lunes, 16 de mayo de 2022

Proteger la Casa de los Picos, en San Roque



El problema es que llegamos tarde, mal y nunca. A mí me originó cierta sorpresa que el ayuntamiento capitalino esperara cien años para nombrar Hijo Predilecto a Benito Pérez Galdós. Y ahora leo que Urbanismo va a limitar en San Roque las alturas en torno a la Casa de los Picos para evitar que sea tapada por los edificios contiguos. A buenas horas, mangas verdes. Si se hubiese hecho hace setenta o cincuenta años, todavía habría escapatoria. Pero hoy en día, tras dejar paso a ese urbanismo tercermundista de cajones de cemento en cualquier parte, ya no vale. La Casa de los Picos ya casi no se ve ni de día ni de noche, porque está obstruida por el urbanismo rampante que existió en décadas pasadas. El de que yo construyo aquí porque me da la gana, yo me hago una casa de noche, los fines de semana, porque nadie se iba a dar cuenta.

 Como ya se ha contado recientemente en las páginas de este mismo diario, el inmueble está colocado en lo alto de San Roque desde 1869, y el nuevo plan especial de San Roque limita las alturas de las viviendas de la calle Párroco Segundo Vega situadas en la delantera de este emblemático edificio con la finalidad de no entorpecer su visión desde otros puntos de la capital. Sede de la asociación de vecinos del barrio, hasta hace unas décadas podía ser distinguida de noche por los conductores que suben desde la antigua carretera del Centro, potentes focos iluminaban la fachada y eran visibles tres de sus cinco picos.

 En 1998 salió a la luz mi novela La Casa de los Picos, con prólogo del profesor de la ULPGC Francisco J. Quevedo, publicada por el Centro de la Cultura Popular Canaria. Entre la realidad y la imaginación, en las 235 páginas del texto convergían personajes de mucho calado, historias de sensualidad y misterio, a caballo entre la leyenda y la realidad. En los periódicos se publicaron trabajos sobre esta obra literaria, entre otros citemos los de Guillermo García-Alcalde y del actual cronista insular Juan José Laforet. Esta curiosa edificación, que fue promovida por el organista titular de la catedral Luis Rocafort, también compositor, que vino de su tierra natal, las Islas Baleares, cayó en el olvido y permaneció en un segundo plano hasta que el que fuera alcalde capitalino Juan Rodríguez Doreste en sus memorias da cuenta de los buenos ratos que disfrutó en el edificio, pues a la marcha de Rocafort tuvo muy diversos usos, algunos relacionados con el esparcimiento.

 Obra del urbanista Manuel Ponce de León, en el momento de su construcción sobresalía como un tótem en lo alto del risco. Actualmente es propiedad del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria y es la sede de la asociación de vecinos Guiniguada. Su perfil neogótico nos recuerda las construcciones de los Países Bajos, de Flandes, del norte de Francia; no cabe duda de que Ponce de León quiso hacer un edificio original, y lo consiguió, hasta el punto de que un icono en los riscos que rodean la ciudad. Al fin, el ayuntamiento capitalino protege el edificio, lo incluye dentro de catálogo de patrimonio arquitectónico de la ciudad y trata de que la visión del mismo siga degradándose. El cronista de Guía, Pedro González Sosa, escribía en las páginas de este periódico en 2008 que «incomprensiblemente, a pesar de estar incluida en el Catálogo Municipal de Edificios Protegidos, el ayuntamiento autorizó una construcción que ocultó la casa dejándola medio invisible».

 Lo bueno es que, al fin, los munícipes han tenido en cuenta el valor patrimonial de este edificio tan especial, que dio pie a una novela y que permanece en el imaginario colectivo como una curiosidad un tanto enigmática, ideada por un arquitecto de gustos mayormente neoclásicos que dejó abundante obra en la zona histórica de la capital.

lunes, 9 de mayo de 2022

"El volcán y otros cuentos", jueves 12 - Biblioteca del Estado - Las Palmas GC

 

¿Por qué nos gusta poco la bandera?



En la magnífica película de Alejandro Amenábar titulada Mientras dure la guerra, el general Franco y los otros golpistas del 18 de julio del 36 firman sus primeras proclamas con el ¡Viva la República! que incluía mantener la bandera tricolor. Por supuesto que aquella treta de los primeros tiempos fue desplazada enseguida por el verdadero propósito del levantamiento: aplastar toda memoria de la II República y volver a la bandera bicolor de la monarquía, ideada como enseña marítima por Carlos III en 1785 aunque no fue impuesta como bandera nacional hasta 1843, con la reina Isabel II.

A veces me he preguntado por qué le tenemos poco cariño a la bandera española bicolor, y llego a la conclusión de que se trata de un capítulo todavía vinculado a la guerra civil, del mismo modo que la supervivencia del independentismo catalán también parece de alguna forma conectado a la derrota republicana en la contienda.

Solo en ocasiones especiales echamos a volar la nacional, por ejemplo en acontecimientos deportivos triunfales. Cuando España ganó dos Eurocopas seguidas y el Mundial de Suráfrica florecieron en azoteas y balcones las banderas que vendieron a miles las tiendas de chinos, no solo eso sino que hubo despliegue por parte de los seguidores de la selección, como si la selección de fútbol fuera lo único capaz de unir a vascos, andaluces, catalanes, canarios, en un sentimiento común. La gente cantaba aquello de ¡Soy español, español! También cuando conseguimos alguna medalla en las olimpiadas o algún campeonato mundial en motorismo vuelve la euforia.

En EEUU la fiebre por las barras y estrellas hace que luzcan incluso cuando entierran a sus mascotas en los cementerios que tienen para ello, sus queridos perros, sus queridos gatos, sus queridos loros viajan al otro mundo con la insignia estrellada. La bandera está en todas partes, delante de la gran mayoría de los domicilios, y es un ritual izarla por las mañanas y arriarla al anochecer.

Aquí contemplamos la bandera española en las instalaciones militares, Base Naval, Base Aérea, jefatura de la Guardia Civil, y acompañando a la canaria y la europea en las dependencias del gobierno regional. Poco más. En países teóricamente más débiles como Portugal, Grecia o Turquía la bandera está en todas las esquinas. En Marruecos acompaña al retrato de Mohamed VI en cualquier tiendecita por modesta que sea. ¿Somos menos patriotas que los norteamericanos o el resto del mundo por no manifestar esa devoción casi religiosa hacia la insignia nacional? Lo que sucede es que cada país tiene su propia historia, incluso en EEUU todavía hay quienes todavía prefieren la confederada de los sureños.

En el País Vasco y Cataluña la bicolor deja de estar presente en balcones de ayuntamientos y en dependencias de los respectivos gobiernos, la llamada guerra de las banderas ha dado dolores de cabeza hasta que nos hemos dado cuenta de que hay que relativizar el asunto. A fin de cuentas una bandera es un símbolo de la Historia, pero también es un trozo de tela. Y recordar que en el 1º de Mayo y en otras manifestaciones reivindicativas todavía sale a la calle la tricolor de la II República, incluso aquí sale la de las siete estrellas verdes. Existe la tentación de que la extrema derecha quiera apropiarse del patriotismo y de la bandera, pero las banderas no son de nadie, son de todos los que las quieran compartir.

lunes, 2 de mayo de 2022

El Día Mundial del Pene y otras zarandajas

 


Cuando pudiéramos estar a punto de que comience la tercera guerra mundial parece poco serio que hablemos de estas cosas. Pero lo cierto es que, como los humanos somos medio ilusos y medio locos, cada día del año lo dedicamos a celebraciones extrañas, así tenemos 365 días dispuestos para la imaginación. Soy un asiduo oyente de la radio, y mientras estaba aparcando escuché que este pasado martes, 26 de abril, era el día mundial del pene. Había una seria entrevista con una doctora que hablaba de los muy diversos tipos de penes existentes en las distintas zonas del mundo, su forma, su tamaño y su diámetro. Y yo con estos pelos, pensé. Desde el siglo XVII en la ciudad japonesa de Komaki conmemoran esta fecha con una celebración sintoísta, y las calles se llenan de decoraciones, dulces y objetos en forma de pene para celebrar el Kanamara Matsui, nombre de esta fiesta tan original. El ritual era convocado por las prostitutas, que pedían a los dioses protección contra las enfermedades de transmisión sexual. 

El pasado 22 de abril fue el día de la Madre Tierra, y esa sí que parece una celebración lógica y esencial, que festejan los pueblos ancestrales que sobreviven al margen de la historia. Miremos las tribus del Amazonas y otras etnias prehispánicas de América Latina. Claro que este domingo 1º de Mayo es el día de la lucha obrera y también de la Madre, una coincidencia que no favorece a nadie, aunque madre no hay más que una. Y lo cierto es que la lucha obrera se ha ido diluyendo y apenas van cuatro gatos a las manifestaciones, que desde hace mucho son convocadas por separado. 

Pero no es raro que las muchas celebraciones lleguen a caer en la estupidez. El 21 de enero ha sido declarado día mundial del abrazo, de las ardillas o de hacerse un selfie en un museo. También es el día mundial de los mariachis, reconocidos como patrimonio inmaterial de la humanidad, igual que el flamenco. 

Asimismo, y aunque cueste creerlo, existe el día de los zurdos, el de saltar por los charcos, el de los calcetines perdidos en la lavadora, el de los zombis o el de los ninjas, el de los vegetarianos y el de los veganos. Desde enero a diciembre, prácticamente todos los meses hay un día especial que conmemorar. Así existe el día del pastel de chocolate, el del hombre del tiempo, el de la comida congelada, el de los Simpson, el día mundial de las mascotas, y hay un día en que no está mal visto ser un vago: el 19 de agosto es el 'Día mundial de la pereza', porque en ese día en los países del hemisferio norte, con un calor agobiante, son pocas las cosas que apetece hacer. 

Hay conmemoraciones que han sido resultado de una larga lucha de la sociedad, por ejemplo el Día del Orgullo Gay, que ni se puede celebrar en todos los países porque en buena parte de ellos está prohibido con cárcel u otras penalidades. Claro que, por otra parte, el 1 de diciembre es el día mundial del Sida, que causó tanta desgracia en los años ochenta.  

Cuando yo era chico se decía que el Jueves Santo era el Día del Amor Fraterno, pero en una sociedad cada vez menos creyente, por ser más laica, parece que no tiene mucho sentido. Ahora tendríamos que conmemorar el día mundial de la agresividad. En esta línea proponemos hablar del Día Mundial del cobro de comisiones, de los parados, de las madres solteras, de las argucias de los políticos, de la mascarilla y del gel hidroalcohólico, de los pelotazos que consiguen los listos, de los inventores del bitcoin, de los que progresan con la economía virtual, de los especuladores, de los contratos-basura, de los corruptos, el día de las broncas en el Congreso de los Diputados, etcétera. 

 

jueves, 28 de abril de 2022

¿Y a mí quién me va a pagar las comisiones?

 


Un día se me metió una brillante idea en la sesera, y después de darle vueltas me hice la pregunta clave: ¿Cuánta comisión me va a dejar si este gran proyecto sale adelante? Porque ya está bien de mover cosas sin que me entreguen varios miles o millones, como hace todo el mundo. ¿Que hacen falta mascarillas y guantes para atajar la pandemia? Ahí va uno y consigue el material aunque sea de mala calidad. Para que Hacienda no encuentre ni un euro en sus cuentas corrientes enseguida el listo compra coches de gran cilindrada y se aloja en hoteles de Marbella a diez millones de pesetas la noche. Y también si un día alguien quiere llevarse un acontecimiento deportivo a tal sitio, pongamos Arabia Saudí, hay que establecer una buena comisión.

Tal vez la verdad sea que España está predestinada para los pelotazos y este tipo de negocios. Parece que es una práctica habitual que se entregue una comisión del 3 por ciento cuando se trata de gestionar un proyecto, pero en realidad esa cifra se multiplica abundantemente para regocijo de los receptores y para sufrimiento del ciudadano, a quien se estafa. Ahora algunas formaciones políticas, como En Comú, critican que se lleve la Supercopa de fútbol a Arabia Saudí. En Comú ha censurado el "todo por la pasta" de Gerard Piqué, y del presidente de la Real Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales, mientras que el PDeCAT ha definido España como "el país de las comisiones". El fútbol es cada vez menos deporte, y cada vez más negocio de los listos.

Los comisionistas se vuelven millonarios con los traspasos de las estrellas del fútbol. ¿Y qué decir de los políticos que nos representan? Desde un simple concejal a un alcalde o un diputado o un presidente autonómico, todos han podido meter la cucharita cuando se trata de obras públicas con gruesos presupuestos, en los que se puede apañar alguna cosa. Recordemos que el muy honorable Jordi Pujol conseguía magníficas comisiones de empresarios dispuestos a montar cosas, y ellas se transformaban en opíparos envíos hacia Andorra de mochilas cargadas con billetes de 500 euros, que transportaban sus hijos o las novias de sus hijos. Y eso sucedió durante muchos años, y todos tan contentos.

También el rey emérito gozó de importantes comisiones de países árabes, parece que se trataba del encargo a una empresa española de la construcción del tren de alta velocidad hacia La Meca. Esos dinerillos fueron a parar a las ávidas manos agradecidas de su amiga predilecta, una mujer de armas tomar que, después de quedarse 65 millones de euros afirma que se los ha ganado bien, que sin duda se los merece, y encima denuncia a su ex amante por acoso.

Por otro lado, las comisiones bancarias son tasas porcentuales que cobra la entidad por sus servicios financieros, bien sea por prestarte dinero a través de un crédito hipotecario o personal, por usar sus tarjetas o incluso por gestionar tus cuentas. Los bancos han reducido drásticamente oficinas, han despedido a miles de empleados, han dejado a pueblos rurales sin servicios pero de año en año se incrementan sus comisiones en detrimento de los pensionistas, los parados y las personas con economías precarias.

Si supiéramos la verdad de cada contrato de mascarillas, de cada compra de gel hidroalcohólico, de cada contrato de empresas públicas y de organismos autónomos, nos íbamos a llevar muchísimas sorpresas. No sabemos si el país está preparado para revivir cosas así, no hemos aprendido gran cosa de la cultura del pelotazo.

Vivimos una economía virtual fabricada expresamente para listos y oportunistas, ahí están las criptomonedas. El Banco Central de China ha resuelto que las transacciones financieras con criptomonedas son ilegales. El bitcoin ha sufrido bruscos cambios en el último año, debido a esas regulaciones que buscan prevenir la especulación financiera y el lavado de dinero.

sábado, 23 de abril de 2022

"El volcán y otros cuentos", nuevo libro de Luis León Barreto

 


Marta, una niña de 9 años, nos cuenta sus miedos cuando el volcán acaba de estallar y sus coladas de lava se aproximan a las casas de su abuela y de sus padres. Todo es tan dramático que una tarde de septiembre revienta el volcán dejándonos una sensación de temor. Una vez más, en La Palma la lava brota por varias bocas, un río de fuego que corre sobre el lecho de antiguas erupciones, destruye casas, carreteras, huertos, iglesias, farmacias, estanques, cultivos, y miles de vecinos han de recoger sus pertenencias en apenas unos minutos. La devastación del paraíso genera la necesidad de la reconstrucción, porque hemos de seguir adelante.

Este libro contiene 50 cuentos escritos bajo el febril estado de alarma de la pandemia, el temor ante un virus devastador, y en sus 224 páginas hay tragedia y esperanza, ironía, humor y una cierta melancolía. He aquí un conjunto de historias que suceden en distintos escenarios: África, Jerusalén, Londres, Venezuela, Nueva York, Buenos Aires, la India, Canadá y las Islas Canarias, en las que se habla de la capacidad de afrontar muchos cruces de caminos, porque, si somos un producto del azar y el futuro no va a ser lo que esperábamos, no queda otro remedio que afrontar nuestra vida efímera, resistiendo a las adversidades.

El libro, editado por el Centro de la Cultura Popular Canaria con el apoyo del Cabildo de La Palma y el ayuntamiento de Los Llanos de Aridane, será presentado próximamente en Gran Canaria, Tenerife, Los Llanos de Aridane y Tijarafe.

viernes, 22 de abril de 2022

Enrre la espada y la pared, cuento de Cristina Peri Rossi


Cuento de Cristina Peri Rossi
Cristina Peri Rossi

El espacio que queda entre la espada y la pared es exiguo. Si huyendo de la espada, retrocedo hasta la pared, el frío del muro me congela; si huyendo de la pared, trato de avanzar en sentido contrario, la espada se clava en mi garganta. Cualquier alternativa, pues, que pretenda establecerse entre ellas, es falsa, y como tal, la denuncio. Tanto el muro como la espada sólo pretenden mi aniquilación, mi muerte, por lo cual me resisto a elegir. Si la espada fuera más benigna que el muro, o la pared, menos lacerante que el filo de aquella, cabría la posibilidad de decidirse, pero cualquiera que las observe –la espada, la pared– comprenderán enseguida que sus diferencias son sólo superficiales. Sé que tampoco es posible dilatar mi muerte tratando de vivir en el corto espacio que media entre la pared y la espada. No sólo el aire se ha enrarecido, está lleno de gases y de partículas venenosas: además, la espada me produce pequeños cortes (que yo disimulo por pudor) y el frío de la pared congestiona mis pulmones, aunque yo toso con discreción. Si consiguiera escurrirme (imposible salvación), la espada y el muro quedarían enfrentados, pero su poder, faltando yo entre ambos, habría disminuido tanto que posiblemente el muro se derrumbara y la espada enmoheciera.

Pero no existe ningún resquicio por el cual pueda huir, y cuando consigo engañar a la espada, la pared se agiganta, y si me separo de la pared, la espada avanza.

He procurado distraer la atención de la espada proponiéndole juegos, pero es muy astuta, y cuando deja de apuntar a mi garganta, es porque dirige su filo hacia mi corazón. En cuanto al muro, es verdad que a veces me olvido que se trata de una pared de hielo, y, cansado, busco apoyo en él: no bien lo hago, un escalofrío mortal me recuerda su naturaleza.

He vivido así los últimos meses. No sé por cuánto tiempo aún podré evitar el muro, la espada. El espacio es cada vez más estrecho y mis fuerzas se agotan. Me es indiferente mi destino: si moriré de una congestión pulmonar o me desangraré a causa de una herida; esto no me preocupa. 

Pero denuncio definitivamente que entre la espada y la pared no existe un lugar donde vivir.

miércoles, 20 de abril de 2022

De que nada se sabe (poema de Borges)



DE QUE NADA SE SABE-

Jorge Luis Borges

La luna ignora que es tranquila y clara
y ni siquiera sabe que es la luna;
la arena, que es la arena.

No habrá una
cosa que sepa que su forma es rara.

Las piezas de marfil son tan ajenas
al abstracto ajedrez como la mano
que las rige.

Quizá el destino humano
de breves dichas y de largas penas
es instrumento de otro. Lo ignoramos;
darle nombre de Dios no nos ayuda.

Vanos también son el temor, la duda
y la trunca plegaria que iniciamos.

¿Qué arco habrá arrojado esta saeta
que soy? ¿Qué cumbre puede ser la meta?

lunes, 18 de abril de 2022

Los encantos de La Habana Vieja

 

Un bofetón de aire caliente y húmedo le dio la bienvenida en cuanto puso pie en la escalerilla, después largas colas para pasar los controles. Todo sin prisa, con esa calma del trópico.

–Tengo unas chiquitas lindas –le dijo un hombre con un uniforme de maletero, que le mostraba un álbum repleto de fotos.

–Gracias –respondió sin apenas mirarlo, solo requería un baño de agua fría y un largo sueño.

–No importa, compañero. Yo te las guardo para mañana temprano. ¿A qué hotel tú vas?

Al Habana Libre, lo cual significaba treinta dólares. Sin ganas de discutir precios, tampoco quería escuchar al hombrecillo que en una larga retahíla le anunciaba buena ganancia si canjeaba moneda por pesos, y que se empeñaba en mostrarle más fotos.

–Esta es Marlén, quince. Y esta es Yanel, tengo por seguro que no ha cumplido los dieciocho. Ahí donde las ve, compadre, hacen teatro y son modelos.

Además del calor y del pesado olor del mar, había un trío interpretando Guantanamera una y otra vez, con un ritmo dulzón y pegajoso de guitarras, maracas y voces.

–Y esta es Griselda, 19, estudiante de Ingeniería Química.

Luego, ya en la habitación, descubrió que el aire acondicionado no funcionaba y se asomó a la terraza para contemplar las cuadrículas de luz desvaída, una gasa sobre las calles y los parques. Las ascensoristas parecían colegialas de uniforme impecable, sonreían coquetuelas con sus dientes blanquísimos.

Olfateó el salitre y le entró el capricho de pasear por el Malecón, por las piedras sagradas de los desfiles y de los pasos del carnaval, en la avenida por donde entraron los guerrilleros cuando la victoria. De entre las sombras salieron dos chicos para agasajarlo con ron de Santiago, el verdadero Matusalén, y también le ofrecieron buen cambio para sus billetes. Un coche policial se acercó para comprobar los acontecimientos, los chicos cubanos no debían reunirse con extranjeros. Y entre el cansancio del avión y el desorden horario apenas disimulaba la flojera.

A ella le había mandado un buen capital para ir resolviendo. Yotuel, que confesaba 29 años, se quejaba de lo costoso de los trámites para el visado. Su nombre era gracioso: yo, tú, él.

–Sí, papito, claro que te quiero –eso decía con voz melosa cuando hablaban por teléfono. La vería al día siguiente, así que tenía tiempo para conocer la parte antigua. Por la noche, en La Bodeguita del Medio pidió un mojito y frijoles negros, tasajo y yuca. Más tarde caminó por la plaza de la Catedral y empezó a amar aquel lugar de belleza ajada, paladeó sus mil columnas y sus fachadas desconchadas, la gallardía de sus bulevares, los tinglados del puerto, los bares de turistas y los espectáculos. Todo le recordaba a su abuelo, el que se quedó por aquí. Su guía no le había podido confirmar si conocía a gente apellidada Castaño. Quién sabe cuántos primos podría tener regados por los bohíos. Pero si nunca mandó carta alguna, era difícil saberlo.

Timoteo pensó que tendría que descansar, Yotuel lo esperaba lúcido y certero. Abrió el frasco de pastillas de dormir y se tomó dos. En las fotos que le había mandado era linda, su carita tostada de mulata, sus ojos vivarachos, sus buenos pechos, sus grandes caderas. El trataba de corresponder ofreciéndole las glorias del mundo: sus huertas eran las mejores de la comarca, y qué decir de sus ovejas y sus cerdos. Se acostumbraría al frío, pero su casa tenía buena calefacción.

A las once y media ya estaba plantado en el lobby del hotel, con sus mejores galas. En el bar lo vieron ingerir ron reserva, invitó a copas a los que tocaban las músicas melosas, canturreó Guantanamera una y cien veces, bebió hasta caer desmayado, porque Yotuel no apareció y él lamentó los muchos dineros que le había enviado para poder traerla a su pueblo de Teruel.

lunes, 11 de abril de 2022

Los pulpos y los humanos son primos hermanos

 



Viene la Semana Santa y todavía con mascarillas y con la nefasta guerra en los televisores.  La Semana Santa es esa celebración callejera que convoca a tanta gente dos años después de que se iniciara la pandemia, claro que también hay otra mucha gente para las playas en ese magnífico puente de primavera, la previsión es que se reactive en grande el tráfico aéreo y vuelva el turismo. Decía el ilustre masón Juan Rodríguez Doreste que él aceptaba la Semana Santa porque forma parte de nuestra cultura, una puesta en escena de la Contrarreforma frente a los protestantes, que asociamos siempre con Sevilla, con Valladolid, con Zamora, la distinta iconografía, las procesiones con desfile de miles de cofrades, las saetas, el colorido de la madrugada, la devoción real o teatral de las multitudes. La II República no quiso o no pudo prohibir las corridas de toros y las procesiones, esos elementos de cultura del pueblo que gustan a miles de visitantes extranjeros

Este lunes 11 de abril se cumple un año de la muerte del poeta grancanario Justo Jorge Padrón, que falleció en Madrid a los 77 años, víctima del covid. Enfermó cuando no había todavía vacunas, su esposa Kleo Filipova logró superarlo pero él desgraciadamente partió. Un poeta grande, con una abundante obra y numerosos premios internacionales, que había renunciado a su trabajo como abogado para dedicarse exclusivamente a la poesía. Un autor con muchas traducciones, muy apreciado por crítica y público en aquellos años 80 y 90, recibió honores y salió mucho en los medios de comunicación. No solo fue poeta sino que también fue traductor y divulgador de poetas de los países nórdicos y manifestó siempre su toque neorromántico y existencial con ese libro tan destacado, Los círculos del infierno, muy conocido fuera. Justo era una personalidad en las letras españolas, una figura muy conocida y valorada. El ayuntamiento capitalino debería honrar su memoria con algún gesto, aunque se supone que debe haber una lista grande para aspirantes a los honores póstumos a él debería tocarle alguno.

Cuando el Mundial de fútbol de Suráfrica, el que ganó España, había un pulpo adivino que vaticinaba qué equipos pasaban a la siguiente fase en las eliminatorias. Predijo el triunfo de España en cada partido y sobre todo adivinó que ganaría la final frente a Holanda, eso me pareció curioso, porque a pesar de tener a Iniesta, Casillas, Xavi, y otros grandes genios, nunca habíamos ganado algo tan importante. Y aquel pulpo al que llamaban Paul fue acertando en cada predicción.

Se ha hecho público el anuncio de la instalación de una granja de estos cefalópodos en Gran Canaria, y se ha armado la de San Quintín. Ecologistas y animalistas consideran que se producirá un maltrato inaceptable y nos comparan con ellos, pues afirman que son animales hábiles y curiosos. Tienen un cuerpo globoso y blando, ojos enormes y observantes, con ocho brazos que tantean sus presas, y pueden cambiar de color o variar su forma para meterse en pequeños recovecos. Y, sin embargo, el aspecto más fascinante es su inteligencia. Según los especialistas, han demostrado ingenio y destreza, abren tapones de rosca, escapan de su acuario para comerse un pez del tanque vecino y luego regresan, o usan chorros de agua para apagar las luces de su acuario. Pueden resolver laberintos, reconocer gente, aprender mediante observación y usar materiales de su entorno, parecen una inteligencia extraterrestre. Sus parientes cercanos, caracoles o almejas, muestran muy pocos signos de inteligencia. Su sofisticado cerebro, por tanto, evolucionó de forma independiente. Esto los convierte en un animal interesante para los biólogos, y los animalistas se oponen a que se les explote en una granja similar a las de gallinas hacinadas. Pero también es verdad que en gastronomía son un plato genial, pulpo a la gallega, pulpo a la vinagreta, ropavieja de pulpo. Exquisitos.

viernes, 8 de abril de 2022

Imperio de la incertidumbre


Foto: Pixabay

Por Eduardo Sanguinetti, filósofo, poeta y performer - Buenos Aires

«¡Estamos aquí, todos nosotros! “los condenados”, con un pasado que nunca cesa, un futuro que nunca empieza, un presente que nunca acaba. ¿Dónde está la seguridad? ¿Qué protección pueden inventar que no se haya imaginado ya? Es inútil pensar en la seguridad: no existe ni la más mínima.» Fragmento de mi libro «Morbi Dei» (Ed. Corregidor, 1985 Bs. As. ISBN: 950-05-0399, 1985).

¿Qué análisis, críticas, teorías, respuestas o incluso alternativas pueden oponerse a la realidad incierta en la que permanecemos los argentinos, gobernados por un presidente sin liderazgo y sin plan alguno de gestión?… ¿Y? Ninguna, sólo escuchar ecos, a lo sumo en ¿efecto acústico? algunas variantes, elaboradas con las mejores/peores intenciones de saber que estamos librados al azar, que jamás ha dejado de accionar en nuestras existencias, hoy más que nunca bajo el imperio de la incertidumbre que sobrevuela la existencia de una humanidad que ha perdido los pasos  de un porvenir proyectado en un espejo sucio… El amor, núcleo constitutivo que nos puede llevar a cristalizar épicas a favor de la libertad y sus valores, que han quedado al pie del umbral de una historia que no se ha escrito.

Hay un estallido de sorderas, de cegueras endémicas, estamos atrapados en una catástrofe sin precedentes, en una fuga hacia un desierto concreto y real, de lo que denominamos mundo… Inclusiones, exclusiones, incertidumbre… Y “algo” brutal nos aguarda al final de este tiempo, sin tiempo, para bien o para mal, bajo la sombra del temor, que ha tomado forma de envoltura. Y el desierto, cual metáfora del espacio vacío, en que quizás se convierta la civilización occidental, tan deseante de lo oriental en tiempos de neo-colonización en inmediatez de necesidad y urgencia de quienes no admiten la autodeterminación de los pueblos.

Estamos en situación de sumo peligro de dejar de “ser” lo que alguna vez en calidad de especie hemos sido, “mutando” a otra realidad. Presiento algo que se está gestando a pesar de los ingentes intentos de gobiernos y estructuras condenadas a la caída, en mantener todo como ha sido, una utopía de conquista, sangre y muerte… ¡Duele saber que se negocia con la muerte!… Al menos deberíamos vislumbrar de qué tipo de espectáculo participamos, descubrir en la medida que nuestro talento, intuición y coraje nos permita, saber hasta dónde llegarán los corporativistas que pretenden imponer criterio, avanzando en usurpaciones, expoliaciones y conquista de las mentes de miles de millones de parias del “nuevo-viejo orden mundial”, cual espejismo del desierto sin fronteras en que transcurren nuestros días.

Se instalan muros, horarios fijos, contactos bajo vigilancia obscena en las prisiones cotidianas, escindidos de la calidez de los cuerpos, encierros implacables que se replican en decenas de perfiles, violentando intimidades devaluadas desde la distópica TV y sus informantes de ‘bolsillos profundos’, capacitados para lanzar hora a hora obscenidades, sin preparación alguna en lo que se denominaba en tiempos pasado periodismo… Tal vez, el periodismo en su función trascendente de informar los acontecimientos relevantes que se suceden en el mundo, ha muerto… Nada debajo del éxtasis y de las selfies que los seres que deambulan se toman para eternizarse, un espejismo de narcisos digitales, en nombre del diseño y la publicidad.

La palabra como medio de comunicación por contacto se ha eliminado, nos queda el WhatsApp, deteriorando la lengua… Todo acontece en la más penosa soledad. De todos modos, nos queda el 911, no vaya a ser que, final abierto a la desmesura del desierto, anula cualquier imagen de quién jamás lo ha visto, ni experimentado en tránsitos de vida en naturaleza-arte y vida.

Sensación de “orfandad” muy concreta se siente y percibe. Sensación de violencia se palpa y es latente, por ejemplo, en Argentina, mi país, se percibe de manera clara la falta de verdad, la ignorancia, la agresión, la justicia ausente, la desazón, la contaminación real y metafórica, la eliminación de la libertad de expresión: cima y sima de un destino ausente.

Se reprime y silencia a los que piensan diferente y también a los que piensan… parece que la consigna es “no pensar”, “ser leve”, “mentiroso”, “traidor” y “cobarde”, de la mano del miedo, fiel compañero de una humanidad, que pareciera desea el retorno de la represión… el miedo corona la vida espantosa de la ciudadanía, en su iconografía política insensible a la resistencia.

Todo conduce al nihilismo, al desarraigo, al exilio, a la anarquía, al estoicismo como forma y acto de vida-sobrevida, en el desierto, insondable paisaje de imágenes oníricas, de civilizaciones que han tenido cenit y nadir en sus laderas sinuosas.

No idealizo cambios, solo presiento. Y los presentimientos con bases sólidas operan como aventadores de rutinas, prejuicios y miopías en planos generales del pensamiento, poniendo en juego valores congelados en los escaparates de los ideales perdidos. Hay responsables en primera fase, luego, nosotros deberíamos hacernos cargo del porvenir, cual parias de un nuevo ciclo de vida en tiempos de pandemia o endemia, ¡qué más da!

El miedo, sin dudas el más inmenso y potente de los sentimientos, el más degradante y destructivo, el que ha generado más desastres a lo largo de la historia de la humanidad: el miedo… al que aludía Joyce en su Epistolario.

En el espacio de la política, el miedo, no es propiedad de las dictaduras, sino parte de cualquier relación de dominación, incluso de una democracia ficcional, imposible ¿no?… Saber articular el miedo, es un poderoso recurso del poder, donde la alegoría no tendrá demasiado éxito.

La construcción de la historia, escrita con “miedo”, desdibujó lo realmente acontecido y lo por acontecer en el devenir de la humanidad; el “miedo” es la proyección de todas las miserias que se prolongan a lo largo de siglos; el “miedo” en calidad de deidad suprema anima los actos de los pueblos; el “miedo” hacia lo conocido, lo desconocido, fuera de espacio y tiempo: una ficción; el “miedo”, que hace que los peores dicten en nuestras vidas, bajo la consigna tautológica de «orden y progreso», una exageración, un insulto a la inteligencia.

La vida en Argentina, tan limitada en sus fines e ideales, solo sigue fórmulas ya perimidas, huyendo de la confrontación de ideas; pareciera condenada a políticas neocoloniales, de sumisión y entrega… Destruyendo vidas y rutinas de pueblos con “miedo”, sin coraje de arrojarse a la espontaneidad emergente que nos ofrece el desierto.

No nos engañemos, repensar, Argentina, hoy, significa establecer un diálogo con la “falsa modestia”, en fin, el gobierno y la burguesía pudibunda, con su “miedo” a cuestas, no aprenden a juzgarse ni tan ruda ni tan duramente, sólo su cobardía… Es “miedo” al “miedo”, los que llevan a las personas a entregar su libertad, por un cautiverio en ¿seguridad?, los inquisidores perpetuos, acechan, vigilan, controlan confrontan, en nombre de ningún sentido, salvo custodiar espacios de confort de quienes dictan y rigen en un mundo que se cocina un porvenir sin huellas, sin Domicilio Fijo.

No nos convirtamos en víctimas, fracasados, cobardes, en la economía de nuestros propios recursos en acción y discursos, marcando el trayecto de una historia, la de nuestro tiempo, que se debate entre utopías y derrotas, entre voces, silencio y “miedo”, diciéndole adiós al iluminismo y al positivismo… Bienvenido el neo-existencialismo.

La unidad social no se mantiene y crece por mucha libertad que haya si falta el conocimiento de su verdad, y tampoco por mucho que se proclame y se enseñe su verdad si falta la libertad.

Siempre los fabuladores políticos de ocasión, mascotas de microempresarios analógicos, pueden negar lo que está vivo, basta con esperar algunos siglos para que la razón nos asista. Cuando se niega la vida, basta esperar, la muerte llega a tiempo, siempre…

Sin dudas los datos de la vida social en relación serán otros. Sin dudas los mercaderes de la vida,  pelearán en todos los frentes, para intentar mantener privilegios adquiridos en ritos satánicos metaforizados, pero todo se desmorona, poco a poco, según se suceden los días de cuarentena… está finalizando un ciclo de la historia de la humanidad esclava… Quizás algún intento de reconstrucción de lo que pudo haber sido… omnipotencia de la razón, en tiempo donde lo irracional proyecta el novedoso estadio de ser y estar.

Desde “un paraje llamado realidad”, siempre rebelde, les manifiesto a los mercaderes de la pobreza y la miseria, que no se sojuzga y reprime a un pueblo con hambre, no se asesina por la espalda contando el haber, la indiferencia y la mentira, pues, como dice José Larralde: “Nadie habrá de ir más allá del cementerio”.

miércoles, 6 de abril de 2022

"Las moscas", cuento de Ignacio Quiroga (Uruguay)

 


Al rozar el monte, los hombres tumbaron el año anterior este árbol, cuyo tronco yace en toda su extensión aplastado contra el suelo. Mientras sus compañeros han perdido gran parte de la corteza en el incendio del rozado, aquél conserva la suya casi intacta. Apenas si a todo lo largo una franja carbonizada habla muy claro de la acción del fuego.

Esto era el invierno pasado. Han transcurrido cuatro meses. En medio del rozado perdido por la sequía, el árbol tronchado yace siempre en un páramo de cenizas. Sentado contra el tronco, el dorso apoyado en él, me hallo también inmóvil. En algún punto de la espalda tengo la columna vertebral rota. He caído allí mismo, después de tropezar sin suerte contra un raigón. Tal como he caído, permanezco sentado -quebrado, mejor dicho- contra el árbol.

Desde hace un instante siento un zumbido fijo -el zumbido de la lesión medular- que lo inunda todo, y en el que mi aliento parece defluirse. No puedo ya mover las manos, y apenas si uno que otro dedo alcanza a remover la ceniza.

Clarísima y capital, adquiero desde este instante mismo la certidumbre de que a ras del suelo mi vida está aguardando la instantaneidad de unos segundos para extinguirse de una vez.

Esta es la verdad. Como ella, jamás se ha presentado a mi mente una más rotunda. Todas las otras flotan, danzan en una como reverberación lejanísima de otro yo, en un pasado que tampoco me pertenece. La única percepción de mi existir, pero flagrante como un gran golpe asestado en silencio, es que de aquí a un instante voy a morir.
¿Pero cuándo? ¿Qué segundos y qué instantes son éstos en que esta exasperada conciencia de vivir todavía dejará paso a un sosegado cadáver?
Nadie se acerca en este rozado: ningún pique de monte lleva hasta él desde propiedad alguna. Para el hombre allí sentado, como para el tronco que lo sostiene, las lluvias se sucederán mojando corteza y ropa, y los soles secarán líquenes y cabellos, hasta que el monte rebrote y unifique árboles y potasa, huesos y cuero de calzado.

¡Y nada, nada en la serenidad del ambiente que denuncie y grite tal acontecimiento! Antes bien, a través de los troncos y negros gajos del rozado, desde aquí o allá, sea cual fuere el punto de observación, cualquiera puede contemplar con perfecta nitidez al hombre cuya vida está a punto de detenerse sobre la ceniza, atraída como un péndulo por ingente gravedad: tan pequeño es el lugar que ocupa en el rozado y tan clara su situación: se muere.

Esta es la verdad. Mas para la oscura animalidad resistente, para el latir y el alentar amenazados de muerte, ¿qué vale ella ante la bárbara inquietud del instante preciso en que este resistir de la vida y esta tremenda tortura psicológica estallarán como un cohete, dejando por todo residuo un ex hombre con el rostro fijo para siempre adelante?

El zumbido aumenta cada vez más. Ciérnese ahora sobre mis ojos un velo de densa tiniebla en que se destacan rombos verdes. Y en seguida veo la puerta amurallada de un zoco marroquí, por una de cuyas hojas sale a escape una tropilla de potros blancos, mientras por la otra entra corriendo una teoría de hombres decapitados.

Quiero cerrar los ojos, y no lo consigo ya. Veo ahora un cuartito de hospital, donde cuatro médicos amigos se empeñan en convencerme de que no voy a morir. Yo los observo en silencio, y ellos se echan a reír, pues siguen mi pensamiento.

-Entonces -dice uno de aquéllos -no le queda más prueba de convicción que la jaulita de moscas. Yo tengo una.

-¿Moscas?…

-Sí -responde-, moscas verdes de rastreo. Usted no ignora que las moscas verdes olfatean la descomposición de la carne mucho antes de producirse la defunción del sujeto. Vivo aún el paciente, ellas acuden, seguras de su presa. Vuelan sobre ella sin prisa mas sin perderla de vista, pues ya han olido su muerte. Es el medio más eficaz de pronóstico que se conozca. Por eso yo tengo algunas de olfato afinadísimo por la selección, que alquilo a precio módico. Donde ellas entran, presa segura. Puedo colocarlas en el corredor cuando usted quede solo, y abrir la puerta de la jaulita que, dicho sea de paso, es un pequeño ataúd. A usted no le queda más tarea que atisbar el ojo de la cerradura. Si una mosca entra y la oye usted zumbar, esté seguro de que las otras hallarán también el camino hasta usted. Las alquilo a precio módico.

¿Hospital…? Súbitamente el cuartito blanqueado, el botiquín, los médicos y su risa se desvanecen en un zumbido…

Y bruscamente, también, se hace en mí la revelación. ¡Las moscas!
Son ellas las que zumban. Desde que he caído han acudido sin demora. Amodorradas en el monte por el ámbito de fuego, las moscas han tenido, no sé cómo, conocimiento de una presa segura en la vecindad. Han olido ya la próxima descomposición del hombre sentado, por caracteres inapreciables para nosotros, tal vez en la exhalación a través de la carne de la médula espinal cortada. Han acudido sin demora y revolotean sin prisa, midiendo con los ojos las proporciones del nido que la suerte acaba de deparar a sus huevos.

El médico tenía razón. No puede ser su oficio más lucrativo.
Mas he aquí que esta ansia desesperada de resistir se aplaca y cede el paso a una beata imponderabilidad. No me siento ya un punto fijo en la tierra, arraigado a ella por gravísima tortura. Siento que fluye de mí como la vida misma, la ligereza del vaho ambiente, la luz del sol, la fecundidad de la hora. Libre del espacio y el tiempo, puedo ir aquí, allá, a este árbol, a aquella liana. Puedo ver, lejanísimo ya, como un recuerdo de remoto existir, puedo todavía ver, al pie de un tronco, un muñeco de ojos sin parpadeo, un espantapájaros de mirar vidrioso y piernas rígidas. Del seno de esta expansión, que el sol dilata desmenuzando mi conciencia en un billón de partículas, puedo alzarme y volar, volar…

Y vuelo, y me poso con mis compañeras sobre el tronco caído, a los rayos del sol que prestan su fuego a nuestra obra de renovación vital.

lunes, 4 de abril de 2022

El premio Canarias de Elsa López



Este premio se lo merecía hace tiempo y con él no solo rescata su obra sino que reivindica la literatura surgida en La Palma, no en vano con las Endechas a la muerte de Guillén Peraza la isla fue el territorio fundacional de la literatura escrita en Canarias, una literatura pequeña pero significativa desde los poetas barrocos del siglo XVII, con el Romanticismo y el llamado Siglo de Oro de La Palma, el XIX, con la masonería y el papel de la prensa, con los poetas modernistas y satíricos ya en el siglo XX, con los nuevos valores. Elsa es persistencia, intensidad, larga escritura en su refugio de El Tablado, omnipresente aquí y allá, siempre recitando su poesía sensual, dulce, tierna con una voz acariciante, que emociona. Una poeta con experiencia y pulcritud que bascula entre el paisaje, la memoria y la reivindicación social.

 “No sé si estoy dentro de la poesía de la experiencia, José Hierro decía que es difícil encasillarme”. Hierro pensaba que la poesía de Elsa dice más por lo que calla que por lo que dice, debe ser por su capacidad de sugerencia, la sutileza. Ella comenta: los títulos de mis libros son referencias de mi vida, pero es difícil saber si soy poeta de la experiencia, o de la emoción o de la memoria.” Con Ediciones La Palma puso su dinero para que publicasen autores de una isla ultraperiférica que a buen seguro no estarían en las miras de las editoriales importantes. “A pesar de su valía, muchos autores ven rechazada su obra una y otra vez por editoriales y concursos. Yo creo que la autoedición no es tan mala, muchas veces con ella se salvan libros. También en lo que publican las editoriales hay mucha basura. Los concursos y las editoriales cometen errores garrafales, los jurados son caprichosos. Con respecto al papel de la mujer en las letras canarias, es lamentable la escasa presencia; ahora hay una lista infinita de mujeres pero las mujeres no nos podemos imponer como autoridad a la fuerza. Hay que visibilizar a muchas mujeres, pero no debemos pisar el pensamiento de los hombres. Yo valoro la calidad, sea de mujeres o de hombres, pero no admito la paridad impuesta, por ley de la paridad estamos dando voz a mujeres que no lo merecen.”

 Ella dice: Aquí en La Palma te encuentras mucha gente de campo que con sus versos espontáneos te cuentan algo, un incendio, el volcán, una inundación. Hay que defender la poesía popular y también hay que defender la poesía urbana de la nueva generación. Es la propia evolución de la mujer en España, que tras el franquismo la mujer se quitó cosas de encima. Que por ejemplo podamos hablar de sexo con toda normalidad, que si un pintor pinta desnudos de mujer también pueda una mujer pintar un pene. Me pongo a pensar en mi pasado y veo todo lo que hemos ganado. Claro que el progreso nos sigue pareciendo lento.”

 Su obra es evocación, nostalgia, impregnación. Su narrativa es sutil y transparente como el corazón de los pájaros, una prosa poética que nos refresca. Elsa es un personaje notable: generosa, hogareña, entrañable, cultivadora del lenguaje, de las pequeñas cosas de cada día y de las sensaciones del amor. He aquí uno de sus poemas inolvidables: Cuando tu lengua escarba mi cuerpo lacerado / que fue tan solo tuyo durante un tiempo espeso, / inmortal y perfecto. / Entonces tú terminas y yo comienzo a amarte. / Cuando he rugido cóncava debajo de tus piernas, / y has dejado un reguero de sal y hierbabuena / sobre mi piel reseca. / Entonces tú terminas y yo comienzo a amarte. / Cuando la luz se apaga y tu cuerpo se queda / tendido y olvidado entre blandas semillas / Entonces tú terminas y yo comienzo a amarte.

martes, 29 de marzo de 2022

Qué paseo de noche, poema de Pedro Salinas

 


¡Qué paseo de noche

con tu ausencia a mi lado!
Me acompaña el sentir
que no vienes conmigo.
Los espejos, el agua
se creen que voy solo;
se lo creen los ojos.

Sirenas de los cielos
aún chorreando estrellas,
tiernas muchachas lánguidas,
que salen de automóviles,
me llaman. No las oigo.
Aún tengo en el oído
tu voz, cuando me dijo:
“No te vayas”. Y ellas,
tus tres palabras últimas,
van hablando conmigo
sin cesar, me contestan
a lo que preguntó
mi vida el primer día.
Espectros, sombras, sueños,
amores de otra vez,
de mí compadecidos,
quieren venir conmigo,
van a darme la mano.
Pero notan de pronto
que yo llevo estrechada,
cálida, viva, tierna,
la forma de una mano
palpitando en la mía.
La que tú me tendiste
al decir: “No te vayas”.
Se van, se marchan ellos,
los espectros, las sombras,
atónitos de ver
que no me dejan solo.
Y entonces la alta noche,
la oscuridad, el frío,
engañados también,
me vienen a besar.
No pueden; otro beso
se interpone en mis labios.
No se marcha de allí,
no se irá. El que me diste,
mirándome a los ojos
cuando yo me marché,
diciendo: “No te vayas”.

lunes, 28 de marzo de 2022

Marruecos: convivir con todos los demonios



En estos tiempos hay que desarrollar un instinto de supervivencia más allá de los acontecimientos. No en vano hemos de acostumbrarnos a convivir con los demonios. Las sucesivas crisis económicas, el precio de la gasolina y de la cesta de la compra, la extrema derecha y la extrema izquierda, Putin, los independentistas, las variantes del covid, la reconstrucción tras el volcán, los incendios, la falta de lluvia, etcétera. Y tenemos que recordar que el vecino envalentonado está ahí, acechando nuestra debilidad. Hay incertidumbre desde que el Sáhara fue entregado de aquella manera, y muchos canarios se preguntan si España hará lo mismo respecto a este archipiélago, que ni es árabe, ni es musulmán, ni nunca fue marroquí, tan solo es africano respecto a su ubicación, casi lo mismo que podríamos decir de Madeira, también cerca del incómodo vecino. España es así: un país donde los intereses generales están subordinados a los intereses estratégicos, por eso ahora con secretismo nos bajamos los pantalones y regalamos el territorio donde se establecieron miles de compatriotas. Y el vecino desleal, que sabe de nuestras debilidades, nunca estará contento, siempre buscará un nuevo punto de fricción: Ceuta y Melilla, para empezar, las aguas territoriales canarias para continuar. El vecino, Marruecos es el país 133 del mundo según su nivel de renta, España entre los quince primeros.

Cuando España perdió sus últimas colonias, 1898, se metió en guerras muy ásperas con el vecino. Cuánto desgaste para un país donde había pobreza, analfabetismo y una monarquía que históricamente nos ha hecho pocos favores. Siempre Marruecos, y del otro lado siempre la pretensión de recuperar Al-Ándalus, tantas veces esgrimida por los ideólogos del extremismo islámico.

El Parlamento marroquí ha aprobado de forma unilateral dos leyes que delimitan sus fronteras marítimas con España y Mauritania. El ministro de Exteriores reconoce que los nuevos límites pueden superponerse a los de las aguas canarias, pero confía en que las buenas relaciones permitan resolver un posible conflicto a través del diálogo. ¡Qué ilusionismo dejar las ovejas a cargo del lobo, qué despropósitos! El ministro de Asuntos Exteriores parece que está asirocado por la calima, poco informado y desbordado por los acontecimientos. El Frente Polisario asegura que esta decisión es una muestra más de la política expansionista alauita que desde la Marcha Verde ha aprovechado las debilidades del gobierno español.

El problema consiste en que desconfiamos del chantaje del vecino y los olvidos de Madrid. En todo el siglo XIX y parte del XX, hasta la guerra civil, estas islas tenían más vínculos económicos y comerciales con Londres que con la capital del Estado, no en vano los ingleses trajeron el plátano y el tomate, impulsaron los puertos y las ciudades, instalaron sus consignatarias y sus bancos, Canarias se gobernaba en libras y chelines. En los periódicos de la época se insistía en la desatención respecto a este archipiélago, que practicaba la emigración como válvula de escape frente a las injusticias sociales, la falta de oportunidades y el descuido. Claro que los tiempos han cambiado: las comunicaciones rápidas, la integración en la economía nacional y continental. Y con el volcán de La Palma se ha percibido solidaridad, somos españoles y europeos periféricos. El mayor error del independentista Cubillo fue pretender incrustarnos en la cultura norteafricana, nuestros antepasados fueron bereberes pero nuestros genes son los del mestizaje.

Hemos leído este titular: “El acuerdo obliga a Marruecos a desistir de Ceuta, Melilla y las Islas Canarias”. ¿Cómo es que Canarias entra en el paquete? ¿Es que el vecino tiene algún derecho sobre un archipiélago que se incorporó a occidente al final del siglo XV cuando Marruecos apenas era un conjunto de tribus? Ellos pueden exhibir el mapa del Gran Marruecos que nos incluye porque geográficamente estamos al lado. Somos frontera, hay que asumirlo. Pero nada más.

miércoles, 23 de marzo de 2022

Un cuento de Japón

 

El Tatuador

 

 

Junichiro Tanizaki*


Era aquella una época en la que los hombres rendían culto a la noble virtud de la frivolidad, en la que la vida no era la áspera lucha que es hoy. Eran tiempos de ocio, tiempos en que los ingeniosos profesionales podían ganarse la vida sobradamente si conservaban radiante el buen humor de los caballeros ricos o bien nacidos y si cuidaban de que la risa de las damas de la Corte y de las gheisas no se extinguiese nunca. En las novelas románticas, ilustradas, de la época, en el teatro Kabuki, donde los rudos héroes masculinos como Sadakuro y Jiraiya eran transformados en mujeres, en todas partes, la hermosura y la fuerza eran una sola cosa. Las gentes hacían cuanto podían por embellecerse y algunos llegaban a inyectarse pigmentos en su preciosa piel. En el cuerpo de los hombres bailaban alegres dibujos de líneas y colores.

Los visitantes de los barrios de placer de Edo preferían alquilar portadores de palanquín que estuviesen tatuados espléndidamente. Entre los que se adornaban de este modo no sólo se contaban jugadores, bomberos y gente semejante sino miembros de la clase mercantil y hasta samuráis. De vez en cuando se celebraban exposiciones y los participantes se desnudaban para mostrar sus afiligranados cuerpos, se los palmoteaban orgullosamente, presumían de la novedad de sus dibujos y criticaban los méritos de los ajenos.

Hubo un joven tatuador excepcionalmente hábil llamado Seikichi. En todas partes se le elogiaba como a un maestro de la talla de Caribun o Yatsuhei y docenas de hombre le habían ofrecido su piel como seda para sus pinceles. Gran parte de las obras que se admiraban en las exposiciones de tatuajes eran suyas. Había quienes podían destacarse más en el sombreado o en el uso de cinabrio, pero Seikichi era famoso por el vigor sin igual y el encanto sensual de su arte.

Seikichi se había ganado anteriormente el pan como pintor ukiyoke de la escuela de Tokoyuni y Kunisada y a pesar de haber descendido a la condición de tatuador, su pasado era visible en su conciencia artística y su sensibilidad. Nadie cuya piel o cuyo aspecto físico no fuese de su agrado lograba comprar sus servicios. Los clientes que aceptaban tenían que dejar coste y diseño enteramente a su discreción y habían de sufrir durante un mes o incluso dos, el dolor atroz de sus agujas.

En lo profundo de su corazón, el joven tatuador ocultaba un placer y un secreto deseo. Su placer residía en la agonía que sentían los hombres al irles introduciendo las agujas, torturando sus carnes hinchadas, rojas de sangre: y cuanto más alto se quejaban más agudo era el extraño deleite de Seikichi. El sombreado y el abermejado, que se dice que son particularmente dolorosos, eran las técnicas con las que más disfrutaba.

Cuando un hombre había sido punzado quinientas o seiscientas veces, en el transcurso de un tratamiento diario normal, y había sido sumergido en un baño caliente para hacer brotar los colores, se desplomaba medio muerto a los pies de Seikichi. Pero Seikichi bajaba su mirada hacia él, fríamente. "Parece que duele", observaba con aire satisfecho.

Siempre que un individuo flojo aullaba de dolor o apretaba los dientes o torcía la boca como si estuviese muriéndose, Seikichi le decía: "No sea usted niño. Conténgase usted: ¡no ha hecho más que empezar a sentir mis agujas!" Y continuaba tatuándole, tan imperturbable como siempre, mirando de vez en cuando, de reojo, el rostro bañado en lágrimas del cliente.

Pero a veces, una persona de excepcional fortaleza encajaba las mandíbulas y aguantaba estoicamente sin permitirse ni un gesto. Entonces, Seikichi se sonreía y decía: "¡Ah, es usted hombre porfiado! Pero espérese. Pronto le empezará a temblar el cuerpo de dolor. Dudo que sea capaz de soportarlo…"

Durante mucho tiempo, Seikichi acarició el deseo de crear una obra maestra en la piel de una mujer hermosa. Semejante mujer habría de reunir tantas perfecciones de carácter como físicas. Un rostro encantador y un hermoso cuerpo no le habrían satisfecho. Aunque inspeccionaba cuantas bellezas reinaban en los alegres barrios de Edo, no encontró ninguna que satisficiese sus exigentes pretensiones. Transcurrieron varios años sin encontrarla y el rostro y la figura de la mujer perfecta continuaban obsesionándole. Pero no quiso perder la esperanza.

Una tarde de verano, durante el cuarto año de búsqueda, sucedió que Seikichi, al pasar por el restaurante Hirasei, en el distrito Fukagawa de Edo, no lejos de su casa, vio un pie desnudo de mujer, blanco como la leche, asomando por entre las cortinas de un palanquín que estaba partiendo. Para su experta mirada, un pie humano era tan expresivo como un rostro. Aquél era el colmo de la perfección. Dedos exquisitamente cincelados, uñas como las iridiscentes conchas del acantilado de Enoshima, bañada en las límpidas aguas de un manantial de montaña, se trataba, en fin, de un pie digno de ser nutrido por la sangre de los hombres, de un pie hecho para pisotear sus cuerpos. Seguramente, aquél era el pie de la única mujer que durante tanto tiempo se le había ocultado. Ansioso por vislumbrar su cara, Seikichi empezó a seguir al palanquín. Pero, tras perseguirlo por callejuelas y avenidas, lo perdió por completo de vista.

El deseo de Seikichi, durante tanto tiempo contenido, se convirtió en amor apasionado. Una mañana, ya muy entrada la primavera siguiente, se encontraba en el balcón, adornado por los bambúes floridos, de su casa de Fukagawa contemplando una maceta de lirios omoto, cuando oyó a alguien junto a la puerta de su jardín. Por la esquina del seto interior apareció una muchacha. Le llevaba un recado de una amiga suya, geisha del cercano barrio de Tatsumi.

- Mi ama me ha dicho que le entregue esta capa y dice que si tendría la amabilidad de decorar el forro - dijo la muchacha. Desató un paquete de ropa color azafrán y saco una capa de seda, de mujer (envuelta en un pliego de papel grueso en el que estaba impreso un retrato del actor Tojako), y una carta.

La carta repetía su amistosa petición y continuaba diciendo que su portadora empezaría pronto la carrera de geisha bajo su protección. Esperaba que, sin echar en olvido los viejos vínculos, extendiese su protección a esta muchacha.

- Creo que es la primera vez que le veo - dijo Seikichi escrutándola con insistencia. Parecía no tener más de quince o dieciséis años, pero su rostro mostraba una belleza extrañamente madura, un aspecto de experiencia, como si ya hubiese pasado varios años en el alegre barrio y hubiese fascinado a incontables hombres. Su belleza reflejaba los sueños de generaciones de hombres y mujeres seductores que habían vivido y muerto en la vasta capital donde estaban concentrados los pecados y las riquezas de todo el país.

Seikichi le ofreció asiento en el balcón y estudió sus delicados pies, desnudos salvo unas elegantes sandalias de paja.

- Tu saliste del palanquín del Hirasei una noche de julio pasado, ¿no es cierto? - le preguntó.

- Supongo que sí - contestó ella, sonriendo ante la extraña pregunta -. Mi padre vivía todavía y me llevaba con frecuencia allí.

- Te he estado esperando durante cinco años. Es la primera vez que te veo la cara, pero recuerdo tu pie… Acércate un momento, tengo que enseñarte una cosa.

Ella se había puesto en pie para irse, pero la cogió de la mano y la condujo arriba, al estudio que daba a la orilla del río. Entonces sacó dos kakemonos y desenrolló uno ante ella.

Era una pintura de una princesa china, la favorita del cruel Emperador Chu de la dinastía Shang. Estaba apoyada en una balaustrada, en postura lánguida, la larga falda de su vestido de brocado floreado caía hasta la mitad de un tramo de escalones, su esbelto cuerpo soportaba con dificultad el peso de una corona de oro tachonado de coral y lapislázuli. Llevaba en la mano derecha una ancha copa de vino que inclinaba hacia los labios mientras contemplaba a un hombre que era conducido a la tortura en el jardín de abajo. Tenía las manos y los pies encadenados a un pilar hueco de cobre en cuyo interior iban a echar un fuego. La princesa y su víctima, la cabeza inclinada ante ella, los ojos cerrados, dispuestos a aceptar su destino, estaban representados con terrorífica verosimilitud.

Mientras la muchacha contemplaba la extraña pintura, sus labios temblaron y los ojos empezaron a chispearle. Poco a poco su faz fue adquiriendo una curiosa semejanza con la de la princesa. En la pintura, descubrió su yo secreto.

- Tus propios sentimientos están revelados aquí - le dijo Seikichi, complacido, mientras la miraba al rostro.

- ¿Por qué me muestras una cosa tan horrible? - preguntó la muchacha, mirándole. Se había puesto pálida.

- La mujer eres tú. Su sangre corre por tus venas. Después, extendió el otro kakemono.

Era éste una pintura titulada "Las Víctimas". En medio de ella, una joven estaba en pie apoyada al tronco de un cerezo: Gozaba contemplando un montón de cadáveres de hombres que yacían a sus pies. Unos pajarillos trinaban sobre ella, cantando triunfalmente. Sus ojos irradiaban orgullo y gozo. ¿Era un campo de batalla o un jardín de primavera? En este cuadro, la muchacha sintió haber encontrado algo escondido durante mucho tiempo en las tinieblas de su propio corazón.

- Esta pintura muestra tu futuro - dijo Seikichi, apuntando a la mujer que había bajo el cerezo, la propia imagen de la muchacha -. Todos estos hombres arruinarán sus vidas por ti.

- Por favor, ¡te suplico que te lleves esto! - Se volvió de espaldas como para escapar a su tantálico hechizo y temblando, se postró ante él. Finalmente, continuó diciendo: - Sí, admito que no te equivocas conmigo: yo soy como esa mujer… Así que, llévate eso, por favor.

- No hables como una cobarde - le dijo Seikichi, con sonrisa maliciosa -. Míralo más cerca. No durarán mucho tus escrúpulos.

Pero la muchacha se negaba a levantar la cabeza. Todavía postrada, con el rostro entre las mangas, repetía una y otra vez que estaba asustada y quería marcharse.

- No, tienes que quedarte, quiero convertirte en una verdadera belleza - le dijo, acercándose a ella. Llevaba bajo el kimono un frasquito de anestésico que había conseguido algún tiempo antes de un médico holandés.

El sol de la mañana brillaba sobre el río, enjoyando, el estudio de ocho alfombras con su ardiente luz. Los rayos reflejados por el agua dibujaban temblorosas olas doradas sobre las mamparas corredizas de papel y sobre el rostro de la muchacha, que estaba profundamente dormida. Seikichi había cerrado las puertas y sacado sus instrumentos de tatuaje, pero durante un rato se limitó a sentarse, arrobado, saboreando hasta la saciedad su misteriosa belleza. Pensaba que jamás se cansaría de contemplar su sereno rostro semejante a una máscara. Precisamente como los antiguos egipcios habían embellecido sus magníficos campos con pirámides y esfinges, iba él a embellecer la impoluta piel de la muchacha.

En este momento, levantó el pincel que apretaba entre el pulgar y los dos dedos siguientes de la mano izquierda, aplicó su extremo en la espalda de la muchacha y, con la aguja que llevaba en la mano derecha, empezó a grabar un dibujo. Sintió que su propio espíritu se disolvía en la tinta negra de polvo de carbón con que le manchaba la piel. Cada gota de cinabrio Ryukyu con que iba mezclando el alcohol y atravesándola era una gota de su propia sangre. Veía en sus pigmentos los matices de sus propias pasiones.

Pronto llegó la tarde y luego, el tranquilo día primaveral avanzó hacia su fin. Pero Seikichi no se detuvo en su trabajo, ni se interrumpió el sueño de la muchacha. Cuando un criado llegó de casa de la geisha preguntando por ella, Seikichi lo despachó diciéndole que hacía tiempo que se había ido. Y horas más tarde, cuando la luna colgaba sobre la mansión del otro lado del río, bañando las casas de la orilla en una luz de ensueño, el tatuaje no estaba ni a medio hacer. Seikichi trabajaba a la luz de una vela.

Ni siquiera introducir una gota de colorante era un trabajo fácil. A cada pinchazo de la aguja, Seikichi daba un profundo suspiro y sentía como si se hubiese atravesado su propio corazón. Poco a poco, las marcas del tatuaje empezaron a adquirir la forma de una gigantesca araña hembra y cuando el cielo nocturno empalidecía con la luz del alba, esta horripilante y malévola criatura había estirado sus ocho patas para abrazar por completo la espalda de la muchacha.

 


Irezumi (1966) -  Film japonés de Yasuzo Masumura basado en “El tatuador”de Junichiro Tanizaki


A plena luz del alba primaveral, las barcas habían empezado a bogar por el río, de arriba abajo, con los remos restallando en la quieta mañana, los tejados brillaban al sol y la neblina comenzaba a adelgazar sobre las blancas velas que se hinchaban con la brisa mañanera. Por fin, Seikichi, dejó el pincel y contempló la araña tatuada. Esta obra de arte había sido el supremo esfuerzo de su vida. Ahora, cuando la hubo acabado, su corazón estaba atravesado de emoción.

Las dos figuras permanecieron quietas durante algún tiempo. Luego, las paredes de la habitación devolvieron el eco tembloroso de la voz baja y bronca de Seikichi:

- Para hacerte verdaderamente hermosa he vertido mi espíritu en este tatuaje. No existe hoy una mujer en el Japón que se pueda comparar contigo. Tus viejos temores han desaparecido. Todos los hombres serán tus víctimas.

Como respuesta a estas palabras, un débil gemido escapó de los labios de la muchacha. Lentamente, empezó a recobrar los sentidos. A cada estremecida inspiración, las patas de la araña se agitaban como si estuviera viva.

- Tienes que sufrir. La araña te tiene entre sus garras.

Como respuesta, abrió ella los ojos levemente, con una mirada vacía... La mirada se le fue avivando progresivamente, como la luna va encendiéndose por la tarde, hasta lucir esplendorosamente en su faz.

- Déjame ver el tatuaje - dijo, hablando como en sueños, pero con un dejo de autoridad en la voz -. Al darme tu espíritu, has tenido que hacerme muy bella.

- Antes tienes que bañarte para que aparezcan los colores - susurró Seikichi compasivamente -. Me temo que va a dolerte, pero sé valiente otro poco.

- Puedo soportar cualquier cosa por la belleza.

A pesar del dolor que le recorría el cuerpo, sonrió.

- ¡Cómo pica el agua!… Déjame sola ¡espera en la otra habitación! No me gusta que un hombre me vea sufrir así.

Al salir de la tina, demasiado débil para poder secarse, la muchacha echó a un lado la compasiva mano que Seikichi le ofrecía y se dejo caer al suelo en una agonía, quejándose como presa de una pesadilla. El despeinado cabello le colgaba sobre el rostro en salvaje maraña. Las blancas plantas de sus pies se reflejaban en el espejo que había detrás de ella.

Seikichi estaba asombrado del cambio que había sobrevenido a la tímida y sumisa muchacha del día anterior, pero hizo lo que le había dicho y se fue a esperar en el estudio. Alrededor de una hora después volvió, cuidadosamente vestida, con el empapado y alisado cabello cayéndole por los hombros. Apoyándose en la barandilla del balcón, miró al cielo levemente brumoso. Le brillaban los ojos, no había en ellos ni una huella de dolor.

- Me gustaría ofrecerte también estas pinturas - dijo Seikichi, colocando ante ella los kakemonos -. Cógelas y vete.

- ¡Todos mis antiguos temores se han desvanecido y tú eres mi primera víctima! - Le lanzó una mirada tan brillante como una espada. Una canción de triunfo sonaba en sus oídos.

- Déjame ver de nuevo tu tatuaje - suplicó Seikichi.

Silenciosamente, la muchacha asintió y dejó resbalar el kimono de sus hombros. Precisamente entonces su espalda, esplendorosamente tatuada, recibió un rayo de sol y la araña se coronó en llamas.