miércoles, 10 de julio de 2019

5 grandes poemas de Louise Gluck


Poeta nacida en Nueva York, 1943. Una de las figuras más relevantes de la poesía en su país, ganadora del Premio Pulitzer 1993, el National Book y otros importantes galardones. Ocupa la cátedra de Literatura en la Universidad de Yale.  Poeta que habla de la vida, de sus ciclos, sus engaños, sus esperanzas. La autora y sus diálogos consigo misma, con las personas que le rodean, con el mundo. Una obra admirable.




CEREMONIA


Me dejaron de gustar las alcachofas cuando dejé de comer
mantequilla. El hinojo
nunca me gustó.

Una cosa que siempre he odiado
de ti: odio que te niegues
a invitar gente a casa. Flaubert
tenía más amigos y Flaubert
era un ermitaño.

Flaubert estaba loco: vivía
con su madre.

Vivir contigo es como vivir
en un internado:
pollo los lunes, pescado los martes.

Tengo muy buenos amigos.
Tengo amigos
ermitaños.

¿Por qué lo llamas rigidez?
¿No puedes llamarlo gusto
por la ceremonia? ¿O es que tu hambre de belleza
se satisface completamente con tu propia persona?

Otra cosa: dime otra persona
que no tenga muebles.
Comemos pescado los martes
porque los martes son frescos. Si supiera conducir
comeríamos pescado también otros días.

Si estás tan desesperado por encontrar
precedentes, prueba con
Stevens. Stevens
nunca viajaba; eso no significa
que no conociera el placer.

El placer, puede, pero no
la alegría. Cuando prepares alcachofas,
hazlas para ti.

EL DESEO
¿Te acuerdas de cuando pediste un deseo?

Yo pido muchos deseos.

Cuando te mentí
sobre lo de la mariposa. Siempre me pregunté
qué pediste.

¿Qué crees que pedí yo?

No sé. Que volvería,
que al final de alguna manera estaríamos juntos.

Pedí lo que siempre pido.
Pedí otro poema.

EL DILEMA DE TELÉMACO
Nunca me decido
sobre qué poner
en la tumba de mis padres. Sé
lo que él quiere: él quiere
amado, lo que ciertamente resulta
muy exacto, sobre todo
si contamos a todas esas
mujeres. Pero
eso dejaría a mi madre
en la intemperie. Ella me dice
que en realidad no le importa
lo más mínimo; ella prefiere
ser descrita
por sus logros. No tendría yo mucho
tacto si les recordara
que uno
no honra a sus muertos
perpetuando sus vanidades, sus
auto-proyecciones.
Mi propio criterio me recomienda
exactitud sin
palabrería; son
mis padres y, en consecuencia,
los visualizo juntos,
a veces me inclino por
marido y mujer, a veces por
fuerzas contrarias.

PARÁBOLA DE LA BESTIA
El gato circula por la cocina
con el pájaro muerto,
su nueva posesión.

Alguien debería debatir sobre
ética con el gato, mientras investiga
el asunto ese del pájaro cojo:

en esta casa
no experimentamos
la voluntad así.

Dile eso al animal,
sus dientes ya hincados
en la carne de otro animal.

PUERTO DEPORTIVO
Mi corazón era un muro de piedra
que tú de todas formas traspasaste.

Mi corazón era un jardín isleño
a punto de ser pisoteado por ti.

Tú no querías mi corazón;
tú ibas de camino a mi cuerpo.

Nada de eso fue mi culpa.
Lo eras todo para mí,
no sólo belleza y dinero.
Cuando hacíamos el amor
el gato se iba a otro cuarto.

Entonces me olvidaste.

No en vano
las piedras
se estremecían alrededor del jardín enmurallado:

no hay nada allí ahora
excepto ese salvajismo que la gente llama naturaleza,
el caos que se hace con todo.

Me llevaste a un lugar
donde llegué a ver la maldad en mi carácter
y me dejaste ahí.

El gato abandonado
gimotea en el dormitorio vacío.
 (Traducción de Berta García Faet. Foto: Héctor Castilla)

Samir Delgado presenta un poemario dedicado al pintor Zóbel


A partir del mes de octubre dará comienzo la gira literaria por doce ciudades españolas para el lanzamiento editorial del libro "Jardín seco" del autor Samir Delgado, una publicación dedicada a la pintura de Fernando Zóbel (1924-1984), artista filipino que fundó el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca.El libro del autor canario, residente en México y afincado durante un tiempo en la capital conquense, será publicado por la prestigiosa editorial Bala Perdida que incluye en su colección de poesía las voces de autores del panorama de la poesía contemporánea en español. Cuenca será la ciudad de referencia en una programación de presentaciones literarias que se desarrollará durante el mes de octubre en lugares como la Biblioteca Regional de Castilla-La Mancha, el Centro Cultural Generación del 27, la Fundación Caballero Bonald, la Casa Museo Ramón Gaya, el Festival Kerouac o la Fundación Martin Chirino, además de participar en el programa de celebraciones de la concesión del Premio Nobel a Juan Ramón Jiménez en Moguer. En Cuenca la cita será el viernes 4 de octubre contando para la ocasión con la presencia del autor y el crítico de arte Alfonso de la Torre, prologuista del libro que actualmente culmina el Catálogo Razonado de Fernando Zóbel de Ayala. El libro de poemas "Jardín seco" está inspirado en más de cincuenta cuadros abstractos del artista filipino y su lanzamiento editorial tendrá presencia en países de América Latina y Estados Unidos. Para el autor Samir Delgado, "los cuadros de Zóbel son una ventana al paisaje universal de Castilla-La Mancha"

lunes, 8 de julio de 2019

La añoranza de Anelio Rodríguez Concepción


Anelio es uno de los valores trascendentes de la literatura escrita en Canarias. Doctor en Filología Hispánica y profesor de lengua y literatura en secundaria, es poeta, autor de libros de relatos cortos, ensayista y pintor. Entre 1995 y 2005 dirigió la revista La Fábrica (Miscelánea de arte y literatura). Ha compaginado esporádicamente la escritura con la pintura, no en vano es sobrino de Francisco Concepción, el retratista de Taburiente. Entre otros reconocimientos, ha ganado el premio Ciudad de Santa Cruz de Tenerife con un libro de cuentos y el Tiflos, convocado por la ONCE. Empezó con la poesía y pronto publicó La Habana y otros cuentos, 1990, veinte historias cortas que le pidió Elsa López.
-¿Podrías sintetizar la evolución de tu obra, poemas, pintura, narrativa, animador de páginas literarias, hasta tu reciente Historia ilustrada del mundo?
-Me preocupó avanzar en la composición de relatos, algunos originales por su planteamiento, como los del bestiario Relación de seres imprescindibles (1998), ilustrado con dibujos infantiles de mi hijo Anelio, y otros más clásicos y sobrios, como los de El perro y los demás (2004). Incluso me lancé a escribir una novela, La abuela de Caperucita (2008), sin miedo a jugar con claves de humor socarrón que ya habían asomado en los primeros cuentos. A lo largo de diez años, dirigí una revista de arte y literatura, La fábrica, que intentaba dejar testimonio de todo lo que se estaba haciendo en Canarias. De tan absorbente, aquella experiencia me obligó a cerrar un poco el grifo como escritor (apenas pude escribir), y de paso me sirvió para identificar desde muy cerca las virtudes, los defectos y los excesos de los creadores contemporáneos, lo que valdría para hacer lo mismo con las virtudes, defectos y excesos propios. Todo ello contribuyó a reafirmarme, y sospecho que tanta actividad, en su conjunto, ha removido el poso que por último aflora en Historia ilustrada del mundo. En cuanto a mis aventuras como pintor, las enseñanzas de tío Quico, el paisajista neoimpresionista Francisco Concepción, fueron decisivas. Tuve la fortuna de aprender con él lo que no está en los libros. Digamos que una parte del cerebro, la que concierne a la percepción de la relación espacio-tiempo, “trabajó” a destajo casi tanto como la otra, la que se pone en marcha con las palabras.
-Hay un poema entrañable que habla de tu padre: “Mi padre solía soñar que volaba / sobre las casas y los bosques, / y yo ahora suelo soñar que vuela / y vuela a cada instante, / con su batín de cuadros...” ¿Es tu obra una crónica de la ausencia?
-No se trata de una constante, pero se percibe al menos en tres libros: uno de poesía (Vigilias, 2008, que por cierto se cierra con “Sueño”, ese poema del que hablas), otro de narrativa de no ficción (Historia ilustrada del mundo, 2017) y otro de investigación historiográfica y etnográfica (La tradición insular del tabaco, cuya tercera edición apareció en 2016). Ahí encontramos un repaso sentimental de todo aquello que define mis afectos familiares, en clave de homenaje. Esa crónica de la ausencia, como bien la defines, en general viene marcada por una valoración positiva de muchas personas a las que, por su actitud en la vida, era fácil querer y respetar. Por otra parte, ahora que lo pienso, en algunos de mis relatos cortos de ficción (por ejemplo Octubre y La Habana, de La Habana y otros cuentos) se percibe esa misma corriente de añoranza provechosa como reivindicación de un mundo casi desaparecido que rebulle en nuestra memoria individual y colectiva.
Escribe despacio, sigilosamente construye su imaginario. ¿No te da la impresión de que ahora se escribe velozmente y hay un exceso de impaciencia en buena parte de los autores? Responde que, en efecto, escribo sin prisas, con un nivel de autoexigencia que en ocasiones me limita más de la cuenta. Ya no sé hacer las cosas de otro modo. En el tratamiento de la escritura, tan delicado, la búsqueda del equilibrio entre fondo y forma requiere un grado de concentración extrema. Por otro lado, es verdad que se percibe una urgencia enfermiza en muchos escritores, sean conocidos o no. Urgencia a la hora de escribir y a la hora de publicar. Quizá se deba al influjo de las nuevas tecnologías, que vuelven instantáneo el contacto entre las personas, aunque en muchos casos sea engañoso, y al auge de los talleres literarios, que animan a cualquiera a lanzarse cuanto antes a la piscina, algo legítimo, por supuesto. El número de escritores crece exponencialmente, y esto por lógica genera una avalancha de publicaciones. Curiosamente, por desgracia esta inflación no da lugar al asentamiento de una crítica literaria fiable, tan necesaria para separar el grano de la paja, sino todo lo contrario. En cualquier caso, las prisas vienen de un afán de notoriedad, no te quepa duda, y de las premuras de las editoriales, rehenes del cortoplacismo. Esto conlleva graves riesgos que afectan a la excelencia y a la honestidad del trabajo. Algo parecido se produce en otras artes, como el cine, avasallado por sucedáneos digitales, o la pintura, cautiva del mercadeo y la especulación, o la música (en la ópera, por ejemplo, ya no prima la calidad técnica del cantante, sino su porte y su juventud, de ahí que los nuevos se “quemen” en poco tiempo).
Finalmente le pido su visión sobre La Palma y su futuro. Tiene claro que el tiempo parece haberse detenido desde hace décadas. Esta es una isla conservadora, tanto de lo bueno como de lo malo. El interés por todas las áreas de la cultura, que en cierto modo define un significativo florecimiento en el siglo XIX, ha acabado sufriendo los tambaleos de la economía durante el XX. No hay playas enormes, ni seguro de sol, ni espacios abiertos para levantar barriadas turísticas. Lo que está claro es que el desarrollo turístico ha de orientarse hacia un tipo de oferta racional, con cuidado de no estropear los atractivos naturales. En esas estamos, aunque no con la intensidad deseada. En la agricultura creo que hay que apostar por la diversificación, aprovechando el potencial de las zonas de medianías. Las causas de nuestro empobrecimiento económico parten de los bajos índices de natalidad y los obstáculos impuestos desde fuera (el pez grande se come al chico), y tampoco se valora el capital humano. El 99’9% de los mejores alumnos se van para no volver. Además, nuestra clase política muestra su mediocridad, no potencia las vías de desarrollo.

(Publicado en La Provincia, www.laprovincia.es, hoy 8 de julio de 2019, en mi columna de los lunes titulada Ida y Vuelta)

domingo, 7 de julio de 2019

Los retratos de Andy Warhol




Nacido en 1928 y muerto en 1987, fue la principal figura del pop-art y uno de los símbolos del arte contemporáneo, capaz de transformar en algo imperecedero sus retratos de personajes del siglo XX, las latas de sopas Campbell, su imagen de la Coca-Cola o el dólar, han pasado a los museos y han influenciado a la pintura posterior. En realidad, el artista utilizaba la imagen repetitiva para criticar la influencia de los mass media, los medios de comunicación de masas, y la filosofía imperante.

viernes, 5 de julio de 2019

Viajar, poema de Rosario Valcárcel



Viajar: Un libro de recuerdos.
Viajar es imaginar palacios encantados,
ceremonias de amor que se contorsionan
entre seducción de corpiños, miriñaques
y estrellas que rozan
la desnudez del agua
Seguir la pandereta del guía,
la luz de las grietas que busca el jadear
de una vela, la sonrisa de una bestia.
Escuchar los acontecimientos de otras vidas.
Manosear cartas de muertos, sudarios,
harapos, vestidos de boda.
de segunda mano
Atravesar con pies y manos escaleras sin barandas,
el hálito de las pitonisas, las revelaciones de la sangre
coagulada. Flotar con las momias bajo
el vacío de una ola.
Viajar es arrastrar contigo tu jaula,
alejarse, regresar.
Por eso te narcotizas
te crees invulnerable,
como si la muerte no pudiera engullirte
en vacaciones, como si los aviones
viajaran más rápido que su amenaza.
Las antiguas civilizaciones muestran
el proscenio y las bambalinas del cielo,
las ascuas de cadáveres irreconocibles,
los idilios rosas que envuelven
el hechizo de estar vivo
en una Tierra moribunda.
Muestran la paz mezclada con la guerra,
muestran que la Nada es
más fuerte que el Todo
Del libro Himno a la vida

miércoles, 3 de julio de 2019

Un cuento de Lucia Berlin: "Punto de vista"


Imaginemos «Tristeza», el cuento de Chéjov, en primera persona. Un anciano explicándonos que su hijo acaba de morir. Nos sentiríamos turbados, incómodos, incluso aburridos, y reaccionaríamos precisamente como los pasajeros del cochero en el relato. La voz imparcial de Chéjov, sin embargo, imbuye a ese hombre de dignidad. Absorbemos la compasión del autor por él, y nos conmueve en lo más hondo, si no la muerte del hijo, el hecho de que el viejo termine hablando con el caballo.
Creo que en el fondo es porque somos inseguros.
Quiero decir que si les presentara así a la mujer sobre la que estoy escribiendo…
«Soy una mujer de cincuenta y tantos años, soltera. Trabajo en la consulta de un médico. Vuelvo a casa en autobús. Los sábados voy a la lavandería y luego hago la compra en Lucky’s, recojo el Chronicle del domingo y me voy a casa», me dirían: eh, no me agobies.
En cambio, mi historia se abre con: «Cada sábado, después de la lavandería y el supermercado, Henrietta compraba el Chronicle del domingo». Ustedes escucharán todos y cada uno de los detalles compulsivos, obsesivos y aburridos de la vida de esta mujer solo porque está escrita en tercera persona. Caramba, pensarán, si el narrador cree que hay algo en esta patética criatura sobre lo que merezca la pena escribir, será que lo hay. Seguiré leyendo a ver qué pasa.
En realidad no pasa nada. La historia, de hecho, ni siquiera está escrita todavía. Sin embargo, aspiro a que, a fuerza de minuciosidad en el detalle, esta mujer les resulte tan creíble que no puedan evitar compadecerla.
La mayoría de los escritores utilizan accesorios y decorados de su propia vida. Por ejemplo, mi Henrietta toma cada noche una cena frugal en un mantelito, con exquisitos cubiertos macizos italianos de acero inoxidable. Un detalle curioso, que podría parecer contradictorio en esta mujer que recorta los vales de descuento de los rollos de papel de cocina, pero capta la atención del lector. O al menos espero que así sea.
Creo que no daré ninguna explicación en el relato. A mí, sin ir más lejos, me gusta comer con ese tipo de cubiertos elegante. El año pasado encargué un juego para seis comensales del catálogo navideño del Museo de Arte Moderno. Muy caro, cien dólares, pero pensé que merecía la pena. Tengo seis platos y seis sillas. A lo mejor daré una cena en casa, pensé en el momento. Resultó, sin embargo, que eran cien dólares por seis piezas. Dos tenedores, dos cuchillos, dos cucharas. Un juego individual. Me dio vergüenza devolverlos; pensé: bueno, a lo mejor el año que viene encargo otro.
Henrietta come con sus preciosos cubiertos y bebe vino de Calistoga en copa. Toma ensalada en un cuenco de madera y calienta una comida precocinada Lean Cuisine en un plato llano. Mientras cena, lee la sección «Cosas de este mundo», en la que todos los artículos parecen escritos por la misma persona.
Henrietta espera el lunes con impaciencia. Está enamorada del doctor B., el nefrólogo. Muchas enfermeras/secretarias están enamoradas de «sus» doctores. Una especie de síndrome Della Street.
El doctor B. está inspirado en el nefrólogo para el que trabajé durante un tiempo. No estaba enamorada de él, ni mucho menos. A veces bromeaba y decía que teníamos una relación amor-odio. Era un hombre tan detestable que sin duda me recordó cómo degeneran las aventuras amorosas, a veces.
Shirley, mi predecesora, sí que estaba enamorada de él. Me enseñó todos los regalos de cumpleaños que le había hecho. La maceta con la hiedra y la pequeña bicicleta de bronce. El espejo con el koala esmerilado. El estuche estilográfico. Me contó que al doctor le encantaron todos los regalos salvo el sillín de piel de borrego. Se lo tuvo que cambiar por unos guantes de ciclista.
En mi relato el doctor B. se burla de Henrietta cuando le regala el sillín, es sarcástico y cruel con ella, como sin duda podía ser en realidad. Ese sería el punto álgido de la historia, de hecho, cuando Henrietta se da cuenta del desprecio que siente por ella, de qué patético es su amor.
El día que empecé a trabajar allí, encargué camisones de papel. Shirley los utilizaba de algodón: «Cuadros azules para los chicos, flores rosas para las chicas». (La mayoría de nuestros pacientes eran tan viejos que usaban andadores.) Todos los fines de semana, Shirley cargaba con la ropa sucia y se la llevaba a casa en autobús, y no solo lavaba, sino que además la almidonaba y la planchaba. En eso anda ahora mi Henrietta… planchando en domingo, después de limpiar su apartamento.
Por supuesto buena parte de mi relato va de las costumbres de Henrietta. Costumbres. Quizá ni siquiera malas en sí mismas, sino tan arraigadas. Cada sábado, año tras año.
Cada domingo, Henrietta lee las páginas rosas. Primero el horóscopo, siempre en la página 16, como es costumbre de ese periódico. Normalmente los astros le traen a Henrietta noticias picantes. «Luna llena, sexy Escorpio, ¡y ya sabes qué significa! ¡Prepárate para que surja la chispa!».
Los domingos, después de limpiar y planchar, Henrietta prepara algo especial para cenar. Capón al horno. Un salteado instantáneo de Stove Top con salsa de arándanos. Guisantes a la crema. Una chocolatina Forever Yours de postre.
Después de lavar los platos, ve 60 Minutos. No es que le interese especialmente el programa. Le gustan los presentadores y tertulianos. Diana Sawyer, siempre distinguida y guapa, y los hombres, todos tan serios, fiables e implicados en los temas a debate. A Henrietta le gusta cómo mueven la cabeza con gesto taciturno, o sonríen cuando hay una situación divertida. Y sobre todo le gustan los primeros planos de la esfera del reloj. El minutero y el tictac del paso del tiempo.
Luego ve Se ha escrito un crimen, que no le gusta pero es lo único que hay.
Me está costando mucho escribir sobre el domingo. Plasmar la larga sensación de vacío de los domingos. Sin correo, las máquinas cortando el césped a lo lejos, la desesperanza.
O cómo describir que Henrietta se muere de ganas de que sea lunes por la mañana. El clic, clic, clic de los pedales de la bicicleta del doctor y el chasquido de la llave cuando se encierra en el despacho a ponerse su traje azul.
—¿Ha disfrutado del fin de semana? —le pregunta Henrietta.
Él nunca contesta. Nunca dice hola o adiós.
Cuando el doctor se marcha y sale con la bicicleta, ella le aguanta la puerta.
—¡Adiós! ¡Que se divierta! —dice sonriendo.
—¿Que me divierta? Por el amor de Dios, déjese de tonterías.
Aun así, por desagradable que sea con ella, Henrietta cree que existe un vínculo entre los dos. El doctor tiene un pie deforme, una pronunciada cojera, mientras que ella tiene escoliosis, una desviación en la columna. Una joroba, de hecho. Ella es tímida y vergonzosa, pero entiende que él pueda ser tan cáustico. Una vez le dijo que reunía las dos cualidades necesarias en una enfermera… Ser «estúpida y servil».
Después de Se ha escrito un crimen, Henrietta se da un baño, mimándose con perlas perfumadas de aroma floral.
Luego ve las noticias mientras se esparce la crema por la cara y las manos. Ha puesto agua para el té. Le gusta el parte meteorológico. Los pequeños soles sobre Nebraska y Dakota del Norte. Nubes de lluvia sobre Florida y Luisiana.
Se estira en la cama a tomar una infusión relajante. Echa de menos su vieja manta eléctrica con el regulador BAJO-MEDIO-ALTO. La que tiene ahora se anunciaba como la «manta eléctrica inteligente». La manta sabe que no hace frío, así que apenas se calienta. Ojalá se calentara de verdad y la reconfortara. ¡Demasiado lista, la condenada! A Henrietta se le escapa la risa. Suena chocante en el pequeño dormitorio.
Apaga el televisor mientras toma la infusión, escuchando los coches que entran y salen de la gasolinera Arco al otro lado de la calle. De vez en cuando un coche se para con un frenazo junto a la cabina telefónica. Después la puerta se cierra de golpe y el coche arranca y se aleja.
Oye un coche que se acerca despacio hacia los teléfonos. Dentro suena jazz a todo volumen. Henrietta apaga la luz y levanta la persiana junto a su cama, apenas una rendija. La ventana está empañada. En la radio del coche suena Lester Young. El hombre que habla por teléfono sujeta el auricular con la barbilla. Se pasa un pañuelo por la frente. Me apoyo en la repisa fría de la ventana y le observo. Escucho el suave saxo de «Polka Dots and Moonbeams». Escribo una palabra en el vidrio empañado. ¿Qué? ¿Mi nombre? ¿El de un hombre? ¿Henrietta? ¿Amor? Sea cual sea, la borro antes de que nadie la vea.
*Lucia Berlin (1936-2004)
De Manual para mujeres de la limpieza.
Traducción de Eugenia Vázquez Nacarino (Alfaguara, 2017).

martes, 2 de julio de 2019

Ismos de clase, raza y sexo

Por Eduardo Sanguinetti, filosófo, Buenos Aires (Especial para Nova)
El pansexualismo freudiano ve un atributo sexual en cada forma y en toda relación, una forma sublimidad de sexualidad. Pero la sexualidad como la política, un juego de discriminación indisimulable, puede considerarse como uno de los desarrollos de los conflictos de la diferencia, de la sexualidad.
Clase, raza, sexo, son expresión de la diferencia. Los ismos de sexo, raza o clase, corresponden a la fase distintiva, la que se ha llamado del gesto distintivo, obsesionado por la diferencia, para la diferencia o para la igualdad.
Siempre es posible encontrar a una raza pero considerada por la peor considerada de las razas, así también con un individuo considerado el peor de la especie, considerado por otro similar como el peor y así hasta terminar de enumerar las ocultas identidades de los habitantes del planeta.
Y con todo el esquema sigue siendo el mismo: tampoco el problema sexual puede circunscribirse ya a un parlamento bicolor conservador o liberal, masculino y femenino. El espectro de las diferencias se enriquece: síntoma de una explosión de los ismos de la diferencia, extendidos en todos los rincones de la experiencia.
Pero el problema se encuentra también en la persistencia de colonialismos restringidos en el seno de nacionalismos y localismos. Pues a menudo se trata de trincheras frente a la incertidumbre de un mundo que ya no se comprende.
Devino en este tercer milenio una toma de conciencia, especulativa o no, apuntalada por una campaña de medios superlativa, que devino en el reconocimiento por Ley 26.485 de identidad de género y matrimonio igualitario, un derecho ganado versus feminicidios y violencias cotidianas que el sistema homofóbico, misógino, patriarcal impuso cual rutina de vida.
Sin dudas no dejaron de ser estandartes de esta Ley, “célebres bestias matrix”, instalados por el sistema vigente en cuánto medio basura existe, cada cual más ignorante y soberbio, los cuales, blindados por gobierno de turno, lanzan los más abominables agravios y difamaciones a sus pares “trans”, “lesbianas”, “gays”, sin denuncia alguna del periodismo “Fake News” reinante, para que todo siga igual, cuidando a sus mascotas, plenas de privilegios: simulación de simulacro de un régimen tramposo, donde la diferencia y sus consecuencias siguen cobrando víctimas.
A pesar de lo manifestado y sin apoyo alguno de los “blindados célebres matrix”, que hicieron buenas ganancias con la Ley, Mariana Gómez fue condenada a un año de prisión en suspenso, por razones entre las que se encuentran resistencia a la autoridad, léase policía, mientras besaba a su esposa Rocio Girat, en la estación Constitución el 2 de octubre de 2017, día en que fue detenida por razones asimiladas de manera subyacente, a discriminar el lesbianismo, una guerra de fuegos ya no cruzados, sino pertenecientes a la negación total y absoluta de la diferencia, siendo siempre esta, desde hace siglos, la que se instala en cada conflicto de identidad y relación.
El belicismo a todo lo que se considera diferente nos hace permanecer en un estado "presocial", en Latinoamérica, ya sea por casos de discriminación y censura, donde la igualdad y libertad de ser "uno mismo", se encuentra disciplinado, sin superar la ficción de neutralidad de los poderes fácticos que gobiernan y que ejecutan sumariamente, con la justicia patriarcal y el brazo armado de fuerzas de ¿seguridad?, todo intento de libertad de expresión, en todas sus aristas, síntoma de carencia y coartada vil, de toda la dogmática de la diferencia.
Si la ley es el límite, la legitimación excede como mucho a la propia ley. Es la coartada de la ley, la señal de diferencia, su límite, su arbitrariedad. En el caso de este matrimonio de Mariana Gómez y Rocío Girat, donde las repugnancias reprimidas de la policía, siempre presta a desvirtuar legitimación con atropello, cobardemente encuentra el motivo inmotivado para, de manera brutal, detener a Mariana y conducirla a una comisaría, donde permanecería varias horas.
Luego deviene el proceso judicial, aplicado de manera sistemática en los desprotegidos ciudadanos/as, pero jamás en pedófilos, abusadores, criminales y estafadores seriales que cumplen en demasiados casos, funciones en gobiernos o corporaciones empresariales de cualquier acción fraudulenta, ya sea narcotráfico, trata de personas o simplemente volatilizar activos incorpóreos. Libertad, igualdad y fraternidad, el grito que modificó el curso de la historia de la humanidad y dio paso a la denominada modernidad, son sólo palabras vacías de significado al enfrentarnos con la dura realidad, que acompaña toda la puesta en escena de este espectáculo insano, donde la violencia, impone criterio y la mentira es la retórica esgrimida por quienes deben ser servidores de la comunidad.
La misma policía que arresta a Mariana, es la que golpeó y reprimió a trabajadores de Coca-Cola, el pasado 8 de marzo, la que hostiga, persigue a quienes hacen valer sus derechos, enviados estas máquinas de aniquilar toda posibilidad de libertad, por el poder de un gobierno autoritario que siembra miedo, temor en una población castigada y hambreada, sin ánimos de inventarse una mirada libertaria a sus existencias degradadas.
La policía que en Monte hace un mes, disparó en los cuerpos de niños, en un hecho que debe sentar antecedentes de lo que jamás debe volver a suceder, no hay discurso del perdón hipercristiano que pueda eliminar la memoria. La violencia como referente de un modo de vida en Argentina nos condena a una servidumbre inmunda, sin sentido ni destino. La he sufrido y la sufro por intentar sentar con la verdad mis denuncias hacia todo lo que “no es”, todo lo que se opone al deber ser, todo lo que desvirtúa el sentido de ser y estar en este mundo.
Por lo tanto es necesario, ante infinidad de casos de criminalizar al diferente, ya sea en cuestiones, tal mi caso, de fundadores de nuevos teoremas, paradigmas y de posibilidades de acceder a estadios donde nos elevemos sobre la mediocridad reinante, desacreditando con ideas concretas, ubicadas en dimensiones del orden de siglos de errores en la transmisión de código genéticos, donde la inequidad desvirtuó los caminos de libertades eliminadas y la criminalización de actos de vida, y naturaleza, que deberían primar a la hora de intentar vivir con avidez una vida, razonable en su funcionalidad.
En este caso aplico y reivindico una crítica transversal, hecha desde los territorios inexplorados, no cuadriculados por las disciplinas académicas, aplicadas al sistema neoliberal reinante, cuya fermentación interesada contribuye, a mis ojos, a generar esas redes de reapropiación de los consumados discursos institucionales, los grandes significantes, las retóricas políticas y mediáticas oportunistas, todas las representaciones e instancias en que se coagulan los crímenes consumados y por consumar, y donde sólo cabe el desmontaje interpretativo, para dar con el esqueleto de la farsa y la estafa de un sistema que se cae a pedazos.
Aspiro como filósofo de este tiempo, que valoro la diferencia, heterodoxo e iconoclasta, a que Argentina y el mundo se vuelvan lugares más abiertos, más hospitalarios, especialmente a los diferentes, a los inmigrantes, dado que el hecho de que algunos grupos políticos, como los que dicen representar a las mujeres, los homosexuales, presenten su emancipación moral como la extensión lógica de la emancipación social prometida a los parias de este mundo (pero jamás concedidas), dice demasiado sobre el consenso social bajo presión, que existe en este país sobre como pensar y argumentar en torno a estas cuestiones, filosóficas y prácticamente incompatibles con los principios neoliberales, que rigen en este mundo: un prejuicio importuno, por cierto.