lunes, 19 de junio de 2023

Diego Casimiro, un hombre del arte

 

No tuvo estudios porque desde el principio fue un luchador, superó su humilde origen, se hizo empresario. Amante del coleccionismo, representante de artistas y hombre polifacético que también supo de ajedrez, fue un activista cultural que aglutinó artistas plásticos, fotógrafos, escritores. Un francotirador que organizó numerosas exposiciones en lugares tan diversos como la Casa de Colón, el Club de Prensa, el Casino de la ciudad, el museo Domingo Rivero, el Club Náutico, Hotel Neptuno, Casino Aridane, Galería Edsvik Konsthal Öst de Estocolmo, Museo León y Castillo, Galería S/T, Sala Lola Massieu, Club Mercantil, o los centros comerciales El Muelle y Las Arenas. Su acción se extendió a la isla de La Palma, donde organizó varias exhibiciones. Eran muestras centradas en temas tan variopintos como el personaje de Harry Potter, el vino, la manzana, el Día de la Mujer o las estrellas del cine de México. Imaginativo con talento, apoyó a numerosos artistas noveles, pintores, escultores o fotógrafos, muchas veces eran principiantes a los que quería dar a conocer, porque tenía esa vena de filantropía.

Además de marchante de arte fue un agitador que siempre pensó que la cultura no es cuestión de grandes presupuestos sino de echar mano de la imaginación y la solidaridad, las convocatorias amplias. No hay que depender del partido de turno ni de las subvenciones, eso decía. Organizador nato, ponía un derroche de entusiasmo en sus proyectos. Estuvo siempre acompañado en sus muestras por la escritora Rosario Valcárcel, que realizaba las presentaciones con su tono poético y de observadora atenta.

Después de aventuras financieras desafortunadas, vivió un tiempo en un modestísimo espacio con aspecto de garaje en el que sin embargo los cuadros ponían su punto de color y de belleza. Más tarde se fue a vivir cerca de su hermana Blasi en una calle de Schamann. Hombre entusiasta y muy activo, era un compañero ideal en las tertulias de amigos. Le gustaba mostrarse gallito y peleador, casi siempre frente a los comentarios de la mayoría. Desde 1994 fue miembro de una logia de la masonería, y luchó por mantener amistades aunque las diferencias de opinión fueran muy marcadas.

Estudió en el Colegio Leopoldo Matos de San Cristóbal, a los 9 años empezó a trabajar en la Barbería Fígaro, con 11 entró en Beltrá de la calle Muro para hacer recados y llevar pedidos. A los 16 lo dieron de alta, pasó a ser ayudante, aprendiz, encargado y finalmente propietario. También fue árbitro de fútbol y jugador. Tuvo cuatro heladerías y finalmente formó una sociedad para distribuir productos de heladería, pastelería y alimentación. Como su trabajo estuvo al lado de la librería Selecciones pudo leer sin costo en las horas de cierre. Él siempre fue un autodidacta, un hombre con voluntad para aprender y gracias a Radio Ecca pudo obtener el graduado escolar. Padre de Diego, Alma y Manuel, deja infinidad de amistades, tres veces se arruinó en la bolsa pero vivió contento con su menguada paga de jubilado. Y con sus cientos de cuadros de artistas de dentro y de fuera de las islas, que albergaba en el pequeño espacio de su vivienda, repleto de obras de distintas tendencias, algunas de gran calado y de importantes firmas. Participaba en subastas por internet y cada vez que vendía un cuadro compraba otro. Precisamente iba a organizar una exposición en el Centro Comercial El Muelle, donde sus propuestas eran bien recibidas.

El periódico El País, en su sección de ajedrez, destaca la gran labor de Diego como organizador entusiasta de campeonatos on line en los tiempos de la pandemia. Habla de su entusiasmo y de su gran capacidad de programador.

Diego acaba de fallecer a los 75. Su salud no era muy buena en los últimos tiempos, con frecuentes ingresos y recaídas en el Hospital Negrín. Lo peor es que vas borrando el nombre de amigos de tus contactos telefónicos y de tu ordenador, eso genera una sensación de vacío y hasta de soledad. Este año hemos notado mucho las ausencias. Pero es lo que hay.

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