación de un espacio textual, cual "Blues Circunstancial" que, a partir de la lectura de los textos invertidos de la cultura Prêt-à-porter hegemónica y homogénea, asumo los silencios de la historia oficial argentina intentando generar una resistencia al olvido obligatorio de la historia y su devenir, al que está sometido el individuo de este tercer milenio.
Si la historia, entonces, es un teatrum mundi, un escenario donde se produce la mutación de las identidades y los roles cual protagonistas, sólo podremos reconocernos cuando habremos salido de ella, observándonos en las escenas de nuestra historia, como extranjeros o turistas, los que hemos sido expulsados de la misma, por decir y actuar acorde a nuestras verdades, en compromiso con lo “real” y su alegoría, en conocimiento, que deviene en responsabilidad.
¡Bienvenidos a este Blues Circunstancial! Y no olvidemos que como he escrito como final ordenado en mi libro “Alter Ego”: "La ilusión mientras dura es una realidad por derecho propio".
(*) Filósofo y poeta

domingo, 8 de septiembre de 2019

Bienvenidos al reino de la Incertidumbre




El día en que, estando de viaje, contemplé por la televisión el destrozo físico y anímico de aquellas llamas gigantescas y devastadoras que con tanta saña devoraban memoria y paisaje pensé que estamos marcados por una evidente impotencia ante el futuro, esa edad que les espera a las nuevas generaciones, bendecidas por la robótica, el progreso de las tecnologías, la completa globalización y ojalá que la estabilización de la economía universal, la supresión del hambre, la conquista de otros planetas para cuando la Tierra ya sea inhabitable. Pero no cabe hacer predicciones a tan largo tiempo, ya que dentro de 30 o 50 años el mundo se parecerá poco a lo que ahora contemplamos.
Esta ruina tan repetida de los montes equivale a un ejercicio de plena impotencia. Bien sea la acción de uno de esos desalmados que están dispuestos a sembrar fuego cuando viene una ola de calor, bien sea la generación de chispas por el tendido eléctrico, bien sea una acción imprudente de alguien que maneja un soplete cerca de la masa forestal, bien sea porque alguien tiró una colilla o porque un cristal generó el efecto lupa sobre la pinocha en días de ardiente sol, el resultado es el mismo y lo peor es que se repite y se vuelve a repetir con excesiva frecuencia, sin que podamos hacer otra cosa que contemplar los noticiarios y ver las consecuencias para el entorno. Eso sí: resulta muy complicado identificar y detener a los que siembran fuego con el deseo de hacer daño. Se repiten los episodios en las mismas zonas, verano tras verano golpean con alevosía, pero parece como si a los presuntos autores los envolvieran las sombras.
Como todas las tierras, nuestro archipiélago ha conocido devastaciones, hambrunas, epidemias, volcanes, ataques piráticos, emigraciones forzadas pero también hemos recogido el fruto de estar en el camino del océano que ha generado un sentimiento de cosmopolitismo, de tolerancia, de mentes abiertas. Nuestros pinos han ardido cientos de veces y, de esta forma, saben sobrevivir. Pocas especies tan resistentes como el sagrado pino de la tierra insular, cuyo corazón ha aprendido a seguir adelante luego de los episodios más adversos. Pero este enorme incendio, que nos recordó tantos otros, deja nuevamente preguntas sobre la gestión de nuestro patrimonio forestal: montes repletos de material combustible, áreas agrícolas abandonadas, poco eficiente trabajo con las medidas preventivas, insuficientes dotaciones humanas y técnicas… Los hidroaviones tardan dos días en llegar, y sin embargo todos intuimos que a los incendios hay que pararlos en los primeros momentos.
Ni tenemos gobierno ni se le espera, porque le hemos dado nuestra voz a una clase política egocéntrica, que solo sabe mirarse al espejo de sus egos y que es incapaz de hacer política. Recordemos que la política es el gobierno de la polis y es también el arte de lo construir lo posible, pero unos y otros lo han olvidado. Los vaticinios no son muy halagüeños si proliferan nuevos líderes mundiales que tienen por bandera el enfrentamiento en vez de la construcción. Unos y otros juegan a defender con las más aviesas estratagemas, y con sus maniobras de enfrentamiento comercial, con amenazas de todo tipo frente a las posiciones del adversario, pueden parecer un anticipo de conflictos más graves, ya que por supuesto las guerras siempre empiezan por la economía. ¿Qué podemos decir de la plaga de populismos por aquí y por allá, de ese líder británico que es capaz de hacer cualquier cosa emulando a su primo americano Donald Trump? Desafortunada Europa acechada por un Putin que sigue pareciendo un taimado espía de la KGB y por un Boris Johnson decidido a llegar hasta el final del despropósito, aunque genere un cataclismo para su gente y para el resto, y por un Donald Trump que, al igual que los viejos dictadores, piensa que el planeta es un negocio exclusivamente suyo, y por eso con su modelo de nacionalismo de pata estrecha humilla al resto del globo, por eso tenía una visita a Dinamarca pero antes de llegar advirtió que quería comprar Groenlandia, quiere comprar Groenlandia porque sabe que allí hay petróleo y muchas otras cosas, menudo negocio para su imperio. Es tan maleducado que, al recibir la negativa por respuesta, anuló la visita al pequeño pero pujante país nórdico. En una película antigua de Woody Allen titulada Celebrity salía el prepotente Trump sentado en una mesa con otros tertulianos, y uno de ellos le preguntaba en qué proyectos andaba metido por entonces, cuáles eran sus proyectos. Ni corto ni perezoso respondió que a él lo que le gustaría es derribar la catedral de San Patricio en la 5ª Avenida de Nueva York y levantar en su lugar un bloque de apartamentos. A fin de cuentas ya hay demasiadas catedrales, pensaría, y qué buen servicio prestaría a la ciudad de los rascacielos un buen edificio de apartamentos lujosos en plena 5ª Avenida.
Hemos tenido un mes de agosto con episodios de inquietud, de zozobra, de preocupación. El mundo que vivimos en este comienzo del siglo XXI no es solo un mundo líquido que se derrama y se agita de aquí para allá, no solo es un mundo inconstante y en el que los referentes ya no sirven, sino que es un mundo gaseoso, evanescente, en el que nada va a resultar ser como estaba previsto pues aquí y allá soplan fuerzas contrarias. Hay monedas virtuales, hay robots que dirigirán el mundo, hay ambiciones desmesuradas y paralelamente habrá inundaciones, tornados, sequías extremas que vaticinan un gran conflicto por el agua, desastres que se llevan el patrimonio natural de generaciones, incertidumbres políticas a nivel global, un clima extraño marcado por los episodios del cambio climático que algunos todavía niegan. Bienvenidos al Reino de la incertidumbre, en el que el ciudadano ya no sabe qué papel va a tener si ahora los referentes son muy distintos a los que conoció, si los valores han cambiado, si por añadidura sus políticos no son capaces de representarlo adecuadamente, si da igual que las provisionalidades se alarguen hasta el infinito aunque ello suponga que no se van a poder librar unas cantidades de las que dependen servicios básicos, casi todas las autonomías no se cansan de pedir partidas que no han podido ser libradas por la provisionalidad permanente. A fin de cuentas, la provisionalidad es nuestra manera de estar en el mundo, ahora y siempre somos y seremos simples sombras en la noche, criaturas insomnes, seres desorientados en medio del fuego y la tormenta.

jueves, 29 de agosto de 2019

Samir Delgado, poeta en México

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Hace tres años que Samir Delgado llegó a Durango. Abandonó las Islas Canarias, en España, para "empezar algo nuevo en la vida" y encontró una oportunidad en "el corazón de México".
Mara Güereca (El Siglo de Durango)
 /El S
Él lo llama suerte.
Él lo llama suerte. "Cada día que pasa el realismo mágico que inauguró Gabriel García Márquez es evidente, Durango es un lugar muy importante en la República Mexicana... es un estado más grande que Portugal y tiene una de las familias más reconocidas en la historia de la cultura en México que son los Revueltas y en ese sentido para mí me despierto con una ilusión, con muchas ganas de progresar y de aportar cosas nuevas", dijo el escritor y poeta a este medio.
La 'tierra del cine' se ha convertido en parte de su inspiración, especialmente por esos atardeceres que defiende "a capa y espada" como los más bellos del mundo pues ha viajado a París, Nueva York, Jerusalén y otros tantos lugares pero ninguno se le compara. También defiende la literatura, a la que considera "una forma de ciudadanía, una manera de reivindicar el derecho de la expresión y de algún modo también a poner un granito de arena a la enorme experiencia que es estar vivos". Estar en Durango le ha "certificado la idea de que la búsqueda de la belleza, el derecho a la libertad de expresión, la necesidad de contar lo que uno siente a través de la literatura, la poesía, el periodismo cultural, es una manera de realización personal y también favorece un tipo de comunicación en la que no hay una presencia tan asfixiante de la publicidad, del consumismo, de la falta de humanidad que viene con los soportes tecnológicos".
Así es como surgieron dos libros que presentará en próximas fechas. El primero de ellos es 'Los poemas perdidos de Luis Cernuda', una obra dedicada al mítico poeta sevillano en la que de algún modo lo visita "a través de un cuaderno de viajes por México" y reivindica la figura del poeta; el segundo es 'Jardín seco', un poemario en homenaje al pintor filipino Fernando Zóbel inspirado en cerca de 50 de sus pinturas y que presentará en otoño próximo en España.
"En este caso yo escribo mucho sobre pintura, pienso que el arte es lo que nos salva, lo que nos reconcilia con la naturaleza, contar lo que uno siente viendo un cuadro es una forma de tratar con una realidad que es más real que la propia realidad porque una pintura mantiene los colores, el sentido, el tiempo que ha transcurrido y es como una ventana hacia otra realidad que me da una perspectiva de escritura muy enriquecedora", agregó.
Pero no todo es escribir. Samir ha trabajado arduamente en la ciudad para convertirla en la sede de 'El tren de los poetas', un proyecto que busca favorecer puentes de intercambio cultural entre Durango y España. Surgió en 2013 y ha contribuido no solo a promover la literatura sino a ser una plataforma de expresión y divulgación del trabajo de otros escritores, así como a la creación de una pequeña biblioteca hispanoamericana que compila el trabajo literario de los poetas que han formado parte de él y que se resguarda en el interior de la Biblioteca Pública Central 'Lic. José Ignacio Gallegos'.
"Eso es es algo que se va a quedar para futuras generaciones, proyectos como estos donde la literatura es una forma de comunicación, un escaparate distinto al del consumismo. Una forma de acercarse a la cultura de otros países siempre ha sido la literatura". Su esperanza en 'El tren de los poetas' es tal que continuará trabajándolo hasta donde le sea posible; por lo pronto espera conseguir el apoyo correcto para promover una beca de residencia para escritores, realizar una colección de literatura contemporánea y posteriormente crear un premio internacional de literatura.

Fuente: https://elsiglodedurango.com.mx/noticia/1069307.samir-delgado-reivindica-al-poeta.html  

miércoles, 28 de agosto de 2019

Cómo afrontar un mundo lleno de incertidumbre

Manuela Saragosa    Corresponsal de Negocios (BBC- News)
En la actualidad, sobran las preocupaciones que te pueden mantener despierto durante la noche, cualquiera que sea tu situación.
En Reino Unido, para unos es la salida de Reino Unido de la Unión Europea, mientras que para otros es la posibilidad de que el llamado Brexit se frustre.
Hay a quienes, en cambio, les preocupa la estabilidad de la enorme economía china, el resultado de la elección presidencial en Estados Unidos, el proceso de paz en Colombia, la crisis en Venezuela o incluso el riesgo de que la inteligencia artificial reemplace puesto de trabajo hoy ocupados por seres humanos.

¿Cuál es la mejor manera de manejar la ansiedad inevitable que va de la mano con todaesa incertidumbre?
Will Borrell vio la ansiedad de cerca después de que los británicos votaran a favor del Brexit en el referendo del 23 de junio.
Administra un bar llamado "Damas y Caballeros", que -como su nombre indica- funciona en un antiguo baño público en el norte de Londres. Cuando se anunció la sorprendente decisión de dejar la Unión Europea, la gente abarrotó el bar. La mayoría de londinenses, a diferencia de la mayor parte del resto del país, votó por permanecer en la UE.
"Bebían como si se hubiera estado acabando el mundo", le dijo a la BBC.
Aversión a la ambigüedad
Esto no quiere decir el alcohol sea la respuesta para calmar la ansiedad. Más bien ilustra que las personas no son muy buenas para hacer frente a la incertidumbre, ya sea de cualquier tipo.
Estudios muestran que la gente optaría por recibir una descarga eléctrica definida "ahora", en vez de aceptar el riesgo de una posible descarga eléctrica en algún momento del futuro desconocido. No saber nos afecta.

"Se conoce como aversión a la ambigüedad", explica David Spiegelhalter, profesor de Comprensión de Riesgos en la Universidad de Cambridge y presidente de la Sociedad Real de Estadística de Reino Unido.
"La gente es mucho más feliz con riesgos conocidos, cuando saben cuáles son las opciones y cuáles son las posibilidades".
Ahí es donde las estadísticas vienen al rescate.
Hay algo muy tranquilizador en ponerles números a las cosas. Las estadísticas pueden convertir algunas incertidumbres en riesgos medibles. Podría ser tan simple como el cálculo de la probabilidad de que llueva mañana o la posibilidad de sobrevivir a una enfermedad.
Sin embargo, algunas incertidumbres están sujetas a tantas variables, que son por su propia naturaleza indomables.

"Cuando se trata de economía, política, temas realmente complejos, cuando uno se enfrenta a un oponente, es peligroso engañarse a uno mismo y pensar que la incertidumbre se ha transformado en oportunidad", dice el profesor Spiegelhalter.
Preparación continua
No hay otro lugar donde esto sea más cierto que en la guerra. De hecho, se dice a menudo que un conflicto bélico es el reino de la incertidumbre.
¿Cómo se preparan los soldados para ello? El teniente coronel del ejército de Estados Unidos, Steven Gventer, estaba en Bagdad, Irak, durante la ocupación de 2004, cuando la milicia chiita organizó un levantamiento contra las fuerzas de la coalición occidental.
"Una de las cosas que tratamos de hacer es reducir el número de variables que no entendíamos o para las que no estábamos preparados", dice. "La idea era disminuir al mínimo el número de variables que nos podían herir".
Al final, la costumbre se vuelve tan arraigada que la aplican incluso en las situaciones más inocuas, tales como eventos familiares. Nada se deja al azar.
Contar historias
Entonces, qué hacemos con nuestras incertidumbres más mundanas, con preguntas como ¿voy a perder mi trabajo?, ¿durará mi matrimonio?, ¿mis hijos serán felices?
¿De verdad queremos saber las respuestas?
Una vida carente de toda incertidumbre seguramente sería monótona. Cualquier autor o director de cine diría que si no hay incertidumbre no hay historia.
Pero las historias también influyen en la toma de decisiones.
En 2007, el profesor David Tuckett, director del Centro de Estudios de la incertidumbre en la toma de decisiones, del University College de Londres, estaba investigando cómo los fondos de inversiones toman decisiones en medio del caos financiero y económico.
Descubrió que sus decisiones no se basan únicamente en investigaciones y cálculos, sino también en las historias que los operadores se cuentan entre ellos.
Ellos creaban una narrativa en torno de los resultados de sus acciones y se convencían de ella.
"La narrativa eliminaba la razón para no hacer algo", dice.
No es sólo un capricho de los operadores. La mayoría de nosotros crea su propia narrativa para decisiones cotidianas, desde la compra de una casa hasta el lugar que elegimos para ir de vacaciones.
Lo que es fundamental, dice el profesor Tuckett, es nuestro estado de ánimo cuando lo hacemos y si nos dejamos guiar por la curiosidad.
"La arrogancia es lo opuesto a la curiosidad", añade. "Así que para tomar buenas decisiones realmente se necesita ser alguien que esté dispuesto a enfrentar cosas difíciles".
"Y si recibes información que te hace sentir incómodo, en lugar de huir debes resolver esas dudas".