martes, 14 de enero de 2014

El. Premio Canarias de Literatura: un pedestal para el olvido

Por Daniel María


El Premio Canarias de Literatura nació para olvidar. Esto podemos suponer si se tiene en cuenta la enorme discordancia que perdura entre los galardonados y quienes nunca lo fueron. La importancia o necesidad de los premios suele ser objeto de debate, pero ya que este galardón existe y se lleva otorgando desde 1984, es preciso atender qué ha venido a aportar, a señalar o a distinguir desde su creación. Nació como el máximo galardón que recaería en las figuras esenciales de las letras canarias; así lo demostraron las primeras concesiones anuales e ininterrumpidas desde Domingo Pérez Minik, que inauguraría la lista de ilustres, seguido de Agustín Millares Sall, Ventura Doreste, María Rosa Alonso, Juan Marichal, Rafael Arozarena, Isaac de Vega, Pedro Lezcano, Manuel Padorno y  Carlos Pinto Grote, a partir del cual la edición del premio pasaría a ser bienal y a recaer en Luis Feria, Sebastián de la Nuez y Justo Jorge Padrón. Luego, el Premio Canarias de Literatura pasaría a concederse cada tres años, siendo los galardonados hasta la fecha Juan Cruz Ruiz, Arturo Maccanti, Juan Manuel García Ramos, José María Millares Sall y Luis Alemany.
La prensa local y los corrillos literarios insulares acogen distintas versiones, dimes y diretes acerca de las enemistades, los pactos, las traiciones, los desaires y las venganzas que unos a otros como jurados, asesores o simpatizantes han protagonizado. Los hechos son los hechos. Y los hechos derivan en olvidos y vergüenzas que hieren la sensibilidad de cualquier lector o de cualquier estudioso, por pocos que seamos, de la literatura canaria.
Los premios honoríficos de esta envergadura se asumen como distinciones a la excelencia, al quehacer constante, a una vida entregada a la literatura y a una escritura fundacional, en la medida en que a estas alturas se pueda alcanzar la originalidad, o precisamente por eso mismo, porque parece que todo está escrito, haber aportado un camino nuevo, una mirada diferente y bella. Bien también que, en ocasiones, un autor de escasos títulos ha logrado una contribución extraordinaria; bien también que poco publicado no significa poco escrito. De igual modo, los ensayistas, críticos e investigadores de la literatura canaria o nacidos en las Islas y que hayan dedicado sus esfuerzos al estudio de las letras universales constituyen parte inherente de esta herencia. Con todo, un galardón como el Premio Canarias de Literatura deviene en conformar una continua y actualizada mesa de edad de nuestras letras, un espacio donde sea posible identificar el patrimonio literario del Archipiélago. Siguiendo esta visión del asunto, es descorazonador atender a los datos que se ofrecen a continuación: Félix Casanova de Ayala muere en 1990 a los 75 años, Andrés de Lorenzo-Cáceres muere en 1990 a los 88 años, Joaquín Artiles muere en 1992 a los 89 años, Josefina Pla muere en 1999 a los 96 años, Domingo Velázquez Cabrera muere en 1999 a los 88 años, Alejandro Cioranescu muere en 1999 a los 88 años, Sebastián Sosa Barroso muere en 2001 a los 77 años, Digna Palou muere en 2001 a los 68 años, Josefina de la Torre muere en 2002 a los 95 años, Pino Ojeda muere en 2002 a los 86 años, Pino Betancor muere en 2003 a los 75 años, Antonio García Ysábal muere en 2008 a los 69 años, José Antonio Rial muere en 2009 a los 98 años (se le otorgó la Medalla de Oro del Gobierno de Canarias en 2007, no sabemos si debido a que dicho año no tocaba conceder la categoría de Literatura), Ana María Fagundo muere en 2010 a los 72 años, Manuel González Sosa muere en 2011 a los 90 años. En el caso de Pilar Lojendio, la poeta murió tempranamente -en 1989 y a los 58 años-, al igual que Natalia Sosa Ayala (que murió en el año 2000 a los 62 años), Esperanza Cifuentes (fallecida en 2002 a los 58 años), Alfonso O’Shanahan (que murió en 2009 a los 65 años) y Amadou Ndoye (que murió en 2013 con 66 años). No obstante, de continuar vivos recibirían, indudablemente, el mismo trato.
Todos ellos forman parte de la valiosa fortuna de la literatura canaria. Son escritores relevantes de nuestras letras que, en vida y para pavor de todos, contaron con el olvido de la oficialidad como incesante compañero de fatigas. El caso de José María Millares Sall es tan vergonzoso como patético. Cuánto hacía que uno de los más inmensos poetas que han dado las letras canarias merecía este galardón como para venir a suplir la deuda y el desaire meses antes de su fallecimiento en 2009, a los 88 años de edad, cuando las fuerzas del poeta flaqueaban y desde hacía unos años gozaba de una merecidísima atención (tan lograda como tardía) de editoriales, medios y críticos. Descubrimiento que propició la concesión póstuma del Premio Nacional de Poesía en 2010. Casi ninguno de ellos goza actualmente de una edición de sus obras completas (la literatura canaria está repleta de inéditos ignorados), apenas subsisten sus títulos en las bibliotecas y la inmensa mayoría de los estudiantes de Filología de las universidades canarias los desconocen (aludo a estos por su evidente proximidad), ya que, salvo insólitas excepciones, estos autores no tienen cabida en los programas curriculares, de lo que resulta natural que no sean objeto de estudio de Trabajos de Fin de Grado, de Fin de Máster, Tesis doctorales, etc.
Por otro lado, viene a colación cuestionarse a qué derivan sus presupuestos, por escasos que resulten en estos tiempos, las instituciones culturales que incluso en su nomenclatura aluden a los estudios, las letras o la cultura canarios y que no fomentan la creación de becas que permitan a estudiantes, licenciados y graduados dedicar sus esfuerzos al rescate, la visibilidad, la reivindicación y la dignificación de autores y obras de la literatura canaria. Estas instituciones están pobladas de profesores universitarios y de intelectuales de reconocido prestigio, pero desde sus privilegiadas posiciones no actúan en consecuencia con el sentimiento y la pasión que se les presupone; es decir, aquello que un día les movió a atender a la literatura canaria.
A mis oídos ha llegado que se maneja el criterio de que otorgar el Premio cada año puede originar la devaluación del mismo; esto es, que se agoten los buenos escritores y comience a recaer en manos de autores mediocres. Cabe preguntarse entonces, atendiendo a la sangrante lista de olvidados, si esto no ha ocurrido ya. ¿El Premio Canarias de Literatura sobrevive para calmar egos de imposibles Premios Nobel, pagar fiados en bares y pensiones, saldar deudas por favores, enchufes o silencios? Además, ¿por qué llegó a entregarse ex aequo, contradictoriamente, en dos ocasiones: a María Rosa Alonso y Juan Marichal en 1987, y a Rafael Arozarena e Isaac de Vega en 1988? ¿Pensaban que se morirían pronto? Isaac de Vega mantiene su burla particular al respecto.
¿Nació el Premio Canarias para ignorar la tristeza enraizada de Pino Ojeda, los lirios azules que a Pino Betancor le brotaban en los sueños, el pulso atlántico de José Antonio Rial, la muerte que enlutaba la tinta de Félix Casanova de Ayala, el marzo incompleto para siempre de Josefina de la Torre? Quisiera asegurar al Premio Canarias de Literatura diez años de esplendor proponiendo a los próximos galardonados, según mi criterio particular: Nivaria Tejera, Emilio Sánchez Ortiz, Andrés Sánchez Robayna, José Rivero Vivas, Jorge Rodríguez Padrón, Elsa López, JJ Armas Marcelo, Eugenio Padorno, Ángel Sánchez y Olga Rivero Jordán. Desearía igualmente la inclusión en esta lista de Juan Jiménez, Lázaro Santana, Juan José Delgado, Alberto Omar Walls, Yolanda Arencibia, Isabel Medina, Antolín Dávila, José Carlos Cataño, Sabas Martín, Víctor Ramírez, Juan Pedro Castañeda,  Emilio González Déniz, Rafael Fernández Hernández, Nilo Palenzuela, Cecilia Domínguez Luis, Olga Luis Rivero, Anelio Rodríguez Concepción, Víctor Álamo de la Rosa…; de cuyas obras y excelencias no sé qué consideración tendrán los futuros jurados, y a quienes el actual y estúpido carácter trienal del premio los puede eternizar hasta la omisión.
Podrá permitirse el pueblo canario vivir ajeno a su literatura, pero quienes formamos parte de ella, quienes la consideramos con ese temblor en el pecho tan parecido al amor, no podemos más que enrabietarnos, incidir en la deshonra y señalar el hollín sucio de la infamia con que se pretende hacer historia desde la simpleza intelectual. Y este descalabro tiene responsables, pero cuenta también con remendadores: quienes ocupan los cargos en la gestión pública desde los que liderar el cambio de rumbo. No permitamos que subsista un pedestal para el olvido.

Con este artículo el autor consiguió el premio de periodismo Leoncio Rodríguez, convocado por el periódico El Día de Santa Cruz de Tenerife

domingo, 12 de enero de 2014

Músicos callejeros

José M. Balbuena

Los músicos callejeros tienen que pasar en Madrid por un examen para demostrar que son auténticos, que dominan las notas musicales, que saben de corcheas y semicorcheas y todo ese tinglado de conocimientos que se estudian en los Conservatorios, o en las academias de Santa Cecilia. Como vemos, el partido del gobierno que, aunque ellos no se lo crean, dan bastante pasitos hacia atrás y muy  pocos hacia adelante, o sea, que no saben bien la yenka, les falta implantar ya, por decreto,  una especie de Stasi, de NKVD, de SS, o de CIA, a la española, para controlar, no sólo a los etarras o  a los catalanes independentistas, sino también a los  mendigos sin pedigrí, a las prostitutas desorganizadas, a los chorizos de menor categoría, a los que se dedican al menudeo de la droga y a todo vago y maleante que pulula por esas calles de Dios, que, además,  podrán ser detenidos  interceptados, sin más, por los vigilantes jurados o los porteros de discotecas y de puticlubs, a partir de 2014.¡Cuidado con estos elementos porque muchos de ellos dejan mucho que desear!
En esta equitativa España, donde la justicia es igual para todos, (¡ejem!, ¡ejem!) podrán sobrevivir los ladrones de guante blanco, los empresarios explotadores, los defraudadores a Hacienda, los que blanquean dinero, los que meten la mano en los grandes sacos de la banca, del erario público, de los ERES  que tengan, por lo menos el Bachiller Superior, una carrerita universitaria (si es de universidad americana o inglesa, mejor que mejor)  o, al menos, un certificado de Buena Conducta, expedido por la Conferencia Episcopal, por ejemplo. Con esas credenciales ya podrán actuar con impunidad. Y si algún juez se pone pesado, y quiere meterlos en la cárcel, habrá que excluirlo de la carrera judicial, caso Elpidio o Garzón,  por ejemplo, como si fueran mosquitos molestos, que dudan de la honorabilidad de  estos caballeros, puras sangres de la marca hispana. Y si acaso ya alguno, por “equivocación,”  está en el talego, viene un generoso indulto amnistía colectiva, (para disimular)  muy  recurrida en este país por la clase política, y se les pone en la calle.
Caramba, con esta retórica, que tanto se repite como disco rayado en las tertulias televisivas, radiofónicas o de las plazas del pueblo, me he desviado del asunto principal, que era el de los músicos callejeros.
En diversas ciudades europeas he visto como éstos son muy estimados, tanto los que tocan música clásica como ligera. La gente se para a escucharlos y cuando terminan las piezas que han tocado, les aplauden. Después colocan su óbolo en señal de reconocimiento. En España, donde la cultura musical deja mucho que desear todavía no ocurre lo mismo. Por la calle de Triana, e incluso en Las Canteras, podemos ver músicos que son bastante buenos. Los peatones locales suelen pasar a su lado, les miran y algunos se rascan el bolsillo y les echan una monedita, pero continúan la marcha, sin esperar siquiera a que terminen  la pieza que están tocando. Los extranjeros centroeuropeos o nórdicos se detienen.
Quería dedicarle mi pequeño homenaje a Fernando Argenta, un hombre que llevaba la música en sus genes y que creó el impagable espacio Clásicos Populares (con diversas grabaciones incluidas) con el que muchos españoles, niños y adultos, aprendieron a amar la música clásica. 
Que tengamos todos un año 2014 sin demagogia, sin engaños, sin trampas ni cartón. Y con empleo, para el que no lo tenga.

martes, 7 de enero de 2014

De Belén Esteban a la Infanta Cristina: el esperpento español

Si el gigante Valle Inclán inauguró el género del esperpento en la historia de la literatura española, no me digan que no tiene algo de esperpento el hecho de que Ambiciones y reflexiones, con prólogo del ilustre comediante Boris Izaguirre, sea el libro con mayores ventas en el tramo final de 2013, elegido como regalo navideño por gente que no suele leer. Está claro que la comercialidad y la calidad literaria no suelen ser coincidentes, hay literatura de calidad que siempre será minoritaria y hay literatura digamos entretenida, los típicos best sellers, cuya lectura nos procura placer. Hay libros esencialmente comerciales que tienen interés, como la serie de Harry Potter o una parte, aunque sea pequeña, de la novela negra que se está escribiendo. Pero cuando hasta las folklóricas, los futbolistas, los toreros, los cantantes y variados personajillos de la crónica rosa tienen negros a sueldo para escribir sus textos con pretensiones algo malo está sucediendo. Cualquiera puede ser escritor y España está sojuzgada por lo hortera de Tele 5, el mal gusto, el griterío y la ordinariez de presuntos famosos.
La “princesa del pueblo” es un fenómeno mediático que conecta con muchos, tal vez porque es malcriada y vocinglera, se supone que dice la verdad sin miramientos. Debe ser también que hay una crisis de lectura, los libros exitosos son los que promueven chismorreo, ahora somos una civilización exhibicionista, de gestos efímeros, y la pasarela es lo que importa. De este modo, la gran literatura se queda arrinconada y el cine de autor es solo para minorías, porque se ha producido un cambio de escenario mental. Lo que Vargas Llosa estudió en La civilización del espectáculo, con la banalización de la cultura y el triunfo del amarillismo. Los saberes humanísticos pierden la batalla frente a la “cultura rentable”, pero si solo se considera útil lo que produce beneficios, apañados estamos porque significa la muerte del pensamiento, de la crítica, de la revisión de valores. Lo que se vende es bueno y lo que hace reflexionar es “un rollo”. El mercado impone sus exigencias, desvalorizando la capacidad de disidencia y reflexión.
Podríamos preguntarnos si, después de tanta reforma educativa con tanta Logse, tanta Loe y tanta Lomce, acaso Belén Esteban es la representante más genuina de la actual mujer española. También podríamos analizar si acaso su éxito mediático demuestra que el grupo televisivo del señor Berlusconi ha acabado por ganar la apuesta por el lavado de cerebro de millones de personas. Apañados vamos con tanta reforma educativa que nos da el peor índice europeo de comprensión lectora. El espacio que esta diva ocupa con tanto alarde en los grandes almacenes se lo está quitando a libros que sí merecerían ser leídos pero esto es lo que hay. Qué tiempos tan oscuros ahora que la asistencia a los cines, a los conciertos y museos ha descendido por el vértigo de la crisis. No prescindimos de la cervecita en el bar, pero sí de ir a una librería. La piratería en internet florece que da gusto, por ella se vende menos música, menos cine, menos libros. En las nuevas generaciones, el ocio de los videojuegos, las nuevas tecnologías, el entretenimiento audiovisual, no augura mejores perspectivas.
En los pueblos en que hay extranjeros residentes, es normal comprobar que en las exposiciones de arte, los conciertos de villancicos, música clásica o jazz, acto abundan más los alemanes o británicos que la gente de aquí. Somos un país de escasa demanda cultural, pero el problema es que ha habido presidentes de nuestro gobierno autónomo que se han jactado de no leer un libro, que han presumido de no haber necesitado leer para alcanzar el éxito en la vida. Eso sí que es grave, porque demuestra el subdesarrollo mental de la colectividad. Hay demasiado ignorante que presume de serlo. Y, para finalizar, nadie se cree que la Infanta Cristina se siente en el banquillo. Así son las princesas: inviolables, y así le va a la monarquía. Un rey titubeante que se niega a abdicar, un príncipe Felipe con buena imagen pero con una esposa no demasiado bien vista. Pero, a lo que íbamos: Cristina nunca llegará al banquillo. ¿Recuerdan el chiste de que somos iguales ante la ley?

Publicado en www.laprovincia.es,  Opinión, 9 de enero 2014

viernes, 3 de enero de 2014

El recibo de la luz (Ferreres, en El Periódico de Catalunya)


México vuelve a la gloria con Elena Poniatowska

Hubo un tiempo en que reinaron dioses como Juan Rulfo, Carlos Fuentes y Octavio Paz. México era una punta de lanza en toda la literatura latinoamericana. Y ahora, con esta mujer tan pequeña y con aspecto tan frágil, tan genial a sus 81 años, las letras mexicanas vuelven al primer plano mundial. Ganadora de importantes premios como el Alfaguara, el Rómulo Gallegos y el Biblioteca Breve -precisamente con esta novela- es doctor Honoris Causa por ocho universidades y su obra ha asido muy traducida.
Periodista de coraje, la señora Poniatowska (nacida francesa pero trasladada a México con solo 9 años) escribe la vida de Leonora Carrington, la más importante pintora surrealista. Y habla de ella con mimo meticuloso y con pasión. ¿Cómo no hacerlo si Leonora estuvo confinada en el manicomio de Santander y de allí huyó para conquistar Nueva York, después de haberse codeado en París con Picasso, Miró, Breton, Dalí. Instalada finalmente en México, su vida en estas páginas calientes es un torbellino de libertad, aire fresco y vitalidad.
¡Divina Elena, que has conquistado con tanto merecimiento el Premio Cervantes!

jueves, 2 de enero de 2014

Preguntas para un año ¿nuevo?

Cuántas preguntas se abren con el año nuevo. Si el futuro de España pasará por ser republicano y federal como Alemania, o monárquico y federal al estilo de Bélgica, donde las tribus se odian tanto como aquí; si Rajoy seguirá en el País de las Maravillas; si se van a evaporar los millones de parados ya que los brotes verdes reverdecen a marchas forzadas; si los fiscales anticorrupción continuarán siendo los mejores abogados defensores de los presuntos corruptos, incluidos Urdangarín y la Infanta; si Obama nos espiará mejor cuando hablemos por móvil con la amante; si ahora que Euskadi está pacificado Cataluña pasará a ser un Estado dependiente o independiente; si el Balón de Oro va a ser este o aquel, y si en caso de empate Blatter tirará una moneda al aire; si los bancos se animarán a ir soltando crédito; si la Unión Deportiva va a seguir siendo el equipo catatónico/eufórico; si el enésimo proyecto de reforma de la Ley Electoral de Canarias saldrá adelante; si seguiremos disfrutando del pésimo nivel en educación y la sanidad derivará en el buen negocio privado que ya se está montando; si el descrédito de las instituciones y la crisis de valores redundará en autocrítica por parte de los padres de la patria; si por fin Rouco Varela va a excomulgar al papa Francisco antes de que el Vaticano lo jubile; si a Diego Costa le tocará jugar contra la selección brasileña; si los bancos saneados con dinero público van a seguir presumiendo de sus ganancias; si las españolas que necesiten abortar volverán a apuntarse a los viajes organizados a Londres, ya que –Gallardón dixit– si te viene un feto malformado, lo que debes hacer es dar gracias a Dios y seguir adelante.
Es que somos un pueblo de pícaros, abúlicos, y vivalavirgen. Individualistas acérrimos, lo público y el interés general funcionan poco. La gente confía más en la lotería que en el trabajo, por aquí no pasó la reforma calvinista. La amiga Uka Rösch, que es joven, de Berlín y lleva años entre nosotros, no se explica cómo en estas islas se desaprovechan de tal manera la energía solar y la eólica. Me esfuerzo en explicarle que España es diferente, aquí todo se privatizó y, como cualquier valor especulativo, la electricidad está sometida a la ingeniería financiera,  igual que lo fue la burbuja inmobiliaria. Ella insiste: si Berlín es una comarca tan poco soleada, cómo es que allí hay tantas instalaciones para aprovechar la energía solar y aquí nanay. Le digo: a lo mejor eso va asociado a la cuota de honorabilidad y ética personal de quienes mandan. Debe ser que las energías alternativas procuran menos ganancias, el señor Soria quitó las ayudas, el botín debe estar en otro sitio.
Tantas cosas le pedimos al Año Nuevo que hasta le suplicaríamos una derecha a la europea, civilizada como en Alemania o Francia, no asilvestrada, que mantenga los mínimos democráticos. A lo mejor, para aclarar las ideas, hasta podríamos demandarle al 2014 un genuino partido político de extrema derecha, no sea que con lo ya existente nos sigamos confundiendo.
Para serenar el espíritu, hicimos un recorrido literario en el que tuvimos presentes a Domingo Rivero, Manuel González Sosa y Manuel Padorno, un paréntesis en el frenesí de las compras. Voces del ayer que dejaron compromiso, buen hacer y lealtad. El Museo Domingo Rivero, en Torres, 10, sector Triana, en el edificio donde habitó el poeta aruquense hasta su muerte en 1929, está haciendo mucho por las letras y las artes gracias a José Rivero Gómez, el nieto rescatador. Allí presentaciones de libros y exposiciones son frecuentes, lo mejor es que se ha creado un público fiel. Se me olvidaba: a pesar de los pesares, Feliz 2014.

Publicado en La Provincia, 2 de enero de 2014.  Ilustración: Domingo Rivero
 

miércoles, 1 de enero de 2014

2014: a crisis global, abrazo global

Dicen los psicólogos que la alegría de vivir alarga la vida cuando menos cinco años. Eso quiere decir que si recibimos el 2014 con un beso y una flor, a lo mejor envejecemos más despacio. Porque cuando la sensación de crisis nos sigue asfixiando y llegan las promesas interesadas de que vienen los brotes verdes, nada hay mejor que volver la vista al interior de nosotros mismos. Vivir la cultura a tope, más allá de la sensación de que todo se desmorona. Se caen las instituciones, se cae la monarquía, se caen los partidos políticos, y acaso echamos de menos que un movimiento que nació tan saludable como el 15-M haya sido digerido tan rápidamente por el sistema.
Así que, nos recuperemos económicamente o no nos recuperemos, hay que tener la posibilidad de recordar alguna ciudad o algún viaje que hayamos hecho: Viena, Florencia, Nueva York, las islas griegas, un paraíso tropical en el Caribe o en el Sudeste asiático. Algún libro memorable, algún concierto, alguna película, alguna obra de teatro para contrarrestar el hecho de que en 2013 hayamos percibido un notable aumento de la corrupción. En un marco de grandes dificultades, la ejemplaridad (a la que hizo mención el Rey en su discurso de Navidad) ha brillado por su ausencia. La imagen que se tiene de los políticos y los sindicalistas es que se aprovechan de su situación para vivir mejor o para enriquecerse groseramente. Pero les daremos el esquinazo si nos queremos un poco más.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Richard Ford: la descomunal narrativa USA

Una novela turbadora, vital. Richard Ford se leva a maestro del suspense narrativo en este gran libro, una de las novedades más importantes del año en español.
Nacido en 1944, Ford ya había dado piezas tan fundamentales como El Día de la Independencia, Acción de gracias, El periodista deportivo. Con libros calientes, poderosos, se sitúa en la línea de continuidad de los grandes maestros: William Faulkner, Ernest Hemingway, Steinbeck, Dos Passos, Scott Fitzgerald, etcétera. Y comparte la garra de colegas ya mayores, como un Philip Roth.
Como siempre, en toda esta legión de enormes escritores late una crítica de la familia americana, del "american way of life", esa profunda contradicción de la condición humana, el paraíso y el infierno dentro mismo del mayor imperio económico mundial, las luces y las sombras de un sistema perverso que también es el nuestro.
"Primero contaré lo del atraco que cometieron nuestros padres. Y luego lo de los asesinatos que vinieron después". Así comienza esta
crónica caliente de nuestro tiempo.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Antonio Arroyo, poeta incesante



Entre sus libros figuran Esquina Paradise, Caballo de luz, Synphonia, Sísifo Sol.
El crítico Daniel Bernal Suárez dijo del primer libro citado que contiene interrogaciones sobre la realidad circundante, la palabra que inquiere. Destacó el diálogo permanente con la naturaleza y la celebración del ser, la autoindagación, con notable condensación verbal.
Antonio Arroyo bebe en la gran tradición de la poesía canaria contemporánea, donde nombres como Pedro García Cabrera, Luis Feria o Andrés Sánchez Robayna son pilares esenciales.
 

DÉMOSLE A LA ARENA
el espesor del vidrio
que contenga los mares.
Los rastros, los naufragios
y el brillo de una isla.
 
Démosle embocadura
al polvo que pisamos,
miremos horizontes
al soplar las palabras
encendidas de aliento.
 
Tendrá forma de ortiga
pues al polvo se aviene
su fragilidad firme,
su compendio traslúcido.
El animal intrépido
que enciende la botella
y echa a la inmensidad
un mensaje infinito
tendrá la forma humana
que el polvo reivindica.
 
I
La calle se transforma en río
 sangrando soledad sus adoquines.
 Este Támesis lento borracho
 que se hunde pez
 con el rictus
 marcando risotadas de naranja sin esfera.
 
Nosotros que rodamos con la sombra
 del lenguaje
 pisándonos los talones
 por la calle Estigia
 sin barquero
 soltamos los peniques
 a la entrada del metro sin destino.
 
Nosotros
 con el cartón azul
 de los calendarios
 besamos esta lluvia hasta la metamorfosis.
 
 II
 
 La lluvia anuncia
 la gran transformación.
 Sutil escarabajo entonces
 rompe la luna del armario
 
Dime por qué
 nuestros ojos sin muerte olvidan
 que el violín azul de Thomas
 tañe poemas en la esquina del Hades.
 Esos ojos tendían arcadias
 en la liña violeta de los entrepatios.
 
Mordida vestimenta
 cada cual silencioso hijo de Cibeles
 recoja los añicos de sus sombra
 y la luna en el suelo
 suena ladrido verde
 entre botellas
 de yodo.
 
VI
 
 Aquí en este árbol desfallece el aire
 y la rama crepita son de incendio.
 
Transeúnte. Barquero azul—
el hombro
 con sus hilos de luna sobre el árbol
 
pero tu sombra boga
 a la isla dormida
 sangrando lento mar de Prometeo
 por todo el corazón del horizonte.
 
 VII
 
 Un río viajará desde la sombra
 a la quietud del árbol—
lento río interior para transeúntes
 sin pez en los zapatos
 de pisar transparencias.
 
Oráculo sin vientre
 para las cero coma treinta y cinco
 hora de Ítaca. Crujen los amarantos
 y la ciudad olvida la ruta
 en la aurora verde del volcán.
 
 
 
 XI
 
 Todo el pájaro pende
 del otoño
 el ala
 desnuda
 tu intención triste carne
 invisible
 vertida en el poema
 por el trino
 callado
 de la isla.
 
XIV
 
 Tú en las brumas de Londres
 aguardas lento cuervo: su graznido
 tiñe rubio sabor de amaranto.
 
Tú Amor enamoras la noche
 la ventana con Támesis y yo aquí
 contra el río invisible de mí mismo
 destrozando la noche
 anocheciendo
 la flor antigua de este mar
 en un azúcar tuyo sin lenguaje.
 
DUNA
 
Duna es azar,
 añico del silencio.
 Montaña, montaraz peldaño
 de la brisa: la sombra
 en el reverso de la luz,
 la luz como vagando
 por la sombra.
 
 
 GUIRRE
 
Guirre en el pensamiento;
 en el espacio, mente
 de guirre que es mi mente.
 No la sal ni la sed de las palabras:
 eres tú, lejanía,
 silencio que es dolor
 para este pájaro infinito.
 
GARAJONAY
 
Garajonay del sueño: veo una sombra
 y, en la sombra, el espejo del espejo.
 Ya no eres el azar sobre la luz:
 es que la voz del árbol
 se refleja en el agua.
 
DOSAGUAS
 
Una brizna de ti cae en el agua;
 un eco inerme de sutil lenguaje
 crea heridas de lluvia, dulce hierba.
 
El eco amamantado de neblina,
 regresa al horizonte de la charca
 como la honda y fugaz respiración.
 
CAÑADAS
 
La luz fue un estallido de conciencia
 y un fragmento quedó de mí indemne
 en el espliego: luz que pace sombra
 y escancia un archipiélago de sal.
 
 
 
YO QUERÍA ESCRIBIR UN POEMA
Yo quería escribir el último poema,
el definitivo albor, la hondonada más honda.
Yo quería escribirlo, pero el poema a veces
caía en la cabeza como una maza o un cielo bárbaro.
Un castillo de arena siempre en la linde del olvido
y el recuerdo esfumándose.
Yo quería escribir un poema como
quien pinta o despinta
un grillo. Escribir como si dejara
mi verso en la ventana abierta de la vida
un caracol, un fósil, algún cuervo amarillo
sobre el hombro cuadrado y negro de un león.
Quería liberar todos los sentidos. Todos
ponerlos con grilletes de nubes en hilera.
Y el poema se fue más allá de la tinta
y de mi voluntad de dar fin a esa roca
que me hace empezar de nuevo
cada vez que quiero escribir un poema.
De la batalla casi no salgo bien librado
pues el poema quiso ser la mantis religiosa
que me haría expirar con la sonrisa ingenua
de agradecimiento con que mueren
poetas e insectos mal parados.
Y fumamos la pipa de la paz para siempre
la poesía y yo: ella mi piedra,
yo
Sísifo.
EL SILENCIO
 
Nada me lleva a sitio alguno, salvo
una palabra menos en el silencio:
un silencio de más me transporta
a ese desconocido puerto
donde todo confluye y al unísono
la identidad dispersa
el brillo de no ser
 
(De Sísifo Sol)

miércoles, 25 de diciembre de 2013

¡El portal de Belén no está en venta!


En La Palma, "pajero" es una construcción humilde en el campo. El chiste hay que entenderlo por la abundancia de extranjeros que, billetera en mano, compraron casas rurales y propiedades en la isla.    
(Paco Guimerá en      www.lapalmaahora.com, periódico digital dirigido por el periodista Martín Macho)

Las elegías del rumano Eugen Dorcescu

Del celo cosmopolita de Coriolano González Montañez, poeta, traductor y animador cultural tinerfeño, nos viene el conocimiento del rumano Eugen Dorcescu (poeta, prosista, ensayista y traductor, nacido en 1942). Nos dice "Eugen Dorcescu es un hombre espiritual y sus versos, consecuentemente, también lo son. La melancolía, la asunción de la pérdida aunque no la resignación, la contemplación de lo inevitable, pero a la vez el arrojo de la rebeldía que se resiste a la desesperanza, se clavan en los versos y en el lector, que no puede sustraerse al descarnado paisaje del alma que contempla. Solo aquel que ha descendido a las cavernas del infierno, solo aquel que ha ahondado en el conocimiento del mismo, puede crear y dar vida a una literatura que no se queda en la superficie. Los versos muestran el saber de aquel que habla desde el yo auténtico. Por eso impactan. Nadie puede sustraerse al dolor de la pérdida de un ser amado -de la madre- que, desde lo individual se universaliza.
Pero el verso de Dorcescu no solo se sustenta en el fondo sino también en la forma. Liberada de ropajes, con una lengua sin apenas connotaciones, apenas adjetivada, nos ofrece una poesía pura, humilde. (...) La cosmogonía de la infancia, de la formación como persona y como escritor, son sus fuertes pilares. (...) Este libro indaga en el conocimiento del ser, en la búsqueda de la razón de la existencia, en la aceptación, pero no en la resignación..." El libro ha aparecido en versión bilingüe en Editura Mirton, de Timisoara, Rumanía.

Una mañana, como
cualquier otra, a
las siete,la prima Maruta me
telefoneó y me dijo
que había velado a
la madre la noche
entera.
Y que, a las cinco,
ni un minuto más tarde,
ni un minuto más temprano,
la madre se despertó, durante
una migaja de tiempo,
y comenzó a llamarme.
Me invocó, con voz amplia,
por el nombre.
Me invocó, desde el umbral, desde
la cumbre aquella,
entre mundo y
mundo.
Después recayó
en su muda agonía
y nos abandonó sin recibir
respuesta alguna.
Yo no oí el grito
aquel.
¡Ay de mí!

En Achenpromenade,
hacia el sur,
hacia Bad Bruck,
me parece
que el río lleva
aromas de tomillo,
de menta, de
nogal.
Le estoy agradecido
de que me recuerde,
con su murmullo húmedo,
cristalino,
los momentos vividos quizás ayer,
quizás antes.
Le estoy agradecido
de que me teja
en los rayos del sol
la estatura menuda
de la madre
que viene por el sendero.
Que viene, como en otro tiempo, hacia
el Claro, (*) que viene
inesperadamente,
que no me diga
nada,
excepto esto:
que vive.
(Claro: topónimo de la mitología personal del poeta, se refiere a un paisaje edénico, ubicado muy cerca de la casa natal y ahora destruido)

En la luz aquella,
en la sala aquella,
entre las sombras aquellas,
la madre sonreía.
Y su indecisa
y enigmática sonrisa
habría podido señalar
lo que vislumbra
muy cerca, a
solamente algunos pasos
-pero ¡qué pasos!-
El paraíso.
Todas las cosas viejas
se habían quedado atrás:
ataúd, velas, cielo y
tierra,
personas y
casas...
Nosotros, los abandonados, le
resultábamos, mientras, tan extraños, tan
pequeños, tan extraviados, tan
inverosímiles,
que nos
había olvidado.

El día en que se iba a poner
a la madre en la tumba,
cuando era necesario que la duración
se fracturase, definitivamente,
en el vergel, las mujeres pulcras y diligentes,
apenas pronunciando palabra,
preparaban platos aromáticos,
elegidos con cuidado para la mesa santificada (*).
Me asomé desde el final de la escalera
y miré, casualmente, hacia
aquellas mujeres.
Y vi entonces
a mi esposa, a mi
ángel,
trabajando también ella,
laboriosa, callada,
entre ellas,
junto a ellas.
Cuadro fijo vibrante,
momento de brillo.
Su noble, hermoso perfil,
recortado en una pantalla
de hojas doradas y
de sol...
Como en el puerto, cuando un velero
soltó amarras y partió,
y los de tierra apenas ven de él, lejos, en
el horizonte,
por los catalejos de lágrimas,
el mástil y la vela.
El misterio entero
de una semejante falla metafísica
se había concentrado en el perfil aquel.
(Mesa santificada. La mesa, la comida ritual y ceremonial, que la familia del difunto ofrece a los creyentes, como limosna, después del entierro ortodoxo. Una mesa presidida por el cura)

El patio de antaño está
lleno
de gente extraña.
Conozco a todos los
presentes, algunos
hasta son parientes míos.
Me preguntan,
respondo,
pero mi corazón no los
oye.
Permanecemos sobre el banco soleado
yo y cualquiera de ellos,
sin embargo él no tiene
ni perfil, ni
color.
Le miro, le sonrío,
me mira,
pero mi corazón
ni siquiera lo
vislumbra.
Acaricio la coronilla
de los más menudos,
estrecho la mano
de los padres,
bebo, junto a ellos,
en la mesa,
bajo el cerezo,
igual que en otros tiempos,
el café hirviente.
Pero el tacto de mi
corazón
de todas esas múltiples
sensaciones
no siente nada.
Se halla como en un sueño.
Es solo una pesadilla, un
sombrío vértigo. Es
el semidelirio
de un mal de altura.
En el patio de antaño
no hay nadie.