
Cuando me llevó a su apartamento en Kensington, me quedé impresionada por el gran ramo de flores con el que me recibió. Pero antes habían venido los aperitivos y después la cena, en un sitio tan exclusivo del centro, uno con estrella Michelín. Preciosa decoración y muchas exquisiteces. Yo estaba bien, habíamos encontrado ciertas afinidades, la charla era fluida y parecía un tipo agradable. En la cama fue cariñoso, me sentí con ganas. Lo peor sucedió a la mañana siguiente, cuando me mandó un guasap con un texto inadmisible. ¡Pues el cabroncete me decía que la cena le había costado 152 libras, las flores 42, los aperitivos 31, el champán francés 35 más! Total, 260. Así que me enviaba su cuenta corriente para que le ingresara las 130 esterlinas que le adeudaba, y de este modo quedáramos en paz de ahora para siempre. La verdad es que ni me lo puedo creer. “No estoy para perder tiempo y dinero a la vez”, me decía el muy capullo. ¿Por qué será que los tíos siempre acaban cagándolo?
(Ilustración: Chagall)
Jaja magnifico. Recuerdo uno que decia que las chicas de pago son mas baratas que las otras, porque entre restaurante regalos etc te gastas mas.
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