
El periódico The New York
Times se refirió a Foster Wallace como “una extravagancia maníaca, humana e
imperfecta”. Un tipo que muy joven destacó en el tenis, un autor excesivo, un
genio precoz que exhibe su humor negro, su crítica acerada contra las grandes
multinacionales que nos dirigen en la sombra. Profesor universitario (hay que
ver cómo miman a los escritores en EEUU, cuyas universidades no tienen el menor
temor a enrolarlos en cuanto destacan un poquito), autor de diálogos ingeniosos
y consideraciones filosóficas sobre el arte y la vida, la revista Time dijo que
La broma infinita es una de las cien
mejores novelas publicadas en inglés entre 1923 y 2006. El padre de Wallace
informó que sufría depresión desde hacía más de 20 años, y que la medicación
antidepresiva le había permitido trabajar con eficacia. Pero la medicación le
generó efectos secundarios, dejó de tomar sus medicamentos y entró en caída
libre. En los meses previos a su muerte, este tipo tan extraño e innovador se
sintió cada vez peor. Hay que leerlo, sin falta.
-Hay que leerlo, sin falta-
ResponderEliminarLo leeremos. Y gracias por este espléndido trabajo.
blog-rosariovalcarcel.blogspot.com