viernes, 2 de diciembre de 2016

La Navidad de Francisco Tarajano

ANHELOS

Que en estas Navidades
padres y madres
amasen pan y paz
en sus afanes,
y, como flores,
rebroten bien bonitas
las ilusiones.

Que en estas Navidades
niñas y niños
gusten los bienmesabes
de los cariños.
Camas y cunas
se abriguen con ensueños
y dulzuras.

Que en estas Navidades
todos los pueblos
puedan expresar libres
sus sentimientos.
Con libertad
reflorecen las ansias
de ser y estar.

Que en estas Navidades
lluevan las dichas
en todos los caminos
de nuestras Islas.
Del Nublo al Teide
revuelen las folías
de los quereres.

Que en estas Navidades
no muera nadie
por misiles, fusiles,
bombas y hambres.
Que nadie llore
por malvados mandatos
de crueles hombres.

Que en estas Navidades,
y ojalá siempre,
se respeten y hermanen
todas las gentes.
De paz y amor
caiga día tras día
un chaparrón.

Que en estas Navidades
de gracias goces
y de seres felices
escuchen voces.
Nunca jamás
te aturdan los berridos
de la maldad.

Bendita la bondad
que engendra paz.
Benditos los bordados
de la amistad.
Gocen los pueblos
de la fértil amistad
de seres buenos..

(Francisco Tarajano, poeta grancanario de 92 años, ha sido profesor y su obra recoge la sabiduría popular y el sentir de las islas. Cada Navidad elabora un poema para felicitar a toda la gente.)

jueves, 1 de diciembre de 2016

El poeta Domingo Rivero: la magua insular

 
La poesía es la manifestación literaria más constante en la historia de las islas. La poesía de aquí contiene dosis de filosofía, de geografía, de esa humor melancólico y de esa magua consustancial a nuestro pueblo, esa mirada aislada y cosmopolita a la vez. El célebre poema Yo a mi cuerpo, de Domingo Rivero, es el lamento del hombre que se sabe limitado y mortal y lo expresa con una tal rotundidad que ha escrito uno de los mejores poemas de la lengua española, y sabido es que el Museo Domingo Rivero en la calle Torres se ha configurado como un escenario imprescindible para las letras canarias: allí van libros, allí poetas, allí debates, actos musicales y exposiciones. Un empeño puesto en pie por su nieto el periodista José Rivero, en base a la estricta independencia, una actividad privada que es rara avis en la cultura local, un escenario privilegiado para los encuentros y los debates que mantiene con independencia de los poderes institucionales. Y gracias también a la generosa visión de escritores y ensayistas como Lázaro Santana, Jorge Rodríguez Padrón, Eugenio Padorno y Manuel Padorno las nuevas generaciones pudieron recuperar voces de poetas imprescindibles de los que apenas teníamos alguna mención marginal.

He aquí un poema perfecto: ¿Por qué no te he de amar, cuerpo en que vivo?; / ¿por qué con humildad no he de quererte, / si en ti fui niño, y joven, y en ti arribo, / viejo, a las tristes playas de la muerte? Es Rivero un poeta con una obra casi invisible, por su brevedad, por no haber publicado libro alguno durante su vida y por haber vivido en una isla lejana. En palabras de Francisco Brines, “estamos ante un poeta de tanta honestidad como modestia, y todo sabe en él a veraz. Se despierta en el lector entonces un natural y cálido acercamiento.”  Y Antonio Henríquez Jiménez se lamentó en www.bienmesabe.org de que la gran mayoría de los poetas canarios son desconocidos fuera de las islas. Señaló que muchos de los poetas, novelistas, dramaturgos, ensayistas, periodistas, etc., que desde finales del XIX hasta acabado el siglo XX aparecían una y otra vez en la prensa, revistas, estudios, etc., son hoy unos perfectos desconocidos. La mayor parte de ellos estaba allí porque tenía amigos que los bombeaban, o porque su escritura estaba de acuerdo con la manera de pensar general, y no ponían en peligro la honorabilidad de los estamentos de la sociedad. Lo mismo pasa hoy. Se ensalzan películas cuyo elevado coste hay que reembolsar; se ponen en el cielo de la fama poetas y novelistas infumables; etc.
Personalmente, no de los textos que prefiero de este gran poeta lleva por título Viviendo, y es una descripción de lo cotidiano en aquella Vegueta silenciosa y dormida en la que le tocó vivir, aquel barrio histórico beatífico y sepulcral que nos cuentan las crónicas de Alonso Quesada. Rivero se asienta allí después de haber habitado en otras ciudades: Madrid, Sevilla, París, pero sobre todo hemos de contar sus años en Londres. Tuvo una vida pequeña de funcionario judicial, un austero escenario frente al Atlántico, una visión ensimismada y contemplativa de la existencia humana, vista desde la ventana de una pequeña ciudad lejana y esquiva: Mi oficina da al mar. Desde la silla / donde hace treinta años que trabajo, / las olas siento en la cercana orilla / de las ventanas resonar debajo. Rivero solo publicaba algún texto suelto en los periódicos de la época, y con todo ello fue un autor que intentó pasar desapercibido en medio de una sociedad pacata, hipocritona, poco dada a las manifestaciones del espíritu. Y mientras se deshacen en espuma, / en la playa al batir, constantemente, / yo en mi triste labor muevo la pluma / y crecen las arrugas en mi frente. Una poesía doméstica, humilde, con un deje existencialista, una desnudez y un ascetismo a lo Antonio Machado: A veces sobre el mar pasa una nave / que se pierde a lo lejos como un ave / que empuja el viento del Destino esquivo… Tras la temprana muerte de su hijo Juan, el poeta se mete todavía más en su cascarón de decepciones y renuncias. Su referencia a la muerte es constante, y así lo apreciamos en los tres últimos versos: Son emigrantes. ¿Volverán? ¡Quién sabe! / Cuando su lucha por la vida acabe / yo trabajando seguiré si vivo.

Nacido en 1852, en la vida de Rivero hemos de constatar algunos hechos significativos, todos ellos en sus últimos años de vida. Así en 1922 se publica en la revista La Pluma de Madrid el maravilloso soneto Yo, a mi cuerpo. Como síntoma de la precariedad de su época, se jubila el 19 de julio de 1924, nada menos que con 72 años cumplidos. Tres años después, en 1927, comienza a trabajar en la posibilidad de publicar una selección de sus poemas, pero el día de San Juan del año siguiente fallece su hijo Juan, y con ello abandona su propósito de publicar el que habría de ser su primer libro. Arrastrado por esa fatalidad, apenas un año después, en la madrugada del 7 al 8 de septiembre de 1929 muere el autor en su domicilio de la calle Torres, actual sede del Museo.

Recientemente la escritora Victoria Oramas dio a conocer Tú, a tu cuerpo, un texto teatral que constituye su inteligente interpretación del extraordinario soneto que le ha dado fama al poeta, y, como dijo Rosario Valcárcel en el acto de la presentación, construye un territorio de creación y reflexión mediante un diálogo existencialista, un monólogo dialogado entre Domingo, hombre ya mayor, indefenso y profundamente humano, y su hijo Juan fallecido cuando era joven. El padre se sorprende del hecho de esa muerte temprana a lo largo de una pieza breve, en la que la autora nos habla de la melancolía ante la fugacidad de la existencia, y el dolor ante la certeza de la muerte. Victoria Orama Montañez, (Santa Cruz de Tenerife, 1977), profesora de Lengua y Literatura, ha obtenido reconocimientos como autora de relatos y autora teatral, fue laureada en el Festival de Monólogos 2016 y también recibió el premio internacional de teatro de autor Domingo Pérez Minik, en 2012. El libro lleva ilustraciones de Alicia Pardilla, estamos ante una obra sobria y que indaga en lo existencial, un maridaje entre la lírica y la escena resuelto con eficacia.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

El novelista Eduardo Mendoza, Premio Cervantes



El novelista Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) ha ganado el Premio Cervantes de 2016. El jurado estima que "con la publicación en 1975 de La verdad sobre el caso Savolta, inaugura una nueva etapa de la narrativa española en la que se devolvió al lector el goce por el relato y el interés por la historia que se cuenta, que ha mantenido a lo largo de su brillante carrera como novelista". Los escritores de España han ganado el premio en 22 ocasiones, México en 6, Argentina, 4; Chile y Cuba, 3; Perú, 1; Colombia, 1; Uruguay, 1; Paraguay, 1. Cuatro mujeres lo han ganado. (Tomado de El País)

TODOS LOS GALARDONADOS

 
 

domingo, 27 de noviembre de 2016

La literatura juvenil, a debate


Como se puede comprobar en los listados de libros más vendidos que aparecen en Internet, los términos de literatura infantil y juvenil están profundamente unidos en el panorama editorial español. Si a esto añadimos que muchos piensan que la literatura juvenil es un fenómeno inexistente fruto de los mercados y las editoriales, nos damos cuenta de lo difícil que es analizarla por separado.

Con la obra Matilda, de Roald Dahl pasa algo muy curioso. Es uno de los 100 mejores libros juveniles de todos los tiempos, según la revista Time y sin embargo ese libro, y en general toda la obra de Roald Dahl (con cuya mención le homenajeamos en el centenario de su nacimiento), es muy leída también por adultos. En ocasiones así, las etiquetas pueden estar de más y en literatura, como vemos en este caso, únicamente son útiles para distribuir los libros en las librerías.

Lo que no podemos negar es que la literatura juvenil está creciendo en estos últimos años: Los juegos del hambre, Hush Hush, El teorema Ktherine, Ciudades de papel, El corredor del laberinto, Las luces de septiembre, Melocotón loco, Bajo la misma estrella, Divergente, Cazadores de sombras son algunos de los libros más vendidos. Constantemente nos bombardean con abundante número de títulos y propuestas de nuevas colecciones que dan gran dinamismo a este sector. En esto tienen mucho que ver los autores porque a los consagrados a la literatura juvenil como Jordi Serra i Fabra, Alfredo Gómez Cerdá, Andreu Martín, Care Santos, Enric Lluch o Fernando Marías se han unido nuevas promesas como Felipe Juaristi, Laura Gallego, Gonzalo Moure y otros muchos más que habitualmente escriben para adultos, pero que han visto grandes posibilidades en este mercado: José María Merino, Rosa Montero, Marina Mayoral o Gustavo Martín Garzo.

Según el Ministerio de Cultura en su informe sobre la literatura infantil y juvenil del 2007 el sector más difícil es la población juvenil, de 12 a 17 años, por sus especiales características de desarrollo y socialización y las preferencias de ocio entre los jóvenes”. Ya tenemos el baremo de edad de los consumidores de literatura juvenil. Dicho informe añade: “A los jóvenes les interesan las lecturas de entretenimiento y aventuras y aquellas cuyo contenido tienen relación con sus problemas y su psicología”. A tenor de esta afirmación, nos damos cuenta de que no podemos decir que la diferencia entre literatura juvenil y la de adultos difiera en los temas ―que al final son los mismos grandes temas de todos los tiempos: el amor, la guerra, el poder, las injusticias etc.― sino en las características de los elementos narrativos, como señala Silvia Adela Kohan en su libro “Escribir para niños”. Si hojeamos cualquier libro de los citados anteriormente, podemos comprobar que los personajes son perfilados para que se identifiquen con el público al que va dirigido; la interiorización psicológica disminuye en favor de la acción y los géneros narrativos se entrecruzan y fusionan.

¿Y los jóvenes, qué libros leen en el periodo escolar? ¿Leen los que están dirigidos a ellos y son actuales? En este periodo de la Educación Secundaria es donde los alumnos tienen el primer contacto con la asignatura de Literatura y es el momento en el que abordan a los principales autores y las obras maestras de nuestras letras. Con el tradicional corpus de obras clásicas, estamos viendo que no se consiguen los índices de lectura deseados, más bien todo lo contrario: desciende el interés por la lectura, pues enseguida el alumno asocia esas obras a una imposición del profesor. En vista de ello, sería interesante contar con esta literatura juvenil en el currículo escolar, ya que tanto por su forma como por su contenido puede llegar con mayor facilidad a este sector de la población. Pedro Cerrillo en su artículo “Educación literaria y canon escolar” afirma lo siguiente:

Todo canon escolar de lecturas debiera estar formado por obras y autores que, con dimensión y carácter históricos, se consideran modelos por su calidad literaria y por su capacidad de supervivencia y trascendencia al tiempo en que vivieron, es decir, textos clásicos. Pero, junto a ellos, pueden incluirse en un canon otros libros, de indiscutible calidad literaria, que no hayan alcanzado esa dimensión de “clásicos” porque no ha pasado aún el tiempo necesario para que sea posible ese logro”.

Ahora viene el mayor problema: elegir los libros que formen el corpus literario escolar. Deberían tener unas determinadas características para cumplir un objetivo fundamental: facilitar el hábito lector. Para ello, competencia lectora y adecuación del léxico tendrían que ir de la mano. Habría que lograr un progresivo perfeccionamiento verbal de los alumnos para lo que se debe apostar por una gradación en la dificultad del léxico de las obras literarias elegidas y también en la complejidad temática, estilística y narrativa.

Esta literatura prepararía al alumnado para dar el paso hacia los grandes clásicos. Actuaría como una literatura de transición que, además, propondría un diálogo más o menos inteligente entre libro y lector. Para ello, habría que trabajar con actividades planteadas después de la lectura para comprobar el nivel de comprensión. Así se uniría el placer estético a la finalidad didáctica.

También debería ser una literatura basada en la experiencia, capaz de mostrarles conflictos propios de la juventud y la forma de resolverlos. Si la obra es de suficiente calidad, conseguirá que el joven y su entorno se identifiquen con los personajes literarios y así, ofrecerles una educación literaria más que una enseñanza de la literatura.

Y, por último, esta literatura tendría que huir de tabúes y moralinas. La necesidad interior del escritor por contar determinada historia y que todos los temas tratados con veracidad, rigor y calidad tuvieran su espacio sería lo que debería primar en la balanza.

Lo que está claro es que los índices de competencia lectora de los estudiantes españoles están a la baja, según se demuestra en el informe Pisa de 2012. Algo habrá que hacer si con la lectura de los clásicos, en la cual sin duda debe sustentarse la formación humanística de nuestros jóvenes, no acertamos. Ahora viene muy a cuento esa anécdota que corre por Internet sobre Borges acerca de cómo una estudiante le preguntó que qué podía hacer si Shakespeare la aburría:

“No hagas nada, simplemente no lo leas y espera un poco. Lo que pasa es que Shakespeare todavía no escribió para vos; a lo mejor dentro de cinco años lo hace.”

Por lo tanto quizás, mientras les llega la hora de tener madurez de pensamiento y capacidad de análisis para disfrutar de esas obras, sea posible dar cabida en las aulas a esa emergente literatura juvenil.
 
(De www.serescritor.com, artículo de Manu de Ordoñana, Ana Merino y Ane Mayor)

sábado, 26 de noviembre de 2016

4 poemas de Antonio Colinas

Antonio Colinas (León, 1946) recibió recientemente el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, y anteriormente ganó el Nacional de Literatura en 1982. Partidario de una "poesía esencial" de evocación clasicista y con apego a la tradición, cree que la poesía no va a ser desbancada por nuevas formas expresivas. Poeta, novelista y ensayista es una de las voces más reconocidas de la poesía española contemporánea.


Simonetta Vespucci

Il vostro passo di velluto
E il vostro sguardo di vergine
violata.
Dino Campana


Simonetta,
por tu delicadeza
la tarde se hace lágrima,
funeral oración,
música detenida.
Simonetta Vespucci,
tienes el alma frágil
de virgen o de amante.
Ya Judith despeinada
o Venus húmeda
tienes el alma fina del mimbre
y la asustada inocencia
del soto de olivos.
Simonetta Vespucci,
por tus dos ojos verdes
Sandro Boticelli
te ha sacado del mar,
y por tus trenzas largas,
y por tus largos muslos,
Somonetta Vespucci
que has nacido en Florencia.


Giacomo Casanova acepta el cargo de bibliotecario que le ofrece, 
en Bohemia, el Conde de Waldstein
 
Escuchadme, Señor, tengo los miembros tristes. 
Con la Revolución Francesa van muriendo 
mis escasos amigos. Miradme, he recorrido 
los países del mundo, las cárceles del mundo, 
los lechos, los jardines, los mares, los conventos, 
y he visto que no aceptan mi buena voluntad. 
Fui abad entre los muros de Roma y era hermoso 
ser soldado en las noches ardientes de Corfú. 
A veces, he sonado un poco el violín 
y vos sabéis, Señor, cómo trema Venecia 
con la música y arden las islas y las cúpulas. 
Escuchadme, Señor, de Madrid a Moscú  
he viajado en vano, me persiguen los lobos 
del Santo Oficio, llevo un huracán de lenguas 
detrás de mi persona, de lenguas venenosas. 
Y yo sólo deseo salvar mi claridad, 
sonreír a la luz de cada nuevo día, 
mostrar mi firme horror a todo lo que muere. 
Señor, aquí me quedo en vuestra biblioteca, 
traduzco a Homero, escribo de mis días de entonces, 
sueño con los serrallos azules de Estambul.
 
Escalinata del palacio

Hace ya mucho tiempo que habito este palacio.
Duermo en la escalinata, al pie de los cipreses.
Dicen que baña el sol de oro las columnas,
las corazas color de tortuga, las flores.
Soy dueño de un violín y de algunos harapos.
Cuento historias de muerte y todos me abandonan.
Iglesias y palacios, los bosques, los poblados,
son míos, los vacía mi música que inflama.
Salí del mar. Un hombre me ahogó cuando era niño.
Mis ojos los comió un bello pez azul
y en mis cuencas vacías habitan escorpiones.
Un día quise ahorcarme de un espeso manzano.
Otro día ma até una víbora al cuello.
Pero tiempre termino dormido entre las flores,
beodo entre las flores, ahogado por la música
que desgrana el violín que tengo entre mis brazos.
Soy como un ave extraña que aletea entre rosas.
Mi amigo es el rocío. Me gusta echar al lago
diamantes, topacios, las cosas de los hombres.
A veces, mientras lloro, algún niño se acerca
y me besa en las llagas, me roba el corazón.
 
 
Cita con una muchacha sueca entre el Sena y los Campos Elíseos

Mis ojos eran dos nostálgicas panteras.
¿Cómo era aquella luz que endiosaba mis horas?
Agria luz esmeralda del Ganjes y del Nilo.
La luz de las manzanas salpicadas de lluvia.
La luz que hay en las puertas con picaportes de oro.
La luz que hay en los párpados de las águilas muertas.
Yo esperaba tus ojos con ojeras violáceas
mientras callaban todas las fuentes y en el cielo
mastines de azabache olfateaban las nubes.
(Qué festín el del cielo, qué gran fruto podrido)
Escuchando la lluvia que cesaba en los techos
de cinc, con los cabellos mojados, olorosos
aún por los pinares del Grand Bois de Boulogne,
-las manos escocidas de remar en el lago-
esperando en el pórtico umbroso del museo,
con los pies en la alfombra llena de vino y faunos,
quieto entre las columnas, pálido, distraído
por el gas enfermizo de aquel primer farol,
y por los carruajes, fúnebre y aristócrata
como un poeta inglés de la Romantic Revolt,
pensando en los abetos de tu país al alba,
sonriendo tristemente por no llorar tu ausencia,
cercando con mis dientes tu nombre -Kerstin, Kerstin-
mis ojos como dos nostálgicas panteras
esperaban tus ojos entre los matorrales.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Postal desde Hydra, Grecia, en recuerdo del gran Leonard Cohen

Estas pequeñas islas griegas fueron un regalo de los dioses. Patria de los trotamundos, en una de ellas recaló el gran Cohen en los tiempos en que amaba a la nórdica Marianne, y hasta allí seguimos su rastro hace unos cuantos veranos. Gloria eterna  Resultado de imagen de hydra grecia fotos grandes