martes, 26 de noviembre de 2013

Vermeer, el iniciador de la pintura moderna

Johannes Vermeer (Delft, 1632-1675) es uno de los pintores holandeses más reconocidos. En el siglo XVII su país experimentó un gran florecimiento político, económico y cultural, con la Reforma religiosa creció el espíritu de tolerancia. La obra completa de Vermeer es muy reducida, solamente se conocen de 33 a 35 cuadros.[  Sus primeras obras fueron históricas pero alcanzó la posteridad con su pintura costumbrista, sus cuadros más populares son Vista de Delft y La joven de la perla. Murió a los 43, dejó deudas a su mujer y sus once hijos. Olvidado durante dos siglos, a partir de mediados del siglo XIX tuvo un amplio reconocimiento y actualmente está considerado uno de los más grandes pintores de los Países Bajos por el uso y tratamiento de la luz.
En el periódico El Mundo del 13 de abril de 2013 José María Robles hablaba del filósofo Todorov y de su libro Elogio de lo cotidiano. Este gran intelectual señala que “la pintura actual no es una catástrofe, pero sí una cosa distinta”. Destaca el papel de pioneros como Rembrandt y Vermeer que aportaron gente común, paisajes y naturalezas muertas para sustituir al exceso de pintura religiosa y mitológica. Dalí estaba obsesionado con “La encajera”, de Vermeer, y decía que en ese cuadro “todo converge exactamente hacia una aguja que no se halla dibujada, pero sí perfectamente sugerida. Ese cuadro está impregnado de una fuerza estética de lo más violenta.”
Todorov, premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2008, resalta el papel de Rembrandt, Franz Hals y Vermeer, en el instante en que los géneros pictóricos se emancipan de la pintura religiosa. "Por primera vez el tema central y el principio organizador del cuadro ya no es la historia santa, ni los mitos griegos, ni la vida heroica de personajes ilustres, sino la vida cotidiana de las personas anónimas", explica el pensador 'Elogio de lo cotidiano', donde sintetiza un periodo de ruptura y transformación a partir del cual la pintura dejó de inventar la belleza para buscarla en el día a día de hombres, mujeres, niños y ancianos anónimos, en sus gestos ordinarios y humildes. Así, actividades como pelar cebollas, coser, leer una carta, beber vino, tocar un instrumento musical etc. pasan a ocupar el espacio que antes disfrutaban la coronación de un monarca o la exaltación de una diosa.
Como Dalí, examina esas escenas casi mágicas donde "lo accesorio ha adquirido el estatus de lo esencial, y lo que estaba subordinado se ha convertido en autónomo. Desde el siglo XVI, estos nuevos géneros –retrato, paisaje, naturaleza muerta y pintura de género- van afirmando progresivamente su derecho a existir y adquieren su propia dignidad. El paisaje, que hacía de fondo de la escena representada, se convierte en un tema en sí. Los objetos habituales, las flores y las frutas dejan de ser accesorios.”
Pero, ¿por qué allí? ¿por qué se precipita lo que Hegel llamó "fusión total de la pintura con lo profano y lo cotidiano"? ¿De qué cambios más profundos en la sociedad europea fue reflejo? Todorov explica semejante cambio de mentalidad apoyándose en la pujanza de Holanda como potencia comercial, en la expansión de la cultura de la tolerancia en la sociedad del momento, la mayor implicación de la mujer en la gestión doméstica y la influencia del credo calvinista.

(Ilustraciones: La encajera de bolillos, La chica de la perla, El geógrafo, Vista de Delft, El arte de la pintura)

lunes, 25 de noviembre de 2013

La cultura del espectáculo

Por Mario Vargas Llosa

La creciente banalización del arte y la literatura, el triunfo del amarillismo en la prensa y la frivolidad de la política son síntomas de un mal mayor que aqueja a la sociedad contemporánea: la suicida idea de que el único fin de la vida es pasársela bien. Como buen espíritu incómodo, Vargas Llosa nos entrega una durísima radiografía de nuestro tiempo.
              
Claudio Pérez, enviado especial de El País a Nueva York para informar sobre la crisis financiera, escribe, en su crónica del viernes 19 de septiembre de 2008: “Los tabloides de Nueva York van como locos buscando un broker que se arroje al vacío desde uno de los imponentes rascacielos que albergan los grandes bancos de inversión, los ídolos caídos que el huracán financiero va convirtiendo en cenizas.” Retengamos un momento esta imagen en la memoria: una muchedumbre de fotógrafos, de paparazzi, avizorando las alturas, con las cámaras listas, para capturar al primer suicida que dé encarnación gráfica, dramática y espectacular a la hecatombe financiera que ha volatilizado billones de dólares y hundido en la ruina a grandes empresas e innumerables ciudadanos. No creo que haya una imagen que resuma mejor el tema de mi charla: la civilización del espectáculo.
Me parece que esta es la mejor manera de definir la civilización de nuestro tiempo, que comparten los países occidentales, los que, sin serlo, han alcanzado altos niveles de desarrollo en Asia, y muchos del llamado Tercer Mundo.
¿Qué quiero decir con civilización del espectáculo? La de un mundo en el que el primer lugar en la tabla de valores vigente lo ocupa el entretenimiento, donde divertirse, escapar del aburrimiento, es la pasión universal. Este ideal de vida es perfectamente legítimo, sin duda. Sólo un puritano fanático podría reprochar a los miembros de una sociedad que quieran dar solaz, esparcimiento, humor y diversión a unas vidas encuadradas por lo general en rutinas deprimentes y a veces embrutecedoras. Pero convertir esa natural propensión a pasarlo bien en un valor supremo tiene consecuencias a veces inesperadas. Entre ellas la banalización de la cultura, la generalización de la frivolidad, y, en el campo específico de
la información, la proliferación del periodismo irresponsable, el que se alimenta de la chismografía y el escándalo.
¿Qué ha hecho que Occidente haya ido deslizándose hacia la civilización del espectáculo? El bienestar que siguió a los años de privaciones de la Segunda Guerra Mundial y la escasez de los primeros años de la posguerra. Luego de esa etapa durísima, siguió un periodo de extraordinario desarrollo económico. En todas las sociedades democráticas y liberales de Europa y América del Norte las clases medias crecieron como la espuma, se intensificó la movilidad social y se produjo, al mismo tiempo, una notable apertura de los parámetros morales, empezando por la vida sexual, tradicionalmente frenada por las iglesias y el laicismo pacato de las organizaciones políticas, tanto de derecha como de izquierda. El bienestar, la libertad de costumbres y el espacio creciente ocupado por el ocio en el mundo desarrollado constituyó un estímulo notable para que proliferaran como nunca antes las industrias del entretenimiento, promovidas por la publicidad, madre y maestra mágica de nuestro tiempo. De este modo, sistemático y a la vez insensible, divertirse, no aburrirse, evitar lo que perturba, preocupa y angustia, pasó a ser, para sectores sociales cada vez más amplios, de la cúspide a la base de la pirámide social, un mandato generacional, eso que Ortega y Gasset llamaba “el espíritu de nuestro tiempo”, el dios sabroso, regalón y frívolo al que todos, sabiéndolo o no, rendimos pleitesía desde hace por lo menos medio siglo, y cada día más.
Otro factor, no menos importante, para la forja de la civilización del espectáculo ha sido la democratización de la cultura. Se trata de un fenómeno altamente positivo, sin duda, que nació de una voluntad altruista: que la cultura no podía seguir siendo el patrimonio de una élite, que una sociedad liberal y democrática tenía la obligación moral de poner la cultura al alcance de todos, mediante la educación, pero también la promoción y subvención de las artes, las letras y todas las manifestaciones culturales. Esta loable filosofía ha tenido en muchos casos el indeseado efecto de la trivialización y adocenamiento de la vida cultural, donde cierto facilismo formal y la superficialidad de los contenidos de los productos culturales se justificaban en razón del propósito cívico de llegar al mayor número de usuarios. La cantidad a expensas de la calidad. Este criterio, proclive a las peores demagogias en el dominio político, en el cultural ha causado reverberaciones imprevistas, entre ellas la desaparición de la alta cultura, obligatoriamente minoritaria por la complejidad y a veces hermetismo de sus claves y códigos, y la masificación de la idea misma de cultura. Esta ha pasado ahora a tener casi exclusivamente la acepción que ella adopta en el discurso antropológico, es decir, la cultura son todas las manifestaciones de la vida de una comunidad: su lengua, sus creencias, sus usos y costumbres, su indumentaria, sus técnicas, y, en suma, todo lo que en ella se practica, evita, respeta y abomina. Cuando la idea de la cultura torna a ser una amalgama semejante es poco menos que inevitable que ella pueda llegar a ser entendida, apenas, como una manera divertida de pasar el tiempo. Desde luego que la cultura puede ser también eso, pero si termina por ser sólo eso se desnaturaliza y se deprecia: todo lo que forma parte de ella se iguala y uniformiza al extremo de que una ópera de Wagner, la filosofía de Kant, un concierto de los Rolling Stones y una función del Cirque du Soleil se equivalen.
No es por eso extraño que la literatura más representativa de nuestra época sea la literatura light, es decir, leve, ligera, fácil, una literatura que sin el menor rubor se propone ante todo y sobre todo (y casi exclusivamente) divertir. Atención, no condeno ni mucho menos a los autores de esa literatura entretenida pues hay, entre ellos, pese a la levedad de sus textos, verdaderos talentos, como –para citar sólo a los mejores– Julian Barnes, Milan Kundera, Paul Auster o Haruki Murakami. Si en nuestra época no se emprenden aventuras literarias tan osadas como las de Joyce, Thomas Mann, Faulkner y Proust no es solamente en razón de los escritores; lo es, también, porque la cultura en que vivimos no propicia, más bien desanima, esos esfuerzos denodados que culminan en obras que exigen del lector una concentración intelectual casi tan intensa como la que las hizo posible. Los lectores de hoy quieren libros fácilmente asimilables, que los entretengan, y esa demanda ejerce una presión que se vuelve un poderoso incentivo para los creadores.
Tampoco es casual que la crítica haya poco menos que desaparecido en nuestros medios de información y que se haya refugiado en esos conventos de clausura que son las Facultades de Humanidades y, en especial, los Departamentos de Filología, cuyos estudios son sólo accesibles a los especialistas. Es verdad que los diarios y revistas más serios publican todavía reseñas de libros, de exposiciones y conciertos, pero ¿alguien lee a esos paladines solitarios que tratan de poner cierto orden jerárquico en esa selva y ese caos en que se ha convertido la oferta cultural de nuestros días? Lo cierto es que la crítica, que en la época de nuestros abuelos y bisabuelos desempeñaba un papel central en el mundo de la cultura porque asesoraba a los ciudadanos en la difícil tarea de juzgar lo que oían, veían y leían, hoy es una especie en extinción a la que nadie hace caso, salvo cuando se convierte también ella en diversión y en espectáculo.

sábado, 23 de noviembre de 2013

El futuro de la novela

                    
En el epílogo de su libro “Naturaleza de la novela”, premio Anagrama de Ensayo 2013, Luis Goytisolo (Barcelona, 1935) cavila sobre el futuro del libro. Cree que, poco a poco, el libro impreso desaparecerá y será sustituido por el libro digital, a medida que se vayan descubriendo artilugios más eficientes que permitan una lectura más cómoda. La tecnología no tiene más de diez años y hay que esperar mejoras importantes que van a facilitar todavía más el manejo de los dispositivos de lectura electrónica. Y el libro en papel se convertirá en objeto de coleccionismo, algo así como un vino de reserva para sibaritas.
Cultura literaria
Pero más que el futuro del libro, lo que inquieta más al autor es el porvenir de la novela, cosa que ya insinuó en su discurso de ingreso en la Real Academia Española, allá por al año 1995. Existe el peligro de que el gran público deje de leer y se conforme con darse por enterado de lo que sucede en el ámbito cultural, recurriendo a píldoras informáticas vía Internet, dejando para los especialistas la lectura de las obras literarias. El eclipse, que ya es un hecho en el ámbito de las artes, lo es también en varios géneros literarios ─la poesía, el teatro─ y empieza a serlo en el de la novela.
Los planes de enseñanza priman el conocimiento positivo que sirve al individuo para encontrar un empleo: loable intención. Pero descuidan el estudio de las humanidades, las asignaturas de letras que otorgan a la persona una formación suficiente para despertar en ella un cierto interés por la ilustración. Leer novelas, ensayo o poesía no es una decisión espontánea, sino algo que deriva de un bagaje intelectual, de sentir la curiosidad de aprender y saber más acerca del mundo que nos rodea.
Sin una mínima instrucción, el ciudadano encuentra enormes dificultades para asimilar un texto literario medianamente complejo y se concentra en la lectura de productos sencillos, relatos mitológicos, historias relativas a secretos arcanos, en los que intervienen personajes fantásticos plenos de incoherencia, que seducen las regiones más primitivas de su cerebro, pero no las más evolucionadas, las que han surgido por el simple hecho de razonar, de aplicar el pensamiento a la comprensión de los fenómenos que rigen el universo.
La tendencia se hace evidente. Los contenidos están cada vez más orientados a divertir y menos a enseñar, al estilo de los antiguos folletines que ahora se llaman “bestsellers”. Parece como si ya hubiéramos descubierto todos los valores que hacen falta para transitar por este anchuroso planeta y sólo persiguiéramos el deleite, sin hacer ningún esfuerzo por cultivar la mente y buscar nuevos horizontes. Y no sólo son los contenidos, el soporte también contribuye. Se me hace muy difícil concebir que alguien sea capaz de leer a Kant en un ebook.
Todo escritor ha sido antes lector, lector empedernido, diría yo. Pero si el medio no propicia la lectura de novelas más o menos complejas, difícilmente surgirán vocaciones, serán escasos los escritores que afloren en un medio donde la cultura y educación recibida apuntan hacia otros derroteros que nada tienen que ver con la creación literaria. La juventud no siente placer alguno en sumergir su mente en el mundo de la fantasía y se refugia en la imagen para ocupar su tiempo, en lo superfluo que no exige esfuerzo intelectual alguno. Y esto es lo grave, porque cuando una determinada forma de expresión artística entra en conflicto con los hábitos sociales, su declive es inevitable.
Ya en 1999, Eduardo Mendoza decía que la novela tenía que replantearse su razón de ser, ya que se había producido un cambio radical en el modo de leer, con la llegada de los medios audiovisuales y contestaba con un simil a la pregunta de si la novela había muerto o no: Para los antiguos egipcios, una momia no era una persona viva, pero tampoco definitivamente muerta.
Vargas Llosa hizo al poco una referencia al contenido de este artículo para confirmar el diagnóstico, aunque con la esperanza de que “la novela de sofá” sobreviva e incluso de que sea capaz de dar frutos tan óptimos como los dio en el pasado, ya que, se diga lo que se diga, la novela ha sido y sigue siendo un género de minorías y no hay razón para creer que esta situación vaya a cambiar, ya que esas minorías no van a desaparecer nunca.
El debate está servido, las opiniones, repartidas, aunque la mayor parte de los escritores opina que los “The end” no le van a la novela.
 

viernes, 22 de noviembre de 2013

La Biblioteca Antonio Cabrera Perera se echa a andar

Hace días en la Casa-Museo Pérez Galdós fue presentado el primer tomo de la Biblioteca Antonio Cabrera Perera, de la mano de sus dos más preciados discípulos, un homenaje más que merecido por tantos años de dedicación a la docencia, al mundo de las bibliotecas y a la investigación. Dos títulos fundamentales componen este primer volumen: Las Islas Canarias en el Mundo Clásico y Tratamiento del libro en la biblioteca.
Hay que considerar que este hombre es un octogenario lúcido y con mucha energía. Docente ilustre, hombre locuaz cargado de anécdotas, galdosiano, ensayista, bibliotecario, escritor. Hace tan solo unos meses en el Salón Dorado del Gabinete se reunió una parte de sus muchos alumnos, en la velada de presentación de su último libro, Divagaciones, Anroart Ediciones. Un acto que también fue muy concurrido, con elogios de alumnos que hoy son profesores distinguidos en niveles superiores de la enseñanza, con homenaje a la esposa que no pudo estudiar Farmacia porque su padre era de ideas recalcitrantes y no iba a permitir que una señorita se fuera por las buenas a Madrid, menudos tiempos aquellos. Antonio Cabrera disfruta una magnífica vista desde su despacho en su chalet junto al López Socas, su ordenador rodeado de libros y ediciones antiguas del Quijote, alguna tal valiosa como la de Dalí. A sus pies la ciudad, esa es la imagen que ilustra la portada de su biografía novelada. Porque hay que decir que se camufla tras un personaje imaginario para ir desvelando sus recuerdos, sus amistades, sus vivencias de tiempos tan distintos. Hay que tener valor para  acomodar al estudio su luna de miel con María de los Angeles y encerrarse para preparar una oposición, que obviamente aprobó con nota.
Bibliotecario, erudito, ensayista, catedrático de la Escuela de Magisterio, director de la Normal y de la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado, fundador y primer director de la Biblioteca Pública del Estado, delegado provincial de Cultura, profesor de Filología de la ULPGC, todos esos cometidos. Tanto escribe Antonio sobre las bibliotecas en Las Palmas como publica un estudio sobre Angel Guerra o estudia el deporte en los escritores de aquí, tanto habla de Canarias en el mundo clásico como del problema religioso y el sentimiento católico en Galdós. Sus cinco hijos y sus nueve nietos llenan la vida de la pareja. Profesor emérito de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, le quedan años de lucidez que a buen seguro aprovechará en nuevas y buenas publicaciones. Porque él es de esos hombres que no se rinden ni al paso del tiempo, hombre de humor, sobresaliente cum laude.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

La peor derrota, el desaliento (Cervantes)

" Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobre todo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia donde quiera que estén.
(...)
En esto, le vino al pensamiento cómo le haría, y fue que rasgó una gran tira de las faldas de la camisa, que andaban colgando, y diole once ñudos, el uno más gordo que los demás, y esto le sirvió de rosario el tiempo que allí estuvo, donde rezó un millón de avemarías. Y lo que le fatigaba mucho era no hallar por allí otro ermitaño que le confesase y con quien consolarse; y así, se entretenía paseándose por el pradecillo, escribiendo y grabando por las cortezas de los árboles y por la menuda arena muchos versos, todos acomodados a su tristeza, y algunos en alabanza de Dulcinea.
(...)
Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamientos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas sonadas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo.
"


El Quijote está lleno de frases y pensamientos redondos, de aplicación en la vida diaria de cada uno de nosotros pues su sabiduría es inmarchitable.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Adonis, un poeta en el drama de Siria

Ali Ahmad Said Esber[1] (1930), conocido por su seudónimo Adonis, es un poeta y ensayista sirio que ha desarrollado su carrera literaria en el Líbano y Francia. Ha publicado más de veinte libros de poemas, con implicación social y política, y es considerado candidato al Nobel de Literatura. En 2011 obtuvo el Premio Goethe. Adonis es un pionero dentro de la moderna poesía árabe, considerado un rebelde, un iconoclasta que sigue sus propias reglas, desarrolló el poema en prosa. Como afirma en su Introducción a la poesía árabe, esta «no es el monolito que pretende sugerir la visión crítica dominante, sino que es plural, en ocasiones hasta llegar a la autocontradicción».

 Desiertos (Fragmento)

Las ciudades se deshacen
y la tierra es una locomotora de polvo.
Sólo el poeta sabe casar este espacio.

No hay camino hacia mi casa: estado de asedio,
las calles son cementerios.
Desde lejos, sobre su casa,
una luna ensimismada se cuelga
en los hilos del polvo.

Dije: "Este es el camino a mi casa". Respondió: "No,
no pasarás", y me apuntó con el fusil...
Está bien. Tengo en todos los barrios
amigos, y todas las casas del mundo.

Caminos de sangre.
Los evocaba un niño
y su amigo le susurraba:
No hay en el cielo
sino agujeros llamados estrellas...

Encontraron a seres en sacos:
el primero sin cabeza
el segundo sin manos ni lengua
el tercero estrangulado
y el resto sin forma y sin nombre.

- ¿Te has vuelto loco? Por favor,
no hables nunca de esto.

Damasco

Caravana de estrellas en una alfombra verde
dos pechos de brasas y de naranjas
Damasco
El cuerpo amoroso sobre su cama
como el arco
y la luna nueva
Abre a nombre del agua
la botella del tiempo
Cambia cada día
en su órbita nocturna
Tumba de sacrificio
en un volcán deseado

Los árboles  duermen alrededor de mi dormitorio
Mi cara es manzana es mi amor
isla almohada

Acaso no vendrás
Damasco
a la cama
al fruto de la noche

Extravío

Una vez me perdí en tus brazos
y eran mis labios una fortaleza
que anhelaba una conquista insólita.
Se enamoraron del asedio
y avanzaron.
Tu talle era un sultán,
tus manos la fatiha [1] del ejército,
tus ojos una guarida y un amigo.
Nos unimos, nos perdimos juntos,
penetramos en el bosque de fuego.
Trazo el primer paso hacia ti
y abres el camino...
(1) primera azora del Corán

En la sombra de las cosas

Yo prefiero quedar en la penumbra;
quedarme en el secreto de las cosas.

Me gusta introducirme en las criaturas.
Errar como una idea.
Extraño como el arte.
Anónimo,
incierto
y olvidado.
Naciendo, nuevamente,
en cada día.      

Espejo del cuerpo del amante

Cada día, el cuerpo del amante
se disuelve en el aire,
se convierte en perfume,
gira, convoca a todos los perfumes
a que se reúnan en su lecho,
cubre sus sueños,
se evapora como incienso,
vuelve como incienso.
Sus primeros poemas son sufrimiento
de niño perdido en el torbellino de los puentes,
sin saber mantenerse en el agua
ni cruzarla.

Homenaje a ella

...CUERPO
la más bella morada de la imaginación.

Placer-
resurrección del cuerpo.

...Sus lágrimas-
arroyo en el que navega el deseo.

Mi mirada se pierde en las regiones de su cuerpo.
             El mayor océano
             es el cuerpo de una mujer enamorada.

Cuando me ve
su rostro se enciende.
Yo soy su fuego interno.

-El corazón del amante está entre sus labios.
El corazón de la amante está bajo su ombligo.

No, no puede ver en la rosa
más que un cuerpo de mujer.

¿Por qué tu recuerdo no me deja?
Ni el viento me escuchó
cuando dije: te quiero.

Se levanta en su cuerpo,
duerme en el cuerpo de ella.

La línea recta
es círculo en el amor.

El hombre para la mujer es un libro
que ella sólo puede leer con todo el cuerpo.

El perfume es el más bello traje
que puede vestir una mujer.

No entrarás en la noche del cuerpo
a menos que te entregues al sol de la locura.

Para el cuerpo, el presente
es la forma del tiempo.

Sé modesta, lengua.
Sólo el cuerpo puede escribir al cuerpo.

El perfume de mujer es creado:
para ser lecho y falo del aire.

Sueña, sueña-
dice la rosa marchita.

He visto a la mujer
que vio la golondrina
que creó la primavera:
eres tú.

El viajero

He dejado
-viajero.
mi rostro sobre el vidrio de mi lámpara.
Mi mapa es una tierra sin creador.
La negación de todo, mi evangelio.

Diálogo

¿Quién eres tú?
¿Qué luz, bajo los párpados,
te llora?
¿Dónde estuviste?
¡Enséñame lo que has escrito!
Yo no le respondí,
no podía decir ni una palabra.
Había roto todos mis papeles,
por no haber encontrado
estrellas en las nubes de la tinta-
¿Qué luz, bajo los párpados,
te llora?
Dime, ¿dónde estuviste?            
Y no le respondí.
La noche era una choza beduina.
Las lámparas,
la gente de la tribu.
Y yo, tan solamente
un sol enflaquecido,
bajo el cual la ancha tierra
había cambiado de sitio las colinas.
Mientras el descarriado se encontraba
con el largo camino.


La ciudad

Dormí con la ciudad
en el comienzo de las ramas,
en el inicio de las heridas.
Estaba sobre mi lecho,
más agitada que un navío en alta mar,
y el semen la estremecía,
le abría todas las venas...
Al despertar, el lecho era un río,
por amor,
y el semen la historia de dos amantes,
y eran sus pechos dos ciudades.

El dios ha muerto

Quemé hoy el espejismo del sábado,
el espejismo del viernes.
He tirado la máscara de mi gente,
la máscara de la casa.
He cambiado al dios ciego de la piedra
y al dios de los siete días,
por un dios.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Un medio ambiente convertido en mal ambiente


José M. Balbuena Castellano

La desidia insular y la falta de previsión salen a relucir cada vez que se produce un incendio en algún bosque de las islas. Es un fenómeno que hace llorar a mucha gente, ante su impotencia por no dispone de los medios o medidas jurídicas que defiendan sus derechos Al mismo tiempo, vemos como se deteriora nuestro paisaje, se empobrecen nuestros terrenos, se desertizan y, al mismo tiempo, aburren a los que aún tienen su esperanza en la vida rural.
La previsión es fundamental y contribuye a evitar que sucedan tales infortunios. La mayoría de la población de Canarias ignora que, a estas alturas, no tenemos siquiera una Ley Canaria de Montes que aquilate nuestras singularidades. Ello provoca la aplicación de normas, ya superadas  técnica y científicamente y que se intentan perpetuar en el tiempo, a través de la imposición de un régimen sancionador impostado. Es increíble que se sancione en Canarias  a quienes tienen “el atrevimiento” de cortar, podar, arrancar especies pirófilas y auténticas plagas para los cultivos como son las zarzas, los escobones o las cañas. Se sanciona igual que si uno se dedica a cortar, podar, arrancar una especie en peligro de extinción, las vulnerables o aquellas sensibles a la alteración de su hábitat, o especies en régimen de protección especial, que por supuesto está sancionado, como debe ser.
Semejante atropello jurídico, crea un desafecto en la población, impotente ante la imposición de sanciones por la corta de especies (zarzas,cañas, escobones, helechos) ligadas a prácticas agrícolas consuetudinarias y que tanto bien generan a la naturaleza.
Por lo tanto, la aplicación de normas caducas y trasnochadas, por parte de las corporaciones insulares con la complicidad del mismo gobierno autónomo, son las que llevan a situaciones de auténtico desasosiego social y de injusticia. Los Cabildos, estos reinos de taifas que funcionan según el aire que les dé,  aplican todavía la Orden Departamental de 20 de febrero de 1991 y, en virtud del cual, se puede sancionar a un ciudadano por cortar  sin autorización administrativa las nocivas especies mencionadas anteriormente.
También deberían saber los ciudadanos que si usted quiere talar o podar una especie arbórea, como,  por ejemplo, un castañero, igualmente necesitaría autorización administrativa, incluso cuando  su finca no se encuentre en un Espacio Natural Protegido, ni en la Red Natura 2000. Algo realmente absurdo. O sea, ¿yo no puedo arrancar de mi finca un árbol frutal que no me apetece tener? Y si lo que quiere plantar son manzaneros, o cirueleros, o lo que se me antoje?
A la hora de sancionar, no se andan con miramientos, ya que las multas pueden elevarse a 5.000, 10.000, 15.000 euros, aun cuando ninguna de ellas se encuentre incluida en el Catálogo Español de Especies Amenazadas, ni en el Catálogo Canario de Especies Protegidas. Dicho de otro modo: en nuestro territorio insular, cortar una especie como la zarza, la caña o el escobón, se castiga y se sanciona igual que arrancar una especie en peligro de extinción o vulnerable. ¿Alguien puede explicar esto a la población, a esa misma gente que ve arder su casa, sus frutales, sus instalaciones, cuando sus abuelos y padres cortaban esas plantas para así mantener limpio sus tierras de cultivo y salvarse un posible incendio?
El Cabildo Insular de Gran Canaria edite folletos informativos titulados “Protégete contra los incendios en viviendas de zona rural-forestal” en los que  aconseja y promueve que revises, podes, aísles y  cultives, como medida de protección contra el fuego, a la vez que informa a la población que puede cortar, sin autorización, especies altamente inflamables, plagas para los cultivos, tales como el escobón, zarzas, cañas, helechos.... O sea, que con una mano, el Cabildo de esta isla, le dice a los ciudadanos que puede cortar, sin autorización administrativa determinadas especies pirófilas y constitutivas de plagas, y, con la otra, le impone multas cuantiosas por cortar precisamente esas especies sin autorización administrativa.
Sinceramente, la población está desprotegida y urge que la Fiscalía de Delitos Medioambientales intervenga, para averiguar que está sucediendo con la aplicación de la Orden de 20 de febrero de 1991. Por otro lado, tenemos los barrancos cubiertos de cañaverales y zarzales, de muy fácil combustión, aparte de que esos lugares se utilizan también para arrojar escombros, degenerando el paisaje, siendo precisamente esta isla las que más lamentable aspecto ofrece. Otro defecto que se observa diariamente es que no se limpian  con la asiduidad debida las cunetas, laderas y otros espacios donde se acumulan la pinocha, zarzales y todo tipo de malezas, que ante cualquier descuido o la acción de algún pirado, pueden causar un incendio, tanto en los pastizales como en los bosques. La limpieza debe realizar asiduamente a lo largo del año, pero, especialmente, en la época de verano o de altas temperaturas, que es cuando la pinocha se convierte  en un auténtico reguero de pólvora. Además, nuestros bosques necesitan cortafuegos y otros elementos de prevención: más torres de vigilancia, detectores de incendios, patrullas de agentes de medio ambiente, etc..
Para el mundo rural, forestal o simplemente dedicado a la conservación de nuestras costas, playas, paisajes no existe una verdadera Consejería de Medio Ambiente sino más bien de Mal Ambiente. Una política medioambiental cómplice y respetuosa con los derechos de la población es un ariete que habría evitado tantos disparates que contemplamos a lo largo y ancho de nuestra geografía insular,: construcción en laderas, en barrancos, en acantilados, casos y barrios enteros construidos sin planificación, sin ordenación territorial; costas, que son de dominio público,  convertidas en dominio particular, con la anuencia de autoridades. Todo, a estilo compadre.
Se plantea, además, la escasa conciencia ecológica y medioambiental existente, tanto en buena parte de la población, como en los que disponen de alguna parcela de poder y podrían haber evitado tanto desatino. Tampoco veo muy eficaces a colectivos que se llaman “ecologistas”, cuya oposición es más bien testimonial que efectiva. Es triste comprobar con qué facilidad, tanto mayores como pequeños, ensucian nuestras calles, tiran todo al suelo,lacen objetos a la vida desde sus coches,  dejen los excrementos de sus perros e aceras y parques, destrozan el mobiliario urbano, pintan y rayan edificios o monumentos ,escupen o arrojen las colillas en cualquier lugar,  sin que ninguna de estas acciones incívicas, que denotan un pésima educación  y falta de respeto a los demás, tengan ningún coste, sin que las llamadas autoridades competentes sanciones y hagan cumplir normas de convivencia, si es que tienen alguna. En ese aspecto, estamos a años luz de determinados países que tienen una gran conciencia ecológica.¿Para que dicta el ayuntamiento de Las Palmas, por ejemplo, normas y amenazan con imponer multas, para los que no recogen la deposiciones de sus canes en la calle, o no les ponen la correspondiente correa, o bozal, si son peligrosos,  si todavía hay gente que lo sigue haciendo? No hay que amenazar: hay que hacer cumplir la ley.
Un detenido pateo por nuestros caminos, pueblos y espacios naturales  nos darán una idea de cómo se ha actuado y se sigue actuando aquí, y de cuánto disparate se comete. Lo peor es tampoco ocurre nada. El pasotismo a veces, nos lleva a cuestionar a qué clase de personas les hemos dado poder para que gobiernen nuestras instituciones. Mientras, siguen sancionando a la población rural, pues se la ve como una intrusa dentro de la política medioambiental. De ahí, los llantos de impotencia cada vez que hay un incendio forestal.

sábado, 16 de noviembre de 2013

En España los fiscales Anticorrupción defienden a los presuntos corruptos

Como somos diferentes, no es extraño que en España los fiscales anticorrupción, en vez de acusar se dediquen a defender a los presuntos defraudadores y corruptos. Ya lo hemos visto más de una vez: los fiscales se apresuran a declarar inocentes a altos nombres de las finanzas y de la monarquía. Por ejemplo: don Pedro Horrach se ha dado mucha prisa en decir que la infanta Cristina no debe ser inculpada, en modo alguno, por todas las trapisondas recientes del Instituto Nóos y la utilización de sus fondos en asuntos privados tales como compras de cochecitos de bebés, cenas en restaurantes de lujo, vacaciones de alto copete, adquisición de perfumes, etc. Ni siquiera ha esperado a los informes de la Agencia Tributaria, ni a las diligencias del juez que investiga el asunto. ¿No puede conceptuarse de prevaricación una conducta semejante?

Y se quedó tan pancho. Resulta que los fiscales están para acusar. Pero en este país de nuestros pecados ahora están dedicados a defender, con mayor celo que los más celosos abogados defensores. De este modo, es más que probable que el caso Urdangarín y otros similares puedan ser archivados sin que a los presuntos les haya caído ni un pequeño arañazo por parte de la Justicia.

Qué seriedad, señores.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Alemanes en Canarias

Nuestro destino siempre estuvo vinculado a las grandes potencias europeas. Fueron los británicos quienes trajeron el plátano y el tomate, la luz eléctrica y el alcantarillado, las consignatarias y los bancos. Impulsaron los puertos y construyeron los primeros hoteles para sus enfermos de asma y de melancolía, trajeron la modernidad en momentos en que Madrid tenía poco interés en Canarias. Tras ellos los escandinavos se encandilaron con nuestras playas y nuestro sol, y ahora son alemanes e ingleses nuestros más habituales visitantes. Algunos piensan que los extranjeros nos colonizan económicamente, a fin de cuentas nuestro turismo depende de los grandes operadores que revierten beneficios hacia los países de origen. Hace pocos días, en una de tantas cenas en casa con amigos, le preguntamos a una persona que fue un alto cargo bancario si un territorio como el nuestro, con el actual nivel de renta y más de doce millones de turistas al año, podría aspirar a la independencia política. La respuesta fue que técnicamente sí sería factible, pero que el asunto clave es el mantenimiento de servicios muy costosos como la sanidad, la enseñanza; las infraestructuras, en definitiva. Personalmente creemos que nuestro destino va unido al Primer Mundo y al área occidental, y cualquier aventura africanista está ligada al fracaso. El subidón en la renta canaria se produjo justo tras el acceso español a la Unión Europea, y fueron justamente los alemanes los principales contribuyentes en las ayudas comunitarias que hemos estado disfrutando.
La presencia de alemanes en el archipiélago es evidente en estos momentos, la Fiesta de la Cerveza se celebra con algarabía en varias islas. En Tenerife y Gran Canaria, en Fuerteventura y La Palma se nota bastante, son muchos miles los que han comprado viviendas para residir de manera fija o temporal. Son también muchos quienes han abierto inmobiliarias, restaurantes, tiendas de ropa o de deportes, los que en definitiva se han implicado en la actividad económica local. Incluso en Los Llanos de Aridane hay tiendas que traen ropa, bolsos, cinturones, zapatos y otros productos directamente de Hamburgo, Colonia, Frankfurt. Molesta que pongan sus carteles en alemán pero ninguna ley de residencia va a frenar esa corriente que además trae de distintos lugares escritores, pintores, músicos, fotógrafos. Artistas e intelectuales de distinto origen pasan temporadas en las que a veces trabajan sobre nuestra naturaleza. Sumando identidades, somos un pueblo mestizo y ecléctico. Españoles y portugueses, gente de Flandes y Malta, de Normandía y Génova, de Irlanda y de procedencias exóticas. Habitamos un mundo cada vez más abierto donde podemos movernos en muchas direcciones. Por tanto, convivencia es la clave, tolerancia y asimilación.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Mociones de censura: el circo de la política

¿Por qué Canarias tiene el record de mociones de censura a nivel nacional? En Lanzarote y Fuerteventura, por donde circulaba el dinero de los cambios de uso del territorio, las licencias de construcción y la ocupación hotelera, hasta hace pocos años eran frecuentes estas cosas que ahora llegan a Tacoronte, La Palma y previsiblemente a Lanzarote para diversión de unos y estupefacción de otros. Y eso que La Palma es una isla en baja, que pierde turismo a chorros, una isla donde los jóvenes no se quedan a vivir y los de mediana edad aspiran a trasladarse a Tenerife o Gran Canaria en cuanto hallen un resquicio.
Quizá la mayor dificultad que La Palma tiene para ponerse al día pueda radicar en que nuestros políticos carecen de tiempo para establecer y cumplir sus programas ya que desde que se celebran las elecciones aparentemente están más ocupados en organizar conciliábulos, meditar alianzas, anunciar deslealtades que enseguida conducen a la amenaza de romper compromisos, denunciar traiciones, estrategias a corto y medio plazo, golpes y contragolpes, derribos y coronaciones, etcétera.
A pocos les puede extrañar el desprestigio de la clase política a nivel nacional y, más concretamente, a nivel local. Ambiciones que se cruzan, desprestigios mutuos, espectáculo ante los votantes que han de acudir a las urnas dentro de año y medio.
Mociones de censura contradictorias y paradójicas, explicadas todas en función del “bien común”. Ninguna corporación está a salvo porque lo que hoy es blanco mañana puede ser gris. El circo cotidiano está en marcha, los domadores y las fieras, los payasos y los trapecistas acostumbrados a actuar con red.
(Ilustración: los seis consejeros del PSOE en el Cabildo de La Palma que presentan una moción de censura con el Partido Popular, contra Coalición Canaria)

martes, 12 de noviembre de 2013

Proust y Camus: aquella gran literatura francesa

Estamos en tiempo de centenarios. La literatura francesa, que ahora –a pesar de Houellebecq– no anda en sus mejores momentos, ha celebrado con jolgorio a Albert Camus y a Marcel Proust, dos talentos tan diferentes y tan imprescindibles. Si Camus representa en La peste, El extranjero, etc. la conciencia del desarraigo, el absurdo de la vida, el existencialismo, la otredad en un mundo perverso, Proust al contrario es el preciosismo de una prosa exuberante, minimalista. Hace 100 años apareció la primera parte de su descomunal A la busca del tiempo perdido, con aquel Por el camino de Swann. Miles de páginas, un puzzle gigantesco, lento, exasperante a veces, un inmenso relato que fue rechazado por prestigiosas editoriales como Gallimard, donde se equivocó –y de qué manera, al informar negativamente– André Gide. El protagonista, más allá de un coro de personajes secundarios, es el lenguaje. ¿Es Proust en este momento un escritor solo para especialistas? No lo creemos así. Su capacidad de exigencia, su enorme depuración, hacen de él un clásico que no fue valorado lo suficientemente como para que le diesen el Nobel de Literatura. Camus, por el contrario, fue un Nobel muy joven.
Camus y Proust murieron demasiado pronto. Albert fue la lucidez, la ironía, la obstinación, en un estilo que aspiraba a ser tan diáfano como la luz de su Argelia natal. Y sobre todo la rebeldía, tanto en su dedicación al periodismo como en la novela, el ensayo y el teatro. Marcel fue la desmesura de una prosa impresionista y simbolista. La alegría de vivir, el detallismo de las descripciones, el manejo circular del tiempo y del espacio, van derivando en la decepción y la melancolía. En ello debió pesar bastante todo lo que aconteció en la I Guerra Mundial, menos mal que Proust no llegó a tiempo de vivir el terror nazi.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Perder las librerías es perder mucho

Por Manu de Ordoñana

Los libreros están inquietos. Algunos alegan el crecimiento de los precios de los alquileres, otros se quejan de que las ventas a universidades y bibliotecas públicas se han reducido y algunas instituciones les deben dinero. Pero todos coinciden en que el mayor peligro es el libro electrónico y la competencia de las tiendas online. Y eso que todavía el consumo de ebooks es muy pequeño ─al menos, las ventas declaradas─, aunque eso quizá sea debido a que los índices de piratería que se dan en España son inadmisibles, con cifras que multiplican por siete a las de Francia. Se podría pensar en algún tipo de subsidio público para aliviar los problemas de tesorería de un sector tan castigado por amenazas de tal calibre. Francia ya lo ha hecho, para evitar que sus librerías corran la misma suerte que en Estados Unidos. La ministra de Cultura y Comunicación, Aurélie Filippetti, cree que, si este canal se debilita, toda la industria editorial se resentirá, con sus efectos negativos, no sólo sobre la cultura en general, sino también sobre la economía. Y para refrendar su opinión, ha tomado una serie de medidas encaminadas a subvenir a las librerías con la creación de un fondo de ayudas por valor de nueve millones de euros.

La prensa gala ha aplaudido la medida, pero el norteamericano Bill McCoy, director ejecutivo del International Digital Publishing Forum ─un consorcio mundial dedicado a la reflexión y al desarrollo del libro digital─ cree que la batalla está perdida para siempre. De aquí a diez años, entre el 70 y el 90 por ciento del espacio ocupado por las librerías habrá desaparecido en Estados Unidos. Y en Europa, tarde o temprano, ocurrirá lo mismo: “La librería es el eslabón más débil de la cadena y no sobrevivirá a una revolución que no ha hecho más que empezar”.

Para iluminar el espectáculo, basta analizar el caso de Barnes and Noble. La mayor cadena de librerías del mundo anunció a primeros de este año que cerraba un tercio de sus establecimientos, manteniendo 450 de las 690 tiendas que posee en Estados Unidos, debido a la creciente caída de las ventas (en 2012, un 11% respecto al año anterior). Su intención es fortalecer la venta a través de Internet y consolidar su mercado en dispositivos digitales y tabletas a través de catálogos.

Pero es que, además, hay otro peligro en ciernes. Los editores se han dado cuenta de que alguien sobra en la cadena de distribución y ese alguien es el librero. Por eso se han lanzado a la carrera de distribuir su producción directamente al lector, bien sea a través de la venta directa, de la creación de comunidades de lectores o de la búsqueda de nuevos canales de venta. Los libreros independientes que han dado de comer a la industria editorial lo tienen hoy muy crudo para sobrevivir. Triste paradoja. Todo eso para defenderse de la competencia que reciben de Amazon y Apple. Por ahora, los dos gigantes americanos se contentan con vender libros ─en papel y en digital─, pero no van a tardar mucho en convertirse en editores. De hecho ya han empezado a ofrecer el servicio “imprimir bajo demanda”, una fórmula que los escritores diletantes han acogido con esperanza. Y si eso es así, ¿no sería más lógico que esas posibles ayudas se crearan para salvar a los editores?

Porque esa presunta ayuda a las librerías quizá no va a servir de mucho, a no ser que se reconviertan, se adapten a los nuevos tiempos. Pero, ¿qué tipo de reconversión? ¿vender también e-books, además de libros impresos? ¿Podemos imaginar una librería que venda libros digitales? ¿Por qué no? Una compañía canadiense ha desarrollado un método para transformar un libro digital en un producto tangible con el fin de que la gente lo pueda ver, tocar y comprar en la librería, pasar páginas en pantalla como si fuera un libro físico. Sería el primer paso, un signo de que el librero ha cambiado de mentalidad y se prepara para afrontar el futuro.

Claro que esto no será suficiente para recuperar el esplendor perdido, pero podría servir como cebo para atraer a compradores curiosos, si se les ofrece un espacio social en el que compartir experiencias, conversar con el librero ─que volvería a recuperar su función prescriptora─ y salir de la tienda tras haber descargado dos ebooks en su dispositivo de lectura. De ahí a montar su propia tienda online, no hay más que un paso, dicen que no es tan difícil, solo es cuestión de actitud.

Si esa presunta ayuda del gobierno es para ganar tiempo y conseguir que las librerías se adapten al nuevo modelo, merecería la pena hacer la prueba. Los recursos necesarios para poner en marcha un proyecto de tal naturaleza no tienen por qué ser altos. Cualquier cosa antes que someterse a la inacción. Porque la perspectiva espanta al ciudadano: ¿Puede uno imaginar lo que sería una ciudad sin librerías? Boticas entrañables en las que nos hemos sumergido durante horas para hojear las últimas novedades, para descubrir algún libro olvidado, para recuperar recuerdos de la juventud… No podemos dejarlas caer, forman parte de nuestro acervo espiritual.

(Tomado de  http://serescritor.com)

domingo, 10 de noviembre de 2013

Un paquete de gofio intervenido por la CIA (¡estos yankis con su espionaje!)

José M. Balbuena

Los responsables de los Estados Unidos de Norteamérica están tan susceptibles y desconfiados que esa obsesión se convierte, poco a poco, en paranoia. Ven como otras naciones, más que emergentes, les pisan el terreno en cuestiones económicas, estratégicas, de influencias y hasta de respeto. Como es el caso de China, que ya ha pedido que no sea el dólar el patrón para el negocio petrolero. Es un país que   se introduce donde quiere y puede, bien para obtener su tajada de los recursos naturales de los países africanos o de América Latina, o para desarrollar proyectos e infraestructuras que también les benefician. Hubo cierto recelo en el Capitolio y en la Casa Blanca  y en los “lobbies” y centros de poder americanos cuando Europa comenzó a “independizarse”, a alejarse de la órbita  yankee   y creó la Comunidad Europea con su propia moneda (excepto, claro está Gran Bretaña que mantiene la suya). Naturalmente, todavía continúa atada a esa nación con compromisos militares, con la OTAN y otras cuestiones.
Nuestra relación con USA procede de los tiempos en que el dictador Franco recibió su apoyo, a cambio de instalar varias bases militares que, por desgracia todavía perduran, aunque solamente hay dos, la de Rota y la de Morón. Pero, lo suficientemente peligrosas para los españoles y nuestras ciudades, ya  diariamente realizan vuelo con armas letales, dentro de sus aviones, y convierten esas instalaciones  en objetivos preferentes, en caso de conflicto bélico. Ni Adolfo Suárez, Felipe González,  Aznar, Zapatero, ni los que gobiernan ahora, se han sabido desprender de ese lastre que nos puede resultar fatal.
Pongo como ejemplo de la paranoia americana lo que me ocurrió a mí un día en el aeropuerto Kennedy de Nueva York. Me retuvieron en la aduana un largo rato porque descubrieron en mi maleta un paquetito algo sospechoso. ¿Saben de qué se trataba? Pues era bolsa de gofio que me habían encargado unos primos míos que hacía muchos años que vivían en Estados Unidos. Por mucho que traté de explicarles que aquello era un alimento, no hubo manera de que lo entendieran. Pensaban que era una especie de cocaína o algo parecido. Cuando estaban a punto de ponerme las esposas, apareció por allí un aduanero, de origen cubano-canario, que se enteró del embrollo. Entonces, riéndose un poco de sus compañeros les confirmó que era verdad lo que yo contaba. Él, con su acento cubano que aún conservaba, me dijo: “Peldona, chico, estos tíos no saben nada de nada”. Si no hubiese sido por este casi paisano, a lo mejor estaría todavía en prisión por “tráfico de drogas”, o por introducir un “arma de destrucciones masiva”.
Mi rabia por aquel encuentro aduanero se disipó al coger el metro que me llevó hasta el centro de la Gran Manzana. Salí en una de las estaciones que están cercanas al Empire State, pero casi ni miré para el majestuoso edificio, que se encontraba ya en el segundo o tercer lugar en el ranking de altura de la ciudad. Lo que más me llamó la atención fue que había huelga de trabajadores de la limpieza y N.Y. apestaba que daba asco. Mi hijo y yo solamente dijimos: ¡Fosss! Y nos fuimos directos a la estación de Pennsilvania, para coger el tren de Baltimore-Washington... Visitaríamos la ciudad de los rascacielos cuando ya  no apestara.
Volviendo al tema espionaje no me extraña que los gobernantes del PP se muestren tan condescendientes con sus amigos los norteamericanos. El ministro de Exteriores, señor Gargallo, afirma que no existen pruebas de que eso haya ocurrido. Como contrarréplica a esa afirmación, el ministro de Defensa, señor Morenés, asegura que esa es una práctica frecuente en todas las naciones, incluida España. No había sino que ver la cara de pitorreo que tenía el embajador de los Estados Unidos cuando entró y  salió, tras tomarle declaración en un juzgado.
O sea,  cuidado con lo que dicen, hablan o escriben porque tenemos unos ocultos vigilantes, que saben mucho de su vida, de sus aventuras, de sus vicios, o de sus buenas y malas costumbres. Un amigo mío, muy relevante en nuestra sociedad, cada vez que coge el teléfono en su casa o en su despacho, le dedica unas palabrejas, más bien palabrotas, a los supuestos espías que pueden estar grabando lo que dice. No sé si eso lo borrarán después del informe que entreguen.