Lo primero que habría que
decir es que Chat es un texto muy
serio. En estos momentos la novela negra tiene un desarrollo considerable entre
nosotros, se trata de un género que indaga en los claroscuros de la sociedad, está
influenciado por el cine y la televisión, recoge el ritmo rápido del thriller,
permite hacer crítica social y es esencialmente urbana. La novela negra se
nutrió en el submundo de las grandes ciudades después de la depresión
norteamericana de 1929, centraba el foco en lo peor de cada día y lo cierto es
que la crónica de sucesos de Canarias en estos años también es muy jugosa,
proporciona abundante sugerencias, hay muchos materiales en las páginas de los
periódicos, desde el tráfico de drogas a la muerte en pateras, al masivo caso
Kárate de abusos sexuales, la desaparición de Yéremi Vargas y Sara Morales, la
violencia de pandillas juveniles capaces de matar a las puertas de una
discoteca, sin olvidar la violencia doméstica, y sucesos perversos como el
crimen del contenedor y sus secuelas, así como oscuras venganzas que dejan
muertos misteriosos, sumarios judiciales que a veces se van directamente al
limbo porque tenemos una justicia lenta, tortuosa, una justicia para ricos y
una justicia para pobres, tan diferenciadas. Ya en los años 80 Jaime Rubio
Rosales escribió Misterio en Ripoche
Street, discípulo aventajado de Agatha Christie, y yo mismo, en el 88, di a
la luz Los días del Paraíso,
editorial Orígenes de Madrid, una novela que indagaba en venganzas, luchas de
poder y ajustes de cuentas en el sur turístico, que daban lugar a crímenes en
los que poco se llegaba a dilucidar.
La sociedad solidaria de los
años 60 y 70 se ha transformado en una sociedad neocapitalista competitiva,
agresiva y violenta. La violencia circula libremente por las grandes, las
medianas y hasta las pequeñas ciudades, todos tenemos un sano instinto de
supervivencia pero a veces los humanos disfrutan ejerciendo violencia innecesaria, y además la violencia
es un buen negocio, de ahí que España sea uno de los más importantes
exportadores de barcos de guerra y de armas, a los países árabes, a Venezuela,
etc. El ser humano lucha siempre entre el bien y el mal, y en cada uno de
nosotros pueden anidar impulsos de aniquilación que salen a flote de un modo
imprevisto. Claro que también hay personajes tan enfermos como el protagonista
de Chat, estupenda novela de
misterio, bien engarzada, que te atrapa y no tienes otro remedio que avanzar
página tras página hasta llegar a su final. Moisés cumple los rituales del
género: planteamiento, nudo y desenlace, y lo hace con soltura tras manejar una
importante documentación acerca de las prácticas policiales, incluso de las
divergencias policiales y la no siempre fácil coordinación de los distintos
cuerpos, así como las circunstancias en que la nueva generación se mueve en
internet, muchas veces participando en chats peligrosos, ya que la suplantación
de identidad está a la orden del día y además la perversidad humana no tiene
límites. Internet y los aviones son, a mi modo de ver, los grandes inventos del
siglo XX pero ambos son de cuidado. Sobre todo porque, si bien internet es la
gran enciclopedia de hoy, existe mucha gente dispuesta a suplantar, a
confundir, a acosar a víctimas inocentes. En este sentido la novela Chat es muy ejemplificadora, y merece no
solo una buena crítica sino, sobre todo, una buena difusión, que los lectores
la hagan suya. Está construida con un ritmo adecuado, secuencias bien desarrolladas,
personajes definidos y diálogos exactos, quizá algo reiterativos en ocasiones,
pero esclarecedores, capaces de conducir la acción al punto exacto en que el
autor la desea llevar.
Como es de rigor, hay una
paciente investigación que tropieza con múltiples dificultades, el asesino en
serie es un ser despiadado y cruel, atrapado en su infancia y su adolescencia
infeliz, pero también –como exigen los cánones– muy imaginativo, capaz de
plantear grandes dificultades a quienes intervienen en los sucesivos casos, esos
mujeres y hombres que han de hallar rápidas respuestas para evitar que la
muerte siga creciendo. Traza el autor con diligencia la trama, el estilo es
directo pero no por ello deja de detenerse en los detalles que intervienen en
la acción, los explica con suficiencia. Como decía, hay un trabajo de documentación,
existe un recorrido cuidadoso, un hilo narrativo coherente y cuando el lector
llega al punto final tiene la impresión de que le han desmenuzado los acontecimientos,
que le han ofrecido una explicación, que
los personajes han mostrado sus luces y sus sombras. En definitiva:
recomendable.






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