
La prosa seca, eléctrica, despojada de adornos del grandísimo
autor de Catedral, Tres rosas amarillas, etc. se nos revela aquí de otra
manera: más sentimental, más adjetivada, con más derivaciones secundarias. Esta
versión “sin corregir” por el editor sufriría una poda de casi el cincuenta por
ciento. De este modo se fabricó la leyenda de Carver: un hombre preocupado por
conseguir un estilo directo, yendo a la médula de las cosas, al hueso de la
narración, a la frase eléctrica, despojada de adornos.
Una jovencita baila con su novio en el jardín de una casa en medio
de los restos del naufragio del anterior propietario, un hombre y una mujer se
dan cita en la habitación de un motel para certificar el fin de su relación,
innumerables escenas del ostracismo burgués de las parejas de mediana edad, el
infinito fracaso de hombres que no saben acometer su papel. Las pequeñas y las
grandes tragedias del “american way of life” suponen una radiografía lúcida
sobre la contemporaneidad.
El “bienhechor” editor se ha convertido en el villano de la
película. Pero eso no es del todo cierto. Gordon Lish fue un gran mutilador,
mutiló sobre todo los cuentos más largos, los que tenían trama más compleja. Hubo
un pacto entre editor y autor, pero también un abuso del editor, lo ha dicho
gente tan importante como Philip Roth. Sí, pero el editor consiguió el objetivo
de lanzar a su pupilo a la fama planetaria. De publicar en revistas
minoritarias, Carver llegó a las grandísimas editoriales, a las ventas
millonarias. Y también a la muerte precoz, que en definitiva lo consagró en
mayor medida.
Una buena reflexión sobre un libro, sobre un gran autor, Carver.
ResponderEliminarblog-rosariovalcarcel.blogspot.com