martes, 8 de enero de 2013

La maravillosa (y temible) cuesta de Enero


Fue después de Reyes, tras los fuegos artificiales de las fiestas, esa vorágine de comida y de alcohol, langostinos, pata de cerdo y polvorones, esa agitación de consumismo pese a la crisis. Sucedió en uno de esos hoteles de carretera para parejas infieles que empiezan a proliferar, debe ser que la gente quiere emociones fuertes y el sexo siempre funciona. La cama estaba fría, pero antes de reclamar en recepción por lo de la calefacción, no tuvo remilgos en desnudarse en un santiamén. Cuando la abracé me pareció que olía a tierra húmeda, incluso diría más: tenía un perfume de jazmines y azahares del mes de abril. Hacía meses que no sentíamos aquella intimidad, pero todo fue extremadamente fácil. Conectamos el hilo musical y despreciamos la oferta de vídeos porno; a empellones lanzamos la ropa en un rincón, amontonada sin orden, la contemplé como un ser ante el que debía suplicar condescendencia. Su interior estaba repleto de ensoñaciones silvestres, como si trajera el bucolismo del paraíso perdido.
-Te quiero más que a mi vida –le dije. Y ella me replicó: deja de burlarte, baladrón. ¡Uf, qué tarde se ha hecho! -dijo de pronto, con aquella prisa que me sacaba de mis casillas generándome desasosiego. Pues Venus es impulsiva e implacable con su tiempo. Lo que más temo de ella son sus ataques de malhumor, entonces quisiera estar en la luna.
-Te llamaré mañana.
-¿Estás segura? Mira que empiezo a hartarme de tus reuniones de negocios. ¿No me estarás siendo infiel con el guaperas de tu jefe?
-Qué tonto eres, replicó -me encanta que diga esa frase, porque siempre se pone cariñosa cuando la pronuncia. Y acto seguido me propinó un beso en la frente. Eso sí que me dejó aturdido, no me lo esperaba. También me dijo que tendríamos que apuntarnos a un curso de sexo tantra, por aquello de controlar los impulsos y mejorar la relajación. Entonces me pareció que soltaba un par de lagrimitas, debe ser que tenía problemas con su ex novio. Como si yo, que a fin de cuentas tan sólo soy un muñeco hinchable con mi virilidad regulable, una especie de animal de compañía para sus noches solitarias,  pudiera dar alguna respuesta a sus cuitas existenciales.

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