
Para no hablar de
política propongo hablar de cine, dos películas de estos días: La librería, de Coixet, y El autor, de Martín Cuenca. En un
momento en que el consumo de productos culturales se ve en dificultad, la
defensa del libro genera documentos de valor. Hace poco se proyectó El editor de libros, y ahora llega La librería; son dos películas dignas de
verse, aunque ambas puedan aparentar un
tanto amaneradas. Coixet sigue haciendo un cine valioso, no en vano esta
realizadora de 57 años mantiene originalidad y destreza. Quizá en La Librería haya acentuado el ritmo
lento de la historia, quizá le sobren unos cuantos minutos de metraje, pero sí
sabe hacer una adaptación sutil de la novela en la que se inspira. Una película
rodada en un pueblecito costero en el que se cumple el viejo dicho de que
pueblo chico, infierno grande, y frente a él aparece esa mujer llena de coraje
y dispuesta a luchar contra los prejuicios de quienes desean que todo siga
igual en aquellos años 50. Importante el papel rompedor de libros que la
librera ofrece como Lolita, de
Nabokov, y Farenheit 451, de Ray
Bradbury, que imagina un universo sin libros, sometido al pensamiento único.
Con esta cinta,
Coixet vuelve a su cine más personal y más sincero, el que pudimos disfrutar
tiempo atrás. Narra con sencillez esta historia, donde los sentimientos, las sensaciones
y el paisaje son elementos centrales. Y aflora una historia que parece antigua
pero que sigue hablando de la discriminación de la mujer. Los ricos con su
poder y su falta de escrúpulos; los pobres con las limitaciones que marcan los
poderosos; la amistad y ese amor imposible con el hombre mayor, que no llega a
cristalizar. Todo esto se halla marcado por el coraje de una persona con las
ideas claras y con la fuerza necesaria para lidiar con la adversidad. Esta directora se ha
manifestado más de una vez en contra de la alucinación –que no cesará mientras
no se cambie al director de TV3 y se intervenga en los programas docentes
encaminados al adoctrinamiento– defiende una vez más el mundo de la mujer, y lo
hace con un retrato psicológico de la protagonista, una mujer introvertida pero
valiente que se enfrenta a las estructuras siendo fiel a sí misma, desafiando
la condena de los que gobiernan la tribu, sabiendo de antemano que puede perder
la partida. Hemos de mencionar también el ejemplo ético de la actriz Rosa María
Sardá, que, ante el rumbo de los acontecimientos renunció a la distinción que
le había otorgado la Generalitat, la gran Cruz de Sant Jordi, justificando su
acción en el rumbo actual de los acontecimientos. Fue precisamente Isabel
Coixet quien comunicó el hecho en un artículo de El País; la distinción fue
devuelta el 24 de julio porque “dadas las circunstancias” la actriz no se
considera merecedora del premio. Precisamente en la película 8 apellidos catalanes, la Sardá hacía de
madre entusiásticamente independentista, aunque la secuencia era una farsa, un
esperpento total.
Los cinéfilos
estamos de enhorabuena, pues en la recta que hay desde ahora hasta
febrero-marzo vienen las mejores películas del año. Y también hay que
recomendar una cinta española, El autor,
del director Manuel Martín Cuenca, inteligente, bien construida, que
probablemente saldrá bien parada en los premios Goya. Basada en una novela de
Javier Cercas, su propuesta es intensa y convincente, hace olvidar la general
falta de talento del cine nacional. Los vericuetos de la historia son interesantes,
recuerda un poco el suspense psicológico de Hitchcock, hay un encabronamiento
progresivo del personaje central, ese perdedor sin talento que se empeña en
manipular a los demás con tal de conseguir una novela que venda millones de
ejemplares. Como si el fin justificara los medios, se empeña en manipular a
cada cual, esperando el gran triunfo. La propuesta te mantiene atento a lo que
ocurre en la pantalla, te mete en la historia, con giros perversos e
imaginativos.
(Foto: Isabel Coixet, directora de cine)
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