

Conocido el autor gracias a la
adaptación cinematográfica de Zhang Yimou, Sorgo rojo (1987) es
una novela sobre la familia, el mito y la memoria, en la que fábula e historia
se unen para crear una ficción cruel, violenta y tierna en ocasiones. Está ambientada
en una zona rural, arranca con la invasión japonesa de los años treinta, y
cuenta, a lo largo de cuarenta años, la historia de tres generaciones. De
inicio nos presenta al comandante Yu y la joven Jiu’er, obligada a casarse con
el hombre que su padre ha dispuesto: un viejo leproso muy rico, que posee una
destilería. El sorgo, un cereal utilizado como ingrediente de un potente vino,
era en tiempos de paz centro y símbolo de la vida campesina. En tiempos de
guerra, se convierte en el centro de la lucha por la supervivencia.
“El sorgo rojo que parecía un mar de
sangre, cuya alabanza he cantado una y otra vez, se ha ahogado en una riada
rabiosa de revolución y ya no existe, reemplazado por el sorgo híbrido, de
tallo corto, espigas apretadas y follaje espeso, que se cubre de un polvo
blanquecino y tiene barbas tan largas como la cola de un zorro. Rinde mucho y
tiene un gusto amargo, astringente, y es causa de un estreñimiento rampante.
Con la excepción de los cuadros que están por encima del secretario local,
todas las caras de los aldeanos tienen el color del hierro herrumbrado.
Dios, cuánto desprecio al sorgo híbrido
(página 513)”
A los 26 años publicó su primera
novela, Lluvia en una noche de primavera. En 1984 obtuvo un puesto
en la Escuela de Arte y Literatura del Ejército. En 1996 publicó Grandes
pechos amplias caderas, donde la historia de China es vista a través de los
ojos de una mujer, libro prohibido por las autoridades de Pekín. El
11 de octubre del año pasado se convirtió en Premio Nobel. Se comentó entonces
que su galardón significaba la victoria de la literatura sobre la política. Se
pensó también que su triunfo era una réplica al Nobel del 2000, ganado por el
disidente chino Gao Xingjian, con nacionalidad francesa.
Una gran novela sí, la leí hace muy poco y me impresionó, hablamos aquí de palabras mayores, de grandes obras. Pensé cuando la leí en García Márquez pero también en Tolstoy, un gran descubrimiento.
ResponderEliminarUn saludo