LUIS LEON BARRETO
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jueves, 12 de diciembre de 2013
"La gran belleza": el cine italiano regresa a Fellini
La
gran belleza es una película diferente, que recuerda el cine irónico,
grotesco a veces, de Fellini. Una película de las que ya no se hacen viene a
recordar el apogeo del cine italiano en los años 60 y 70. Ese recorrido mágico
por las calles, los palacios y los monumentos de Roma, dirigido por Paolo
Sorrentino, ha tocado el corazón de Europa. El filme se ha alzado con los más
importantes premios -mejor película, director y actor para Toni Servillo,
además del montaje- en la 26ª edición de la Academia de Cine Europea, en Berlín. La gran belleza, estrenada este pasado fin de semana en los
Multicines Monopol de la ciudad de Las Palmas, es el retrato seductor y
lúcido de la decadencia de una ciudad espléndida. Sorrentino no
recogió sus premios al encontrarse invitado en el festival de cine de
Marraquech. La película es un recorrido por
la noche de Roma. ¿Cómo no recordar La dolce vita? Lo que algunos
críticos han dicho de aquella gran cinta de 1960 puede calcarse en esta
película de ahora. Sombría y cáustica, excesiva, tan recargada que el resultado final
queda mermado a pesar de ser indiscutiblemente buena. Sobran minutos, lo que
quiere decir queda claro y algún momento es redundante. Un novelista decadente
y sin otra inspiración que asistir a la orgía de música y cocaína de sus
noches, una fotografía con grandes hallazgos. Cine
profundamente moral, dividido en episodios sin un argumento férreo (sucesión de
fiestas y encuentros diversos en la noche romana) y con momentos de gran
potencia visual. Un cine ácidamente subjetivo, Fellini molestó creando un mundo
propio, reflejo de la realidad pero reflejo personal al fin y al cabo (esto
importunó a los defensores del realismo crudo como única forma de cine
humanista y eficaz). Es decir, aparecen bellísimas composiciones y se explotan
las imágenes buscando la fascinación estética y la intención satírica. El
clero, los aristócratas de pacotilla, la belleza de algún desnudo, el sexo como
pequeña diversión de gente que ha perdido el alma. Menos mal que
todavía queda un cine diferente, el que proponen los Multicines Monopol. El día
en que echen el candado –esperamos que eso nunca suceda– perderemos una gran
oportunidad quienes amamos un cine alejado de las “americanadas” de rigor.
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