
denominador común de lo que se clasifica como literatura erótica, un filón que le ha dado singularidad en nuestro ámbito cultural, además de estar en la referencia de la literatura hecha en Canarias por mujeres. Son dos claves socioliterarias que sin duda determinan la perspectiva de lectura y de análisis. Rosario es la mujer desinhibida que en cada uno de sus cuentos exhibe a un narrador que expone sin pudor escenas eróticas con la libérrima licencia que otorga la creación literaria. Sus textos ofrecen una estilística de literatura nacida para ser recitada en voz alta, como si fuese un relato originado en la oralidad, lo que le confiere un rasgo de intimismo, casi de confidencialidad con el lector. Reiteraciones, expansión sintáctica en tríadas, manejo del estilo indirecto libre, prosa poética y tensión narrativa son aspectos que constituyen pasos de consolidación en la trayectoria de su creatividad. Por su parte, Barreto sigue fiel a una estética lineal, que con referencias a la realidad circundante quiere atraparla en un marco genérico de sustrato periodístico, que ha sido nutriente de su cualificada vocación literaria. En sus relatos se manifiestan múltiples escenarios isleños, y otros espacios físicos por los que ha trotado, haciendo revivir a personajes y tiempos históricos, el de la globalización, antropología canaria en diversas evidencias (realismo mágico, paisajes volcánicos y playas, ámbito rural, núcleos urbanos de aluvión...) que constituyen el mosaico de estos relatos, elevando a categoría literaria la anécdota con que se ha encontrado en su mirada vivencial. Desde un anuncio de brujo multiusos, hasta el paseo por un barrio de Telde, relatos de amor y perfiles de urbanitas que viven en soledad. Dos autores, dos estilos, que escalan puestos en nuestra tradición literaria.
(José Luján, Piedra lunar, La Provincia, 5 febrero 2018, www.laprovincia.es)
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