Cuando el hombre ya no piensa en las cuestiones esenciales: verdad, libertad, vida, muerte, los fines primeros y últimos, cuando solo le interesa el destino de una nación política y sus candidatos fetiche, en democracias fingidas, cuando las grandes cuestiones metafísicas no causan dolor, ni extrañeza, la humanidad se vuelve bestial… la filosofía posmoderna, hace dos décadas procuró desembarazarse de la metafísica… física y literalidad ocupan el lugar de la metafísica y la superficie sustituye a la dimensionalidad del abismo psicológico y la altura metafísica.
Descubrir que nuestras instituciones,
nuestra vida cotidiana, nuestros sistemas de interpretación, están sometidos al
imperio de la simulación, es poco más que descubrir que el modelo humanista de
la vida es algo más que un modelo.
Este es el estado natural y continuo
que como paisaje recibimos. Lo que resultaría aún más ingenuo, sería elevar al
terreno del deseo justo lo que ya existe como realidad. Porque aunque el
conocimiento implique realidad, la irresponsabilidad, instalada en los poderes,
no va a “curarnos del conocimiento”, ni de la incapacidad para asumir
responsabilidades.
Sentir, razonar y pensar libremente,
interpelar lo real como lo imaginario, asumir las responsabilidades teóricas y
prácticas de vivir entre los hombres, existir en un Estado de derecho, donde se
cuide a la comunidad en educación, salud, medio ambiente equitativamente en los
límites de lo necesario y verdadero, para hacer de esta vida algo digno de ser
experimentado.
Este planteo inicial, que representaba
un horizonte de millones de destinos, hoy destruidos, aniquilados por prácticas
de un sistema atroz, instalado en aquel pequeño mundo en el que aún era posible
formular por y para la humanidad un destino de plenitud en ética y armonía.
Pequeño mundo en el cual sus términos estaban basados en una realidad para
todos en poesía. Más aún eran la base de esa realidad en poesía. Pequeño mundo,
cuyos vestigios fueron archivados por un sistema genocida global, puesto en
acto sin piedad para los que disienten, resisten y cometen el pecado de vivir
acorde a sus ideas e ideales.
Hoy, todo cuanto afecta a los dueños
del mundo el ‘homo consumus’ y sus riquezas es criminal. Tienen que
conservarlas a toda costa, incluso creando crisis de activos incorpóreos y
jamás poniendo en tela de juicio su legitimidad. Fingir que se olvida que
siempre los beneficiados son las mismas corporaciones asesinas, cuyo poder se
acrecienta con la sangre derramada de miles de hombres, mujeres y niños en
guerras fabricadas, en hambrunas evitables y en desapariciones en serie de
sujetos-objetos traficados para el turismo sexual, de ese reducido grupo de
delincuentes. Garantes de la siniestra democracia procedimental.
¿Por qué sendero se arribó a tal estado
de amnesia, a esta ausencia de memoria, a olvidar el presente? La resistencia
no tiene espacio alguno, salvo la que reivindica todo el planeta, para la
economía de mercado, hoy triunfante, y que por cierto posee una lógica propia a
la cual no se enfrenta ninguna otra. Todos parecen participar de estas
ceremonias fúnebres, considerar que el estado actual de las cosas es el único
viable y posible, que el punto al que ha llegado la Historia es el que
aparentemente la humanidad adormecida esperaba, deseaba y anhelaba.
El milenio nos ha enseñado que todo es
fugaz, hasta el ‘nunca más’. El crimen contra el hombre siempre es un crimen
perpetrado por el hombre. Todo es viable en el espacio de la aventura humana,
en el orden de la bestialidad, que, como nunca se desencadenó y sin miras de
cambiar su rumbo…a menos que todos, en un preciso instante, resistiendo,
actuemos en sintonía, simultáneamente en todas partes, contra el mundo del
libre mercado y de sus operadores, sintomáticos humanoides el ‘homo consumus’,
los privilegiados de un sistema genocida y sin retorno.
Ha llegado la hora de tener en cuenta
que todo es pasado abolido, debemos dejar de ‘hacer el juego’ a las democracias
simuladas, con tintes totalitarios, a los denominados políticos de los
movimientos populares de pocos y para pocos, que mienten y engañan a diestra y
siniestra en nombre del ¿pueblo? y sus derechos inexistentes, con pánico a
reflexionar sobre la verdad.
Ha llegado la hora de reflexionar en
verdad sobre la verdad, manifestando lo que los dueños de la tierra temen oír y
ver. En consecuencia, estos delincuentes aceitan las máquinas de represión y la
seguridad ‘para todos’ con su aparato policial y la tecnología de última
generación, traducida en cámaras que visualizan nuestras vidas como medida de
prevención del ‘delito’, que ellos consumaron en prólogo.
Causa que dispara de inmediato el
efecto no deseado de lo que a diario nos comentan los artículos de los medios
denominados de ¿comunicación?, hasta el hartazgo, acerca de tal o cual noticia
de un ilícito cometido por un desesperado, ya sin salida, pero sí con entrada a
la prisión y de ese modo legitimando y amortizando un sistema penitenciario
caduco y medieval.
Debemos correr el riesgo de ser muy
precisos al verificar la realidad, a pesar de provocar cierto malestar inicial,
en el camino de la resistencia y de modificar rumbos, sería hoy el único
referente lúcido para preservar el futuro, nuestro futuro. Hoy se impone hablar
francamente, sin dobleces, sentir, pensar y decir, son la consigna. Mantener la
lucidez, no desesperar y soportar con dignidad este tiempo de transición, con
lucidez, sin dejarse llevar por la embestida del aparato represor del
capitalismo que, repito, triunfó hoy sin dudas en esta aldea global, con su
política de exterminio de todo lo maravilloso que tenía la vida en términos de
naturalidad y principios éticos de relación.
Lo único que se le escapa a este tiempo
sin tiempo, es una actitud plena de dignidad y ética, en temple y conocimiento.
Esta es la coherencia, la fuerza de cohesión que nos sostiene. Un instante de
verdad equivale a la eternidad es la eternidad en un instante, enfrentada al
instante mercantil descartable, desechable y perentorio.
Es la última oportunidad de nuestra
especie, que tiene la posibilidad de cambiar su destino convirtiéndose en ‘homo
responsabilus’, digno, solidario y respetuoso, capaz de cambiar el destino
degradante de nuestra Tierra.
El ‘homo responsabilus’ vive de forma
coherente con la civilización que se está gestando, con valores en los que
prima el bienestar de la comunidad y la naturaleza y los hábitos de vida son
ecológicos y equitativos.
El tránsito hasta este modelo social
que plantea el ‘homo responsabilus’ no es en absoluto traumático y está pleno
de posibilidades de permanecer en esta tierra, sin ser esclavos de un sistema
de aniquilación, como lo es el bestial aparato capitalista en acción criminal.
Siendo ‘homo responsabilus’ nos
asimilamos a la posibilidad de existir en austeridad y conocimiento,
adquiriendo en el presente, ante el ataque sistemático del liberalismo y sus
personeros una cualidad y condición que marquen un destino, la realización de
un estilo, una conducta “heroica” que establezca un camino a seguir.
Cuando alguna vez me preguntaron “qué
beneficio me había aportado la filosofía”, respondí de inmediato “el de poder
hablar libremente a todo el mundo”. El hombre debería llevar una vida en
filosofía, sería cada ser un testimonio de existencia. Así el tipo de vida que
uno lleva, el conjunto de las elecciones que hacemos, las cosas a las que
renunciamos, las que aceptamos, nuestra manera de hablar y el modo de
relacionarnos constituirían una vida filosófica en verdad manifiesta. No se
basa en el temor o la inhibición, la timidez o la vergüenza, la especulación y
las repugnancias reprimidas, sino en un vínculo entre nosotros, seres humanos,
en homología.
Eduardo Sanguinetti, filósofo, Buenos Aires (Publicado en el diario República, Uruguay)
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