George
Grosz (1893-1959), pintor alemán expresionista, en su juventud hizo caricatura
para revistas satíricas. En 1913 se trasladó a París, donde entró en contacto
con las vanguardias, el cubismo y el futurismo, Goya, Toulouse Lautrec. Sus
formas se fueron simplificando. Se apunta como voluntario en el ejército
germano de la I Guerra
Mundial, pero se licencia dos años después. Empieza a pintar sobre el horror de
la guerra y el desplome moral de la sociedad. En 1919 se afilia al Partido
Comunista de Alemania y es detenido. Fue procesado por “incitación al odio de
clases, ofensa al pudor, vilipendio a la religión, injurias a las fuerzas
armadas,” etc. En Rusia conoce a Lenin y a Trotski. Mezcla cubismo y futurismo
y comienza a reflejar dibujos caricaturescos y visiones urbanas apocalípticas.

En
1932, con el nazismo en auge, su obra pasa a ser definida como “arte
degenerado” y recibe el título de “bolchevique cultural número uno”. Ante el
ambiente de crispación y los ataques que recibía por los dirigentes nazis al
año siguiente emigra a EEUU. La II Guerra
Mundial lo hace volver a su pesimismo y a su crítica social. Regresa a su país
en 1958 y muere por una caída frente a su casa.
En
la historia del arte se le vincula con la Nueva Objetividad. El crítico
G. F. Hartlaub, a raíz de una exposición celebrada en Manheim en 1925, fue el
responsable del nombre, que alude a uno de los objetivos del grupo: superar las
mezquindades estéticas de la forma a través de una nueva objetividad nacida del
disgusto hacia la sociedad burguesa de la explotación, desde un compromiso con
los cambios sociales y la tarea de crear una nueva comunidad humana que supere
el individualismo, potencie a los movimientos de los trabajadores y en
definitiva contribuya a crear un nuevo tipo de humanidad.
Ilustraciones: Suicidio, de 1916
Caín o el infierno de Hitler, de 1944
En el restaurante, de 1928
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