jueves, 18 de mayo de 2017

El tríptico del Juicio Final, de El Bosco

Aunque los expertos han dudado sobre si este tríptico es de la autoría de El Bosco o de los alumnos de su taller, hoy en día prevalece la opinión de que sí es obra del genial pintor de Flandes. Una vez más aparece el infierno, la pesadilla visionaria entre la realidad y los sueños. Pintado hacia 1482.

martes, 16 de mayo de 2017

Cuba: la transición improbable, la magua de los canarios y un encuentro de escritores


Volvimos a Cuba 29 años después para una visita muy intensa en la cual recorrimos 2000 kilómetros de carretera, desde La Habana a Holguín y desde Holguín a Pinar del Río, de extremo a extremo a través de las ciudades más conocidas. Cuba con sus verdes, Cuba con sus huertas y sus vegas y La Habana Vieja, una auténtica joya en restauración. Territorio fraternal donde los cubanos te consideran uno de ellos, aunque esté casi olvidado el enorme aporte de los canarios. La excusa fue un encuentro de escritores, sexta edición de La Isla en Versos, al que acudimos con ayuda del programa Canarias Crea, en el que los participantes de aquí tuvieron protagonismo, y en el que más de 50 escritores latinoamericanos y europeos hicieron sus aportaciones. Se oyó mucha música cubana, hablamos de literatura canaria y hubo versos de autores nuestros. Destacables fueron una poeta de Honduras, 21 años, y una pareja de Costa Rica.

Me gusta la calidez del idioma en los labios de aquella gente, fue estupendo escuchar los acentos de las 15 nacionalidades presentes, la cadencia del español latinoamericano, sus variantes, sus soluciones para esquivar el inglés. Además participaron una brasileña, un noruego, una suiza y un alemán. También estuvieron en el grupo el promotor de arte Diego Casimiro y la soprano Alma Andiux. Y de Cuba siempre nos interesaron tres cosas: el campo, la monumentalidad de La Habana y el estoicismo de los ciudadanos, acostumbrados a sobrevivir con ingenio más allá del injusto y prolongadísimo bloqueo norteamericano. La isla de las cien mil columnas se está rehabilitando, palacetes y casas lucen recientes fachadas, se levantan hoteles y complejos turísticos, y, como escribió Pedro Juan Gutiérrez, el de la ácida Trilogía de La Habana, la gente está dispuesta a “resolver” el día a día con mucha picaresca. No se aprecia una transición política y la económica parece seguir el modelo chino hacia el desarrollo. Sin duda admirable el trabajo que la Revolución ha hecho en educación, sanidad y vivienda, se publica una enormidad de libros y a través de la UNEAC hay movimiento cultural en todas las provincias. Pero, aparte el despegue turístico, no hay cambios: ni la embajada de EEUU en La Habana tiene embajador ni, viceversa, tampoco hay embajador cubano en Washington. Cuando a un miembro del Partido le pregunté si en el futuro podría haber otra agrupación política distinta del PCC, frunció el gesto y respondió que eso se vería, como muy pronto, en veinte años.

En La Periquera de Holguín, en un acto organizado para los descendientes de canarios, el humorista Fito se atrevió a hacer una burla divertida y brutal de las carencias, la dificultad de viajar al exterior, la dificultad de comer carne de res, la dificultad de conseguir bienes. Y es que hay dos tipos de cubanos: los que utilizan el peso convertible, equivalente al euro, y los que se manejan en pesos tradicionales, el convertible equivale a 25 pesos tradicionales. Los salarios son bajos, unos 450 pesos cubanos, es decir, unos 20 euros, pero asoma una incipiente clase media asociada a los visitantes. Los funcionarios intermedios llegan a los 60 euros mensuales, forman la nueva clase emergente quienes alquilan cuartos en sus viviendas al lado de los pésimos y caros hoteles, la gente que monta restaurantes y paladares y que cobra en divisas. Y son los chinos los que proporcionan cientos de guaguas turísticas con aire acondicionado y WC a bordo, son los chinos quienes están colaborando. Las iglesias están abiertas y ahora Navidad es festivo, hay esculturas de san Juan Pablo II en la catedral habanera y en provincias, fue el papa que instó a Cuba a abrirse al mundo, y al mundo a abrirse a Cuba.  

España mandó tres millones y medio de emigrantes desde el siglo XVIII hasta la guerra civil. La aportación canaria fue considerable, hay omnipresencia de nuestros apellidos pero no existe un monumento ni una inscripción que recuerde ese aporte, solo quedan bisnietos y tataranietos de aquellos paisanos, entre los cuales La Palma fue isla con mucha representación, y notable dedicación al tabaco. Aquellos emigrantes procuraban casarse entre ellos, deseaban mantener el blanco de la piel, muchas veces eran matrimonios concertados entre las familias. Eran agricultores, gente austera, gente seria cuya palabra equivalía a un contrato. Los descendientes sienten la magua y el abandono, tras la crisis el gobierno regional ha reducido drásticamente las ayudas. El héroe nacional es José Martí Pérez, hijo de valenciano y de tinerfeña, aunque nunca se le incluye el segundo apellido. Claro que, en cuanto de identificas, muchos te recuerdan que su abuelo era isleño, o su bisabuelo, o alguien ya lejano que apenas conocieron. La embajada española cada mañana registra colas para obtener visados y nacionalidad a través de los antepasados, la burocracia hispano-cubana conlleva dosis de ineficacia y desidia. Quizá a la Revolución le fue rentable disminuir la importancia de los aportes hispanos y en cambio potenciar los elementos afroamericanos, las religiones de los antiguos esclavos, los elementos folklóricos, la santería, las danzas rituales. Pero la décima fue de acá para allá y de allá volvió, un claro componente de ida y vuelta. Igual que fueron y volvieron la música, el azúcar, el tabaco, el son, las habaneras, el espíritu de los indianos en el carnaval de Santa Cruz de La Palma y tantas otras cosas.

Lo mejor del viaje vino al final: la Sierra del Rosario y Pinar del Río, hermoso territorio. Cuba padece una larga sequía pero se están instalando plantas desalinizadoras en los lugares turísticos y sobre todo en Santiago, la ciudad oriental. Los viejos coches norteamericanos, reparados con primor, han sido rehabilitados como taxis, pero ahora hay vehículos recién importados de Francia y de Corea, existe una cierta fiebre de la construcción, se nota que el dinero empieza a aflorar. Hacia el aeropuerto nos llevó un licenciado en veterinaria metido a taxista, 32 años, en un chirriante Ford negro de 1951; como la necesidad aprieta, nos cobró por debajo del precio habitual. Al salir de la capital nos dijo: “Eso es El Cerro, lo peor de La Habana, gente mala, delincuentes”. ¿Y eso es posible en un sistema igualitario como el que tienen ustedes?, le preguntó Rosario Valcárcel. “Tenemos un sistema igualitario entre comillas”, respondió con cierta tristeza. Debe ser que los paraísos no existen.

lunes, 15 de mayo de 2017

Manuel Almeida, Dragaria y los escritores canarios


La literatura hecha en Canarias es territorio mestizo como nuestro lenguaje, que siente la vocación caribeña. Hay dos modelos del español: el de Valladolid y el de Sevilla. Nosotros, como América, seguimos la pauta de Sevilla y tenemos la impregnación atlántica en nuestro lenguaje cotidiano, claro que no practicamos el barroquismo exaltado de los latinoamericanos, ejercemos un curioso barroquismo, por ocultación, y un sentido irónico de la vida, a la inglesa. Hay nuevos escritores y publicaciones, algo parecido surgió en los 70 cuando vino la primera generación narrativa. Hay talleres literarios de los que cada año sale una hornada de jóvenes y menos jóvenes con ilusión por publicar. Todo esto es legítimo, pues la escritura se ha democratizado. Ojalá no se sientan con prisa, la literatura no es una carrera de cien metros lisos sino que más bien es una carrera de fondo, casi una maratón. Para escribir primero hay que vivir intensamente, luego es preciso leer y rumiar las palabras, no quedarse contento, reelaborar una y otra vez.

Manuel Almeida es un todo terreno: músico, novelista, periodista, bloguero, poeta, autor de cuentos y microrrelatos, polifacético luchador de la palabra que emprende la publicación de www.dragaria.es, un periódico digital de calidad dedicado a divulgar las letras y las artes de aquí. Publicó una novela bastante digna, Tres en raya, así como un libro de microrrelatos, El líder de las alcantarillas. Atrás, en 1990 era partícipe de Nueva Semilla, un grupo que hacía música con raíces literarias, con identidad, y que versionó a poetas de la tierra. Como bloguero obtuvo seis premios internacionales, y lo que sigue pretendiendo es escribir, crear y comunicar apasionadamente. Maneja las nuevas tecnologías y tiene una virtud esencial: está dispuesto a hablar de los demás, a trabajar por difundir a los demás. Esta muestra de generosidad no es frecuente en el mundillo cultural, donde más de una vez chocan los egos, la lucha sin cuartel por ocupar un espacio. En Dragaria ha creado un buen equipo, con la inquieta Maite Martín y otros colaboradores. El producto es variado y globalizador.

Desde las Endechas a la muerte de Guillén Peraza, 1447, se ha construido un cuerpo con especificidades, que ya enumeró Valbuena Prat en los años veinte del siglo pasado. Esta latitud y este aislamiento generan una mirada distinta. Probablemente aquí la vida sea percibida desde una conciencia de desamparo, soledad y dramatismo inherentes a nuestra historia, aunque todo ello está matizado por el sentimiento irónico y el ejercicio humorístico. Nos afectan tanto la insularidad como el eclecticismo, territorio de ida y vuelta en el Atlántico, el ensimismamiento pero también el cosmopolitismo y la vocación de conectar con las vanguardias. Cairasco, Viana, Viera y Clavijo, Clavijo y Fajardo son figuras esenciales. Con el Romanticismo se exalta el pasado prehispánico, la mitología del guanche como “buen salvaje”, y nace un sentimiento nacionalista. A finales del XIX surge en Tenerife la Escuela Regionalista, fundamentalmente poética. Es el momento de trasterrados como Angel Guimerá y Pérez Galdós.

En el tránsito del XIX al XX llega la poesía; Domingo Rivero con su Oda a mi cuerpo, Tomás Morales, Alonso Quesada y Saulo Torón. También hay cultivadores de la novela y el teatro desde perspectivas costumbristas (los Hermanos Millares, Angel Guerra, Leoncio Rodríguez, Benito Pérez Armas). Hacia 1920 se anuncia una nueva literatura con Gaceta de Arte, Agustín Espinosa con Crimen, el mejor narrador surrealista español, y Pedro García Cabrera en poesía, además de Gutiérrez Albelo, Pérez Minik y Eduardo Westerdahl. Para Gaceta la insularidad es un gozo y las islas un territorio que permite la observación del mundo, un lugar para absorber y digerir, y devolver la mirada. En 1947 la Antología Cercada da la voz a Lezcano, Agustín y José María Millares, Ventura Doreste, Angel Johan. La Generación del Medio Siglo ahonda en la tradición, y así llegamos a la novela. Los fetasianos son frutos del silencio y el vacío, generan una literatura casi hermética, repleta de símbolos, pues no escriben a la manera del realismo social sino que beben en los existencialistas franceses y alemanes, Kafka, Beckett, el absurdo. Luego el archipiélago cambió: desde sociedad rural a los servicios turísticos.

Las islas son un borbotón de creación en diversos campos pero el consumo de esos productos culturales es insuficiente, y la desvertebración se agrava con el intento de reinstaurar a diario el pleito insular. La literatura de aquí es comparable a la que se genera en comunidades de población similar, pero estamos lejos de los centros de poder. Desde Galdós ningún insular ha entrado en la Academia, será muy difícil que alguien lo consiga; quizá sea porque a los nuestros se les pone un techo en la Península, no se les toma demasiado en serio. A los canarios que viven en Madrid se les valora más como comunicadores que como escritores. A mí en Correos de Torrelodones cuando iba a poner una carta a veces me preguntaban ¿Las Palmas de Gran Canaria es España? Y alguien me lo resolvió cuando un financiero me explicó que Canarias no es España, Canarias es un tercer país. Es aquello de que estamos demasiado cerca para ser exóticos y demasiado lejos para que se pueda llegar en autopista. Como sociedad con identidad confusa, que pasó del neolítico al renacimiento de una tacada, ha existido y existe un cierto síndrome colonial. Perdida Cuba, perdido Puerto Rico y las Filipinas nos quedamos como el último resto del imperio, la España de ultramar en la que el gobierno central estuvo ausente largo tiempo mientras dominaban los británicos con sus bancos y sus consignatarias, ellos trajeron el plátano y el tomate, la innovación y el progreso. Recuerdo a Rafael Arozarena quien, cuando se hizo la película sobre Mararía, recibió la llamada de Alfaguara y yo le comenté: Rafael, tienes que publicar allá, para que te conozcan en Bilbao y Zaragoza. A lo que él replicó “¿Y qué diablos me importa a mí que me conozcan en Bilbao y Zaragoza? Publico solo en Tenerife.”

El avión es el invento que nos permite indagar en el mundo. Los insulares le estamos infinitamente agradecidos.
(Foto: Manuel Almeida, obtenida de www.dragaria.es)

sábado, 13 de mayo de 2017

Entrevista a Luis León Barreto en la revista Dragaria

https://dragaria.es/luis-leon-barreto-escritor-francotirador/

Este es el enlace para leer la reciente entrevista publicada en www.dragaria.es, hecha por su director, Manuel Almeida

viernes, 12 de mayo de 2017

La soledad, enfermedad de nuestro tiempo


La realidad cotidiana señala que nuestra sociedad se vuelve cada vez más competitiva e individualista y ello tiende a generar gente que vive desconectada del resto. El modelo que padecemos hace que los jóvenes difícilmente hallen trabajo digno, que la gente de mediana edad padezca depresiones cuando ha perdido su ocupación y ya no hay ofertas para su tramo de edad, y, como el modelo de familia ha cambiado, los mayores se vean encaminados a vivir al margen. La población envejece y no hay reemplazo, en España hay cuatro millones de personas que padecen la marginalidad de vivir solos porque no les queda otro remedio. En Canarias, donde en otro tiempo hubo una natalidad poderosa, siguiendo la pauta de otros lugares los jóvenes se casan tardíamente y apenas quieren tener hijos. Lejanos están aquellos tiempos de los premios de natalidad que solían beneficiar a parejas de las islas y Andalucía, en el sur de Gran Canaria había matrimonios que llegaban a tener 20 y 22 hijos con tal de conseguir el premio que brindaba el franquismo, generalmente una vivienda. Era la política natalista del antiguo régimen, qué tiempos aquellos. Luego vino un presidente llamado Rodríguez Zapatero que extendió con alegría aquello del cheque-bebé, que duró muy poquito porque la crisis ya aparecía en el horizonte y no había presupuesto suficiente.
¿Es la soledad una enfermedad social que arrecia en estos años? Todo parece indicar que sí. Las estadísticas dicen que las personas que viven al margen tienen peor salud, se incrementan las enfermedades cardiovasculares, aparece la obesidad y una menor resistencia a las infecciones. Bajan las defensas, el sistema inmunitario se debilita. La soledad hace que la autoestima baje, la persona sale menos a la calle, se autorrecluye, tiene pocas ganas de ver la vida con otra mentalidad. El consumo de sedantes y de pastillas para dormir se dispara año tras año. Los parados de larga duración y buena parte de los pensionistas padecen depresiones. Las consultas de los siquiatras y de los sicólogos se llenan de personas con problemas de difícil solución, y bien sabemos que el consumo de ansiolíticos no resuelve la cuestión.
Nuestro modelo social está expulsando no solo a los jóvenes, que apenas encuentran oportunidades, sino a la gente de mediana edad que por los reajustes pierde el trabajo y, por supuesto, a los mayores. Los lazos familiares se debilitan, el modelo tradicional se viene abajo. El desarraigo y el abandono ganan terreno. Las predicciones señalan que las nuevas generaciones no van a tener la calidad de vida que disfrutaban sus padres; los sueldos bajan, los divorcios se incrementan, las familias tienden a la desintegración. El sistema se desmorona, hoy los jóvenes conviven sin casarse o lo hacen muy tardíamente, a menudo las españolas tienen sus hijos con más de 35-40 años, si es que los tienen. El matrimonio de antes se ha ido al garete, nadie podía prever que los homosexuales y las lesbianas pudiesen casarse con todas las de la ley, y las familias monoparentales se disparan. En el franquismo no existía la posibilidad de contraer matrimonio civil, era el matrimonio ante el altar el que estaba reconocido oficialmente.
Se nos han venido encima muchas crisis juntas, dentro de un gran acelerón de acontecimientos. A pesar de la hipercomunicación, a pesar de todas las redes sociales, a pesar de los guasaps y de todas las ventajas tecnológicas, podemos sentirnos tan desarraigados como nunca antes. O quizá, incluso, más desamparados. Puedes tener cinco mil amigos en Facebook y a la hora de la verdad nadie viene en tu ayuda si entras en bajona, puedes tener amigos en Chile o Nueva Zelanda y ni siquiera conoces al vecino que vive en la puerta de al lado. Las redes sociales cumplen un doble papel: permiten a personas con dificultades sociales relacionarse mejor o mantener un vínculo, de hecho su utilización es mayor entre las personas que viven solas que las que no. Pero a la vez, y según el uso, generan una falsa sociabilidad, sobre todo entre los jóvenes, y en el momento de la verdad no ofrecen compañía. Podemos tener contactos en lugares muy lejanos, y olvidamos que lo mejor es encontrarte con personas de tu entorno. Al final lo que importa es la proximidad, hablar, conocerse de cerca, solo así surge la calidad relacional; es la gente que vive cerca de ti, a la que ves, la que te hace sentir acompañado.  
Te levantas una mañana, firmas el divorcio y los hijos y los amigos de la pareja ya no quieren saber de tu vida. No tener un papel activo aísla a quienes lo padecen, y destruye a muchas personas, el paso extremo lleva a vivir en la calle, ya sin vínculos familiares, cayendo en el alcoholismo y en otras dependencias malsanas. Las crisis afectivas son frecuentes, las circunstancias ambientales no son las más propicias. Por consiguiente la tentación del suicidio está al acecho, también en las islas se dan casos que afortunadamente ya no ejercen el efecto llamada, puesto que los medios de comunicación tienden a silenciarlos discretamente. La pérdida de la calidad de vida origina un gran  impacto en la salud. Se ha demostrado que está asociada al aumento de enfermedades cardiovasculares, neurodegenerativas, obesidad, y a una menor resistencia a infecciones.
Estudios recientes señalan que se puede estar socialmente aislado y no sufrir soledad, así como también se da el caso contrario: estar socialmente acompañado y padecerla. De hecho, casi un tercio de los españoles que viven aparte afirmaron no sentir el problema y eran incluso más sociables que las personas que viven en compañía, frente a una mayoría que aseguraba haber tenido ese sentimiento en algún momento pese a convivir con alguien. Quizá la peor soledad es la que se vive en compañía, por lo que hay que diferenciar entre los solitarios obligados y los voluntarios. Según los expertos, las personas que viven solas seguirán creciendo. Ello tiene que ver con el cambio en los estilos de vida, por ejemplo la decisión de vivir en pareja cada vez se retrasa más. Antiguamente padres e hijos moraban en la misma ciudad o pueblo y era más fácil cuidarse o vivir juntos. Ahora muchos hijos se van a vivir fuera; en definitiva imitamos el modelo norteamericano, cada cual a lo suyo.