
En
efecto, tenemos un problema. Estamos en el punto de mira, como demuestran las
últimas acciones policiales. Las ciudades de Ceuta y Melilla, donde la
infiltración de ciudadanos de origen marroquí es constante y constituye ya la
mayoría de la población, son objeto de especial vigilancia por las fuerzas de
seguridad. Los yihadistas argumentan que
España tiene que a volver a ser Al-Ándalus y que el castigo que los cruzados
hicieron a Oriente durante varios siglos va a ser vengado con sus acciones.
“Las sociedades occidentales son hostiles al islam, y vais a pagar por ello.” ¿Cómo
contener a estos dictadores que desprecian de tal manera la vida y la dignidad
de las personas? Los principios de todas estas doctrinas extremistas consisten
en restaurar la grandeza del Islam, reislamizar a las sociedades musulmanas
desde la más estricta ortodoxia y la aspiración de crear estructuras políticas
que velen y promuevan la realización de dichos principios. Se proponen lograr
la unión de todos los musulmanes, y la voluntad de extender el Islam por todo
el planeta. Pretenden derrocar a los gobiernos liderados por musulmanes moderados
que ellos consideran apóstatas, impíos y corruptos, por ser tibios e hipócritas
y ser aliados de occidente. Son la mayoría de los países musulmanes, incluida
Arabia Saudita, país que en numerosas ocasiones ha sido puesto en el punto de
mira de los yihadistas con el fin de derrocar a la monarquía. Con ello buscan
consolidar estados afines desde donde iniciar su expansión, con pretensiones a
recuperar los territorios islámicos “ilegítimamente usurpados” y recrear el
califato de corte islamista radical a nivel mundial. En ciertas mezquitas y
centros de estudio del islam se está sembrando esta semilla de una guerra sin
cuartel contra occidente, la predicación y el proselitismo están captando a
cientos, tal vez miles de jóvenes y adultos dispuestos a partir hacia Siria,
Irak y otras zonas que van siendo “conquistadas” por estos extremistas. Entre
ellas países del norte de África, no tan lejanos a nosotros. Como Libia, donde
tras la muerte de Gadaffi las cosas han ido
de mal en peor. ¿Acaso la única forma de rehabilitar a los que discrepan es
asesinarlos en número suficiente para que su conversión y sumisión sea
verdadera y humilde? En pleno siglo XXI es lamentable que las guerras de
religiones retornen con tal virulencia.

Bin
Laden fue abatido pero sus sucesores están vivitos y coleando. Dominan la zona
oriental del Mediterráneo y pretenden internacionalizar el Califato. El Estado
Islámico intenta apoderarse del mundo, que todos nos convirtamos a su fe. Los
recientes atentados serían tan solo un toque de advertencia, por supuesto que
sus partidarios quieren aplicar la “Sharía”, volver a las lapidaciones y a los
degüellos hasta por un simple adulterio. Según los expertos, los “lobos
solitarios” y los “durmientes” son el mayor riesgo, significan el auge de
individuos que sin formar parte de ninguna célula inician en suelo europeo la
preparación de atentados, la difusión de ideales fundamentalistas o reclutan a
futuros terroristas para su entrenamiento militar. En la Comunidad Valenciana,
Ceuta y Melilla, Cataluña y Andalucía está comprobado el fenómeno, y la aparición
de nuevos activistas estaría ligada a la evolución de los acontecimientos en
Palestina, Siria, Pakistán, Egipto, Yemen, Argelia, Malí, Irak y Libia. Casi
nada.
(Ilustraciones: Bin Laden. Foto del accidente de los Alpes, tomada de El País)
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