

Morales trajo una nueva sensibilidad, conectada a los simbolistas
franceses y al americanismo. Para Sánchez Robayna, la poesía de Tomás “parece
estar fundando siempre un espacio de identidad atlántica.” La identidad del
mar, pues, y el nuevo tiempo de la poesía insular en un autor que va desde el
tono lírico, blando y vagoroso de su primera época al triunfo de la luz y la
nota musical. Desde la poesía familiar, de tono menor, a los temas más solemnes
y cosmopolitas. Morales es, pues, un cofundador del espacio atlántico siguiendo
la tradición de las endechas del siglo XV, Cairasco de Figueroa, Viana, Viera y
Clavijo, los poetas regionalistas de La Laguna … Este espacio nuestro, de ida y vuelta,
ecléctico, mestizo, aislado y cosmopolita a un tiempo, siempre pendiente de las
vanguardias para conectar con ellas constituye una ventana abierta a la
esperanza, no sólo por los cientos de escritores que han nacido en esta tierra
y forman parte de su literatura sino porque a través de Morales aprendimos de
alguna manera a quitarnos el complejo del enanismo. Pues Morales, en cierto
modo, fue nuestro Walt Whitman, nuestro cantor, el visionario que buceó en el
Atlántico para encandilarnos.
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