miércoles, 12 de noviembre de 2014

Martha Asunción Alonso (28 años): nueva poesía española

Martha Asunción Alonso tiene 28 años (Madrid, 1986) y representa las últimas oleadas poéticas peninsulares. Es licenciada en Filología Francesa y profesora de literatura en la secundaria francesa. Ha enseñado en distintos institutos de la Francia metropolitana y de ultramar. En 2012, recibe el Premio Nacional de Poesía Joven “Miguel Hernández” por su libro Detener la primavera (Hiperión, 2011, Premio de Poesía Joven Antonio Caravajal) y el Premio Adonais por La soledad criolla (RIALP, 2013). Es también autora de los poemarios publicados y premiados Crisálida (2010, Editorial Alhulia, Premio Nuevos Creadores de la Academia de Buenas Letras de Granada) y Cronología verde de un otoño (2008, Editorial UCM, Premio Blas de Otero). En 2009 fue además premiada en el certamen La voz + Joven de la Obra Social de Caja Madrid y obtuvo un accésit en el certamen Antonio Machado de la Fundación de Ferrocarriles Españoles. Sus poemas han sido traducidos al griego moderno por la editorial Vakxikon. En ella apreciamos una emotividad cotidiana, irónica, urbana.

Plegaria para la estación de los ciclones

Me dijeron: de alguna forma Dios sangra en todas las tormentas.
Y a su carne le rezo,
a las palmas broncíneas de su dolor les rezo,
porque toda oración es un complejo de poema,
porque todo poema es un cuerpo desnudo y un hechizo y la magia
es el nombre de pila del Señor.
No importa cuál de todos. Las cóleras de todos los dioses
se parecen.
Me dijeron: no importa que tu sudor sea invisible,
también para los celtas negros de corazón habrá un hueco en el arca de Noé.
Y me pasaré agosto rezándole a los cuellos mansos de las jirafas,
nubes como palmeras. Quisimos abrazarnos
igual que sus raíces, pero la luna salió de su volcán y nos jugó una mala fábula,
tenía un zorro dentro y no soltaba el cáncer
de la fruta con látigos.
Yo le rezo a los látigos, la sangre de los látigos
y la leche de coco en los látigos de amamantar panteras.
Yo le rezo a la lava.
Yo le rezo al café.
Yo les rezo a las aspas milagrosas de los ventiladores sin precio de los bazares árabes de Basse- Terre.
Yo les rezo a la lima y a los borrachos de los embarcaderos, una sola mirada
y adivinan cuántos besos con lengua
has dado en tu vida y cuántas veces cerraste
los ojos para darlos,
cuántas monedas te enferman todavía los bolsillos.
Yo le rezo a las olas con tiburón y a las cucarachas y a Vishnú.
Me dijeron: puedes tener miedo. Rézale al miedo.
Y eso hago. En la noche inundada, de rodillas,
voy rezando mi vida en Duracell, que es un santo y el nuevo criollo
de los blancos con padres superhéroes barbudos, padres que daban rabia
y están lejos y a quien pedir perdón
y conocer-
amar
antes de no morir.

Los perros

Estoy llena de perros.
Tienen grandes cabezas y cabezas oscuras, todas llenas de dientes,
hambre todas. Estoy llena de perros,
preñada hasta las cejas de perros con cadenas,
pero no me dan miedo. Soy hectáreas y hectáreas de docilidad para la espuma
contagiosa. Y me retumban.
Un océano de perros mariachis de perfil ladrándole
a la luna aquí en mi útero.
Yo les grito: SIT !
Y ellos ladran peor, porque tal vez les va la muerte
en ello. Le ladran a la luna, pero la luna sana está escribiéndose
por el otro hemisferio del dolor. Luego les grito:
¡Lorca!
Pero no. Tampoco. Ladra que te ladra.
Y me miran con los ojos tapiados por la rabia,
como diciéndome: es la sangre. Como diciéndome:
quiérenos, o te muerdo.

Corazón de naranja

Al pastor alemán que tú recuerdas, trotando por tu infancia,
lo atropelló un tractor cuando creciste.
Se nos cayeron luego los vencejos,
como guantes raídos, de las tardes azules,
tardes de manos llenas, cielo bajo.
Miro cómo mi abuela,
los ojos muy abiertos, fervorosa,
está exprimiendo un zumo en la cocina;
miro temblar sus manos, debajo de esas manos
miro girar el sol, aroma antiguo,
sangre pura del tiempo más redondo,
corazón de naranja que aún nos ciega.
No queremos morirnos, no queremos…
La miro y habla sola en la cocina,
mientras exprime un zumo como quien reza un salmo,
apura la inocencia y el candor, bebe memoria.
Miro temblar sus manos. Y el almendruco estéril,
la tapia; blanco sucio para trepar de sed,
amarga adolescencia, fruta viva.
Son cosas que brillaron antes de que te fueras.

Línea 6

Todo lo que merece algo la pena
es circular. Tus pupilas.
Los neumáticos de aquel Seat Ibiza que tuve,
ya sabes: tus pupilas y las aceitunas
y aquella tarde en Ávila con Santa Teresa.
Cuando volví a encontrarte,
llevabas un anillo en el dedo meñique.
Me dejaste probármelo. Yo estaba mareada.
Gilipollas. Todo lo que hemos sido,
la forma en que estuvimos una junto a la otra,
nuestro amor, todo y nada, es circular.
El recuerdo. La samba. Carteles
de Se Alquila por la glorieta de Bilbao.
Todo lo que te quise.
La línea seis del metro. Estas ganas de hablarte.
La espera: circular.

(Textos tomados de circulodepoesia.com)

Víctor Alamo de la Rosa (ganador del Pérez Armas) se distancia de las novelas de género


El Premio de Novela Benito Pérez Armas, que anualmente otorga la Fundación CajaCanarias, ha recaído en la presente edición en la novela 'Todas las personas que mueren de amor', del escritor Víctor Álamo de la Rosa, dotado con 12.000 euros y la publicación de su obra.

La novela, según indica el autor, es "una indagación muy literaria en las sensaciones del desamor, porque cuenta la historia de un personaje capaz de morirse de amor nada menos que siete veces".

"Se trata de una novela que es muy literaria porque está en las antípodas de las novelas de género, tan en boga por estrictos parámetros comerciales, ya que tiene una escritura muy elaborada y fragmentaria, y además presenta guiños a obras tan emblemáticas de la tradición literaria canaria como Fetasa, de Isaac de Vega", añade.

Para Víctor Álamo de la Rosa, esta novela será "un giro sorprendente" para sus lectores. "Estoy muy feliz porque esta novela no habría tenido salida si no llega a ganar un concurso como éste, donde se busca premiar obras con valores literarios, artísticos, y no se utilizan criterios meramente comerciales", comentó.

martes, 11 de noviembre de 2014

Las mentiras del turismo en Canarias


Ahora que los hoteles están repletos y se augura la posibilidad de batir todas las marcas, ahora que las vacas gordas se acrecientan pues tendremos más de 12 millones de turistas en este año, ahora que los empresarios hoteleros se niegan a contratar porque dicen que esto del turismo es muy evanescente y tienen pocos márgenes de beneficio —dado que los operadores les contratan las plazas exigiendo importantes rebajas— ahora habría que hacer algún informe acerca de dónde van realmente las ganancias del turismo que nos visita, cómo se reparten, cuánto queda aquí. Pues resulta extraño que, siendo el turismo nuestra única industria, no genere los puestos de trabajo que nuestra gente necesita y sigamos teniendo un 33 por ciento de paro en estas islas. En cuanto al paro juvenil, este llega al 62,19 por ciento, solo por detrás de Andalucía, que tiene el 63,91. Los pocos contratos que se hacen son en precario, con unos salarios tan mínimos que hasta Bruselas llama la atención, se generan unas situaciones que debieran hacer reflexionar.

La cosa podría explicarse de modo muy sencillo: los empresarios no quieren contratar. Las camareras de pisos, agobiadas por el exceso de trabajo, suelen necesitar ir al médico para que les mande pastillas contra la ansiedad. Se ven agobiadas por la presión de tener que hacer cada vez más habitaciones por turno, debido a que todas las plazas están vendidas haría falta más personal, trabajan a un ritmo frenético, como bien saben los sindicatos, tan timoratos ellos. El mismo camarero que te pone el desayuno te sirve los aperitivos en el bar y también la cena. ¿Cuántas horas acumula en cada jornada? Pero los administradores de la cosa, que a lo mejor residen en Alemania o Inglaterra, dicen que nanay. Argumentan que a Canarias le corresponde un modelo turístico tirado de precios, con lo cual no queda mucho margen para el empresario local, ni mucho menos para aliviar la cuota de paro. ¿Por qué nosotros, los operadores, vamos a arreglar el tercermundista paro del paraíso turístico subtropical? Ni hablar del peluquín.

Y es que Europa nos quiere como piscina de invierno, y punto en boca. Le compramos a Europa la leche, la mantequilla, todos sus excedentes. Y a Suramérica la carne. Compramos  a precios tirados, sin aranceles que defiendan la producción local. Con lo cual ya no tenemos ganadería, y casi tampoco tenemos agricultura. Y con el todo incluido de los hoteles ¿cómo mantener restaurantes, cafeterías en el sur y otros pequeños negocios?

En nuestra tierra canaria los políticos llenan sus bocas con la palabra turismo. Pero ¿a qué se refieren, si tenemos muchos hoteles de varias categorías y modelos, donde la gran mayoría de sus propietarios y explotadores, así como los cuadros dirigentes, son de fuera? Llegan, compran el terreno que prefieren, con todas las facilidades y con el beneplácito  de los políticos, lo siembran de cemento y asfalto, y cuando el visitante llega el paquete está pagado en origen y aquí nos dejan cosas insignificantes. Cuando los turistas salen de excursión se llevan la comida en cajitas preparadas por el hotel, porque ya va incluido en el paquete turístico. No consumen aquí casi nada; el único dinero que se queda son las nóminas de los trabajadores, y no todas las nóminas, porque una gran mayoría de los empleados/as de los hoteles son inmigrantes, y tienen que mandarle dinero a sus familias, otro dinero que se nos va y no es invertido aquí.

La pregunta es sencilla: ¿quién se lleva la parte del león en el supuestamente gran pastel turístico? Si no crece el empleo, está claro que aquí no nos beneficiamos gran cosa. Puede que esto sea diferente en el capítulo del turismo rural, alojamientos que se alquilan directamente del propietario al turista, así como los apartamentos que también son alquilados sin intermediarios. Pero hay mucha picaresca: en islas como La Palma hay muchos apartamentos no legales, apartamentos no declarados, con propietarios extranjeros que alquilan entre ellos mismos, sin pagar IBI, sin dar cuentas a Hacienda.

Paralelamente, tenemos la cesta de la compra más cara del Estado, y además padecemos los salarios más bajos. Está claro que somos la comunidad autónoma que más depende del turismo, el sector servicios está subordinado casi íntegramente a él, y si hubiera un cambio de ciclo sería una catástrofe. Ahora nos beneficiamos de las dificultades de los competidores, la inestabilidad política del norte de África, su falta de seguridad, pero esas circunstancias podrían cambiar. La prudencia aconseja estar preparados para alguna circunstancia desfavorable, pero somos poco previsores, extremadamente débiles. En el aeropuerto de Bruselas hemos visto ofertas para una semana en el sur de Gran Canaria por 500 euros, con vuelos y todo incluido.

El turismo deja poco dinero en los países receptores, no contribuye a la fiscalidad de esos países. En la mayoría de los casos las líneas aéreas, los operadores y los hoteles son de capital foráneo. Además debe tenerse en cuenta que el turista consume más agua y energía que el nativo. Lo que se gana con el turismo habría de ser contrapesado con la destrucción del territorio y la contaminación

Aquí existe un manifiesto descontrol sobre la planificación territorial, con una legislación poco coherente. La burbuja inmobiliaria ha estado sobrealimentada por el deseo de los extranjeros de adquirir viviendas para pasar la tercera edad. Ello es evidente no solo en la costa mediterránea y andaluza sino también aquí. El consumo de cemento ha sido descomunal, y el daño sobre el litoral más que visible. Un país que ya tiene varios cientos de campos de golf quiere instalar muchos más, y los cientos de miles de viviendas vacías tardan en eliminarse porque los compradores esperan todavía mayores gangas. En definitiva: en el turismo no es oro todo lo que reluce, ni muchísimo menos.  

lunes, 10 de noviembre de 2014

El Premio Canarias de Literatura, para Jorge Rodríguez Padrón

El Premio Canarias de Literatura se ha transformado en una tómbola de oportunidades, un pedestal para el olvido. Como en los programas basura de la TV los que se creen merecedores -a veces vestidos con la piel de la mediocridad- han de hacer campaña puerta a puerta suplicando nominaciones, cuantas más mejor, para impresionar al jurado. Ya se están moviendo l@s candidat@s, mandan cartas, piden adhesiones hasta en las asociaciones de vecinos, los casinos, los hogares de la Tercera Edad.
A un tipo como Jorge Rodríguez Padrón, crítico literario, ensayista y poeta, no le darán el premio sencillamente porque no hace campaña. Muchos se quedaron en el camino sencillamente por lo mismo. Tal vez lo importante de los premios sea merecerlos, aunque jamás hagas campaña. Lo dijo Rafael Arozarena antes de morir: "El Premio Canarias de Literatura se ha transformado en una feria indigna."

domingo, 9 de noviembre de 2014

A la memoria de la mujer de un poeta (Eugen Dorcescu, desde Rumanía)

Olimpiei-Octavia. In memoriam  
 
 
 
 
Absenţa e-o prezenţă negativă,  
E-un gol, o aşteptare, o latenţă.  
E moarte şi viaţă, deopotrivă –  
Chiar Domnul, pentru simţuri, e-o absenţă.  
De neatins fiind, şi nevăzută,  
Asociind realităţi contrare,  
Absenţa naşte jale şi frustrare  
Şi-un gând de neputinţă absolută.  
Ne-existând, nu poate să se-ascundă.  
Ne-existând, nu-şi neagă evidenţa.  
Egale-i sunt teroarea şi clemenţa…  
 
Absenţa e-o prezenţă mult mai cruntă,  
Mai greu de îndurat decât prezenţa.  
 
30.XI.2014  
 
 
 
 
 
 
La ausencia  
 
La ausencia es una presencia negativa,  
Es un hueco, una espera, una latencia.  
Indistintamente, es muerte y vida –  
Incluso el Señor, para los sentidos, es una ausencia.  
Estando intacta, y oculta,  
Asociando realidades opuestas,  
De la ausencia nacen frustración y abatimiento  
Y un pensamiento de imposibilidad absoluta.  
No-existiendo, no puede esconderse.  
No-existiendo, no niega su evidencia.  
Iguales le son el terror y la clemencia...  
 
La ausencia es una presencia mucho más cruenta,  
Más difícil de soportar que la presencia.  
 
(Traducción del rumano: Coriolano González Montañez)  
 
 
Ha muerto la esposa de nuestro amigo Eugen Dorcescu, poeta rumano a quien ha traducido Coriolano González, dándolo así a conocer en nuestro idioma. Le enviamos nuestro más sentido apoyo en estos momentos y damos a conocer este reciente poema dedicado a la memoria de su esposa.

jueves, 6 de noviembre de 2014

La literatura como contradiscurso en tiempos postmodernos


Si la cultura es la construcción de una relación activa entre el hombre y su memoria, y entre el hombre y el mundo, con la aspiración de lograr el enriquecimiento personal, la cultura tiene que estar alerta.

          Por supuesto que los tiempos postmodernos son incitantes. Veamos, por ejemplo, la multiplicidad de emisores. El hecho de que se genere una desmasificación de las audiencias, -con muchas emisoras de TV digital y emisoras de radio, así como muchos diarios en la red y con el interesante fenómeno del periodismo interactivo de los blogs donde hay una comunicación más libre y espontánea que en los medios tradicionales- supone pluralismo y diversidad. Múltiples mensajes generarán múltiples receptores de esos mensajes; de un lado encontraremos mensajes interesados y de otros hallaremos propuestas encaminadas a defender con mejor o menor fortuna todas las opciones posibles, incluso ese cúmulo de conocimientos y prácticas culturales específicas de la comunidad que entendemos como “identidad”, lo cual parece un proceso interesante siempre que entendamos esa identidad referenciada con el espíritu universal, con el contraste sin complejos de inferioridad, no a la manera exclusivista y casi totalitaria con que se entiende la “identidad” en algunas zonas del planeta.

          Con las nuevas posibilidades se destruyen las imágenes predominantes del mundo y de la vida, ya que se favorece la liberación de las peculiaridades personales y locales frente a la presión dominadora de las opciones hegemónicas. Decía Ortega y Gasset que “la realidad, precisamente por serlo y hallarse fuera de nuestras mentes individuales, sólo puede llegar a éstas multiplicándose en mil caras o haces.”

          Como consecuencia de todo ello, las sociedades postmodernas son más complejas, incluso más caóticas. El propio progreso técnico se torna caprichoso, o hasta cuestionable. Por ejemplo, hoy son posibles la clonación o las manipulaciones genéticas, y a veces se tiene la impresión de que el avance desenfrenado puede ir contra el propio hombre que lo genera. Si ya existen en el mercado ordenadores que redactan a la voz de su dueño cartas en cualquier idioma, estamos prescindiendo de un solo golpe de la secretaria y del traductor. La revolución tecnológica introduce robots en las grandes cadenas de la industria automovilística, y ello es de tal magnitud que acaba por destruir puestos de trabajo, o de generar puestos en precario. En EEUU es muy fácil el despido, pero también es muy fácil encontrar trabajo, aunque el sistema siempre crece aupando a unas capas sociales y a unas etnias sobre otras, con lo cual la disputa social siempre está presente. ¿Pero cómo se regeneran esos puestos de trabajo en países menos desarrollados como el nuestro, si el empresario lógicamente va a luchar por reducir costos llevándose la producción a países donde los salarios sean más bajos? ¿Hará falta reivindicar una economía justa, igual que un comercio justo, a la medida del hombre?

          Contra la orgía de lo efímero y aleatorio, contra el delirio consumista, el mejor remedio sería buscar una nueva relación con el mundo y sobre todo reactivar la memoria, reivindicando de paso el sentido de la razón en todos los actos humanos; será la razón la que ha de eliminar la idea de progreso ilimitado alzando la del progreso sostenible, pues el progreso ilimitado –por su propia voracidad y falta de freno racional- se asienta sobre la puesta en grave riego del medio ambiente. Con la crisis energética que se avecina, con la carencia y encarecimiento de materias primas, con la escasez de agua y con el cambio climático por medio, es la razón la que debe reconducir el progreso cuando cada día mueren en el mundo más de cien mil personas a causa del hambre, y en países como el nuestro aún se presta escasa ayuda al Tercer Mundo que nos envía miles de pateras y miles de muertos. El ser humano necesita autodeterminarse una vez más y el escritor, el intelectual, debe formular de nuevo su mirada crítica y su apelación a la verdad y a la belleza vertiendo los ideales de un diálogo de solidaridad y de intercomunicación, pues decía Platón que pensar es dialogar con nuestros antepasados, con nuestros contemporáneos y con nosotros mismos.

martes, 4 de noviembre de 2014

Unamuno en Fuerteventura: la insularidad, la maldición del mar

Sin duda fue muy buena idea conmemorar el centenario de la presencia de Miguel de Unamuno en las islas, y hacerlo con un programa tan inteligente y tan completo de actos, actividad en la que ha sido esencial el entusiasmo del cronista de Artenara, José Antonio Luján. El hito de la caminata hacia la cumbre, con la perspectiva de inaugurar nuevos miradores y monumentos conmemorativos, dice mucho del acierto del comité organizador de estos eventos. Las mesas redondas y las conferencias también han analizado con mucho nivel el pensamiento y la obra unamunianas.

Seguramente no hemos valorado lo suficiente la incidencia del escritor vasco en los autores canarios de su época y en los posteriores. Pues Unamuno, al igual que Ángel Valbuena Prat, supo poner hace mucho tiempo el acento en cuestiones fundamentales de nuestro pensamiento: la lejanía, el modo de ser ensimismado, la sensación de dramatismo y distancia que el mar suponía para nosotros, insulares de Canarias, hace ahora un siglo. Tanto don Miguel como don Ángel pusieron el dedo en la llaga de algunos de nuestros demonios particulares, los demonios de claustrofobia, de encierro, que en cierto modo lastran o han lastrado la labor de los creadores de las islas durante cinco siglos. Teorías que hoy, en pleno siglo XXI, entran en una nueva perspectiva de contraste pues el mundo ha cambiado tan velozmente que las Canarias de hoy tienen poco que ver con las Canarias de entonces, y por consiguiente la labor del creador, incluso trabajando desde aquí, encuentra otros modos de expresión propiciados por la tecnología, el avance de los medios de comunicación, el progreso económico, la frecuencia y baratura de los vuelos desde las islas al mundo. De este modo, la percepción del aislamiento y de la maldición del mar no son las mismas hoy que aquellas que en su día apreció el poeta ensimismado y dolorido que fue Alonso Quesada. Precisamente el que fuera rector de la Universidad de Salamanca escribe a Rafael Romero, más conocido como Alonso Quesada, una carta en la que dice: “Me es imposible olvidar a esa isla de tranquilidad y de afecto y a los que ahí dejé. Es que … ¡basta! Le veo suspirando en su jaula, en su isla –tanto la exterior y geográfica como la interior- y suspirando por libertad. Y, créame, es mucho más dulce cantar enjaulado a la libertad que estar libre y sin canto. Nadie canta lo que tiene.” Después de elogiar algunos poemas de nuestro autor, así su “Oración de media noche” y su “Oración vesperal”, don Miguel estima que “en jaula más grande sentiría usted mayor anhelo de libertad, pues cuanto más se tiene, más se siente lo que falta.” Está claro que la iglesia combatió a disidentes con pensamiento propio. Galdós, Unamuno y otros recibieron los dardos de intolerancia. Alentados por la España vertical de la postguerra algunos obispos los llamaron anticlericales, enemigos de la fe, fustigadores de las esencias patrias. El Unamuno contradictorio y a veces caótico, el provocador, el que se apuntaba a perdedor cuando se suma al bando franquista en la guerra civil, el Unamuno desafiante y el vigilante tanto de los errores de la República y como los del bando alzado el 18 de julio. El Unamuno que se yergue en tutor de Alonso Quesada, el que descubre el mar precisamente en Fuerteventura, el autor que también es un poco nuestro. Pues en su destierro las islas lo marcaron con el síndrome de aislamiento que como decíamos ya quedó atrás en este mundo global.

También don Miguel varió mucho su mirada sobre nuestro paisaje atlántico. Pues a raíz de su estancia en Fuerteventura encontró alegría en el dolor, se sumergió en el Atlántico liberador, regeneró las heridas. El mar ya no era tanto la maldición como más bien era el elemento limpiador, sanador.

Claro que, como señalaba Bruno Pérez en La Provincia, Unamuno y Galdós fueron digamos dos “bestias negras” de la Iglesia Católica en los años de la postguerra franquista. Como anécdota, he de mencionar que –teniendo yo unos 13 o 14 años- acudí a confesarme con la grave duda de si había hecho bien en leer un texto unamuniano. No recuerdo si era Niebla o acaso Del sentimiento trágico de la vida, lo cierto es que tuve la suerte de ir a dar con un cura joven, impregnado del espíritu renovador que trajo aquel papa bueno que fue Juan XXIII y del concilio Vaticano II. Y este cura joven me dejó tranquilo cuando me dijo que no era malo leer a Unamuno. Menos mal, pensé. Pues en aquellos tiempos de los primeros años 60 pesaba sobre la conciencia de los jóvenes más de cien maldiciones.

Existe otra razón por la cual Unamuno es tan querido en las islas. Y es el hecho de haberse preocupado por nuestra realidad geográfica, social y creativa. Los 2000 kilómetros que nos separan de Madrid eran en el primer tercio del siglo XX muchos más en la vida real. Muy pocos se ocupaban de reconocer y de divulgar en la Península lo que aquí hacían los poetas, los artistas, que trabajaban recibiendo el escaso eco que su propia sociedad les proyectaba, y sin tener proyecciones en el exterior.

          La superación de este malditismo, y el reconocimiento posterior que han tenido figuras como Tomás Morales y Alonso Quesada, ha sido un hecho muy positivo que ha afianzado la a posteriori confianza de los creadores de las islas.

          Por lo demás, admiramos profundamente ciertas actitudes vitales y estéticas de don Miguel. Su inconformismo, sus contradicciones incluso. Su angustia espiritual y el dolor que le provoca el silencio de Dios, el tiempo y la muerte.

          El escritor sigue siendo polémico, pues cada año con motivo del homenaje que el 31 de diciembre rinde la corporación municipal de Salamanca frente a la estatua del intelectual se ha visto alterado por diversos incidentes. Y es que Unamuno nunca fue ajeno a la polémica; se opone a la monarquía de Alfonso XII y al dictador Primo de Rivera, apoya inicialmente a la República y se va desengañando ante la deriva de España que le lleva a ver en Franco a un regeneracionista duro. “No me he convertido en un derechista”, dice. “No he traicionado la causa de la Libertad. Pero es que, por ahora, es totalmente esencial que el orden sea restaurado. Pero cualquier día me levantaré –pronto- y me lanzaré a la lucha por la libertad, yo solo. No, no soy fascista ni bolchevique; soy un solitario.” 

          “Venceréis, pero no convenceréis”. Fueron sus últimas palabras en público, grabadas para la historia. Condenado a arresto domiciliario, no pudo salir de casa hasta su muerte. Pero los verdaderos creadores no mueren del todo, sino que su obra y su ejemplo se prolongan en el tiempo, y por ello –de alguna forma- son inmortales. Igual que le ha sucedido a Saramago, otro gallito de pelea, otro inconformista. 

lunes, 3 de noviembre de 2014

Canarias: donde hay más divorcios


Estos años que estamos pasando traen consigo grandes cambios y grandes crisis, no solo económicas sino también políticas, personales y de valores. Vivimos en una sociedad poco estable, no solo por las dificultades laborales que sin duda inciden en la felicidad de la gente sino porque un cierto grado de malestar parece afectar a casi todas las manifestaciones de la vida. Quizá el progreso de los tiempos ha introducido dinámicas poco favorecedoras de la estabilidad familiar, es posible incluso que las actuales generaciones menores de 40 años tengan menos paciencia a la hora de soportar las pequeñas o grandes decepciones que conlleva la vida en pareja, la adaptación mutua. Por supuesto que en ello influirá el papel más activo de la mujer, su mayor independencia. Pero ¿hay una enfermedad social que hace que las parejas, incluso las de la Tercera Edad, se soporten cada vez menos? Porque también es muy revelador el incremento de rupturas entre personas de edad avanzada.

Desde hace tiempo tenemos el dudoso honor de estar en cabeza de fenómenos negativos: este es el lugar donde más paro hay de toda España, tras Andalucía; somos la comunidad con mayor fracaso escolar y también la que tiene un mayor índice de divorcios. Parece que los años más terribles de la crisis económica trajeron consigo un importante descenso del número de las rupturas matrimoniales de todo el país. Así también ha sucedido aquí en Canarias, donde se manifestó una caída brusca de los divorcios, separaciones y nulidades entre los años 2007 y 2009. En una situación económica muy adversa, las parejas se lo pensaban mucho. Pero ya el año pasado, 2013, la cifra fue la más alta de los últimos cinco años. Y los índices de rupturas son parecidos en las islas mayores respecto a las llamadas islas menores.

Aunque no se rompen tantos matrimonios como en los primeros momentos de la década pasada, los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) publicados recientemente señalan que la tasa de rupturas por cada mil habitantes se ha incrementado respecto a años anteriores. Canarias registra el mayor índice de divorcios, separaciones y nulidades de todo el país, seguida de Cataluña. En cifras absolutas, se precisa ahora que el año pasado se disolvieron 6.383 relaciones matrimoniales en las islas, casi 400 casos más que el año 2012. La gran mayoría de estas rupturas, el 96 por ciento, se hace a través del divorcio.

Sabemos que la mitad de los divorcios en España en los últimos 30 años se han producido tras la reforma de 2005 que introdujo el llamado “divorcio exprés”, que permitió acortar plazos y acelerar los trámites. Según un informe del Instituto de Política Familiar, se cifra en 1,3 millones los divorcios desde que la ley del divorcio se introdujo en la España democrática en 1981 y en 636.454 los registrados desde el divorcio exprés, hace ahora nueve años. Es decir que ha habido una importante aceleración de casos. Se sabe que hay una ruptura cada 6 minutos, hasta un total de 229 diarias, que han afectado a dos millones de hijos, especialmente desde el “divorcio exprés”. El informe precisa que durante el mismo periodo se han celebrado 4 millones de matrimonios frente a 2,5 millones de rupturas entre las separaciones y de los divorcios. Es decir que por cada 10 matrimonios ha habido 6 divorcios.

La etapa más crítica para las parejas suele ser cuando los cónyuges llevan entre 5 y 10 años casados, así se constata que 1.378 del total de los 6.126 divorcios registrados en el archipiélago en el 2013 se produjo entre los cinco y los diez años de matrimonio. Y pese a que en las islas ha avanzado la potestad compartida, lo ha hecho en menor medida que en el conjunto de España.

Es también significativo que el número de rupturas entre personas mayores de 65 años va aumentando y se ha duplicado en una década, como puntualiza el informe “Las personas mayores en España”, presentado en la sede del Imserso con ocasión del Día Internacional de las Personas Mayores. Este índice es ya el mismo que señala la media europea. En los países nórdicos se dan incluso divorcios entre mayores de 80 años, lo cual no deja de resultar sorprendente.

Hay algo también significativo y es que en España se incrementan los divorcios tras las vacaciones de verano, en Semana Santa y en Navidades. Los abogados de familia tienen perfectamente constatado este hecho, y las estadísticas de los tribunales así lo sustentan. No deja de resultar curioso que cuando la convivencia familiar se intensifica sobrevienen los mayores problemas de intolerancia e inestabilidad. Eso no debería ser así, ya que las vacaciones son un buen momento para compartir, descansar, dialogar, comunicarse, conocerse mejor e interrelacionarse. Para expresar mejor los lazos familiares, en definitiva.

Quizá este modelo acelerado de vida que llevamos da menos oportunidades al diálogo y a la convivencia serena. Las parejas con trabajo se quejan de que es difícil compartir y comunicarse, por la presión de los horarios y los desplazamientos en las grandes ciudades. Y las parejas que han perdido su ocupación tienen un motivo más para distanciarse. Está claro que en España debieran reforzarse las medidas de apoyo a la familia y a la procreación, sabido es que cada vez nacen menos niños y que el país perderá muchos habitantes en los años próximos, de no reactivarse la tasa de empleo y el retorno de la inmigración, si no se frena la salida al extranjero de los jóvenes.
 

sábado, 1 de noviembre de 2014

Leopoldo María Panero: el ejercicio de la lucidez


Parodiando al gran maestro Shakespeare, podríamos hacernos la fatídica pregunta de difícil respuesta: Estar loco o no estar loco, esa es la cuestión. Puede pensarse que todo es relativo, que nadie está completamente loco ni nadie está completamente cuerdo. Y desde que el mundo es mundo han marchado en estrecha relación la magia, la locura y el arte con un objetivo común: descubrir los secretos que esconde el misterio de la existencia humana y el misterio de la propia naturaleza, y ello sucede para plantear el ideal de trascendencia, esquivar la angustia de sabernos mortales, tratar de aportar algo de luz en medio de tanta oscuridad. Así las primeras pinturas rupestres tuvieron una función de exorcismo, si se representaban animales en las cuevas era con el deseo de que esos animales pudieran ser cazados por la tribu. Un loco acto de fe similar a cuando se saca en procesión a los santos para que llueva. En la Edad Media a los desequilibrados se les sentenciaba directamente a la hoguera, una forma de profilaxis muy querida por la Santa Inquisición. En el cuadro “La nave de los locos”, El Bosco hace una sátira contra esa locura colectiva del mundo: los hombres extraviados en sus obsesiones y lujurias olvidan el espíritu, y cantando, bebiendo y fornicando navegan sin rumbo. Más tarde los pintores expresionistas muestran con crudeza el desequilibrio emocional, recordemos el cuadro “El grito”, del noruego Eduard Munch, que nos golpea directamente con su deformidad expresiva. Para las letras y las artes, parece que la locura –es decir, la salida de uno mismo, la enajenación- es un elemento casi imprescindible, un elemento necesario, consustancial. Frida Khalo era una amargada bipolar, el pintor Pollock administraba su locura a base de mucho alcohol, otros ha habido que se han guiado por el opio o la cocaína. Foucault aseveraba que el arte empuja la locura, y la locura empuja al arte. Al mismo tiempo, el creador necesita que su disidencia interior, su impulso creativo, salga de su mente para de alguna manera –mediante esa terapia- volver al mundo de los ciudadanos “normales”, normales entre comillas.

Y es que la obra de arte nace del lado más impenetrable de nuestra existencia, del llamado inconsciente, y –como producto de ese impulso irracional- esa obra de arte brota de las pasiones, los miedos, los deseos, la necesidad, el instinto, el amor y el desamor, la vanidad, la ira, el gozo y el dolor de sentirse vivos. Ese profundo conflicto genera en el artista la fuerza de crear. En algunos casos esa pulsión creativa supera el control racional y provoca la locura, no olvidemos que el impulso de la genialidad está muy vinculado al impulso de salir de uno mismo, es decir: a la enajenación. Los creadores coquetean con la esquizofrenia y la paranoia: Van Gogh, Caravaggio, El Bosco, Dalí, James Joyce, Virginia Woolf, Edgar Allan Poe, Dostoievski, Strindberg, Artaud y un largo etcétera.

Para escribir o para pintar el creador necesita semanas, meses y años encerrado en una habitación, inventando palabras o colores. Se piensa que los novelistas son un poco esquizofrénicos pues necesitan dividir su mente en varios personajes. Suele creerse que los escritores tuvieron una infancia infeliz, una infancia que fue perdida demasiado pronto y por eso luego se proponen reflejar en sus libros esos años perdidos. Dice Alfredo Bryce Echenique que el 1 por ciento de los hombres de ciencia sufre depresión maníaca profunda, frente a un 41 por ciento de los novelistas. Y es que el trabajo creativo requiere de un inmenso y sostenido esfuerzo, de tal sacrificio personal y una dedicación tan excepcional que en todo ello podría estar el origen de sus graves consecuencias personales. El creador, el artista, es siempre un disidente de lo cotidiano. Alguien que se sitúa en el otro extremo de los valores aconsejables, de los códigos pragmáticos. Escribir o pintar no suelen producir buenas ganancias –salvo contadas excepciones-, pero el creador se siente irremediablemente atraído por desarrollar su obra, a pesar de ser consciente de que ganaría mucho más si pusiera un puesto de perros calientes en la esquina.

Siguiendo a Freud y al psicoanálisis, la literatura -y también la pintura- puede ser una forma organizada de delirio. Miedos, pesadillas, angustias y deseos alimentan la escritura, y el autor plasma en sus obras esos fantasmas. El escritor y el pintor pueden estar llenos de manías que harán las delicias de un psiquiatra, pero para escribir o para pintar con hondura hace falta lucidez y control sobre la obra; meterse en ciertas visiones, en obsesiones, y regresar de ellas construyendo algo bello o impactante para los demás. El escritor y el pintor se aíslan, se obsesionan, padecen malhumor, pero también disfrutan con lo que hacen. Escribir o pintar humanizan, y a veces estas actividades hacen que el creador consiga páginas y lienzos imperecederos como lo hizo Goya con sus Pinturas Negras.

Como decíamos en nuestro libro “El Neptuno de Melenara”, (Ayuntamiento de Telde, 2005) Luis Arencibia es un artista humilde y trabajador que ha hecho patria en Telde y Leganés. Al socaire de sus crisis personales, de los desgarramientos y las travesías del a las que en el transcurso de nuestra vida nos vemos obligados, de los procesos de rupturas y posteriores sosiegos, el artista ha caminado desde lo iconoclasta rompedor a la asunción de códigos más habituales, del desgarramiento tremendista hacia la confirmación de un mundo más sereno y armonioso, más sensual y relajante, sin duda también más esperanzado. Desde San Juan de la Cruz a Nietzsche, desde Baudelaire a Camus, desde Carlos Marx a Kafka y a los componentes de la Generación del 98 se ha ido conformando su pensamiento, de la misma manera que en el plano artístico figura su admiración por Durero, Grünewald, Miguel Angel, Leonardo da Vinci, Ricardo Baroja, Rodin y Solana. Como otros artistas, Arencibia ha pasado por etapas iniciales en las que requirió dar rienda suelta a vértigos y espasmos que daban vueltas en su interior. Por ello los primeros fueron años de trasgresión y rebeldía, momentos en que hizo guiños a su realismo fantasmagórico, la revoltura psicodélica y alucinada, los mensajes políticos, una intencionalidad satírica y un ejercicio de interpretación irónica casi fustigante. En su marcha desde sus primeras exposiciones individuales en pubs, el surrealismo gráfico, tras el cultivo de la provocación y el guiño terrorífico ha ido dando paso a un cierto sentimiento dramático acerca del destino de la humanidad, el retrato de los locos del manicomio de Leganés, la visión de los temores medievales y por último la aquiescencia de lo circundante, sobre lo cual aporta su visión renovadora, comprometida con el entendimiento antiespeculativo de los espacios urbanos y un humanismo progresista encaminado a regenerarlos. En su relación con el dibujante y pintor Andrés Rábago –también conocido como El Roto y Ops- Arencibia muestra una preocupación similar por la trascendencia y una reflexión filosófica ante la realidad, embarcados ambos en los trabajos de autoconocimiento que conlleva un humanismo de izquierdas, una especie de lucha contra la tendencia a autocomplacerse y a instalarse, y asimismo una permanente contestación hacia los miedos y las miserias que condicionan al subconsciente. No en vano el miedo es el núcleo esencial. Es el territorio que hay que expurgar, en el que realmente se dirimen las grandes batallas. La lucha contra el ego y todo lo que ello conlleva, es el verdadero territorio de la lucha de cada uno de nosotros, afirma Andrés Rábago, quien llega más allá cuando estima que dado que este sistema está abocado a su aniquilación y destrucción, hemos de trabajar en la relación trascendente con la naturaleza y también con nosotros mismos.

Tal como ya expresó Ernesto Carrión en su trabajo “Leopoldo María Panero y la muerte del sujeto en el mapa de la lírica contemporánea”, no creemos que Panero deba ser calificado como un poeta maldito, sino que es un poeta revolucionario, un escritor que pone al hombre frente al hombre sin pellejo, que le enseña su enfermedad, sus llagas y sus vísceras, todo aquello que el Hombre se ha encargado de ocultar, a través de la psiquiatría y otros repertorios moralizantes. Siempre reinventándose y autor de casi 40 libros, en los que consta poesía, cuentos de horror, novelas, ensayos, autobiografías y libros en conjunto, Panero se dio a conocer en la célebre antología de José María Castellet, Los nueve novísimos poetas españoles, en 1970. Su continua experimentación, su uso de la intertextualidad, su uso de temas obscenos le ha valido que la crítica oficial le haya dado la espalda, consolidando así su imagen y condición marginal. Sin embargo, a pesar de estar desplazado en España por la llamada “poesía de la experiencia”, Panero es un loco que vende. Su funcionalidad reside en colocar su poesía descarnada frente a esa poesía de un Yo cotidiano y tedioso, encerrado en circunstancias urbanas, esos escritores que a veces hablamos de nosotros mismos, de nuestra caspa o nuestra calvicie o la Viagra que necesitamos a cada instante, sin ahondar en los dramas del entorno, en la historia de tanta gente maltratada. Panero anda entre los surrealistas y Mallarmé, Leautreamont, Baudelaire, entre Poe, Blake, Lovecraft; éstos son los maestros. Palabra que es vómito, llaga, escupitajo, mierda. Palabra que es misa satánica, sexo salvaje, sadomasoquismo. Palabra de un visionario, un alcohólico, un drogata, un suicida en potencia y en acto. Un iluminado postromántico que procura causar horror y repugnancia:

                                       Ya que todo lo prostituí, aún puedo

                                       prostituir mi muerte y hacer

                                       de mi cadáver el último poema

 

          La vida es un amasijo de huesos y cagajones, un volcán de vómitos:

 

         

                                        La vida es un borracho

                                       una ebriedad de espanto

                                       un lugar en el cieno

                                       una ebriedad de loco

                                       que cae de mi boca, formando el poema

 

Y escribir es “la perfecta venganza”. La entrega al ejercicio del mal es el acto más puro que pueden hacer los humanos, ya que toda noción de bondad es una hipocresía insoportable. Como dicen los satanistas, sólo puede alcanzarse la santidad y la calma espiritual por el camino del máximo pecado y la suprema degradación humana.

El libro que hoy presentamos, “Locos”, de Leopoldo María Panero y Luis Arencibia (Cto Editorial, Madrid, 2008, 3ª edición) ilustra muy bien lo que llevamos diciendo.

 

                                        El poema es como un pus

                                       como el grito de mis ojos

                                       como la sombra en el suelo

                                       de Peter Pan, que los otros

                                       pisotean sin verla

                                       en el suelo del espíritu

                                       en el infierno aún más atroz de lo blanco

 

Y también este otro fragmento:

                                      

                                        Un animal huye a través del laberinto

                                       dejando sólo un rastro de baba

                                        en que habita el poema

 

Estos breves poemas (páginas 46 y 50) confirman la esencia de la poesía de Panero. “La definición de mi poesía es la de darle sentido a la locura, ponerla sobre el papel. Yo lo que reivindico es un derecho a otra vida, a una vida alternativo, que el capitalismo –o la sociedad occidental- no tolera. El capitalismo es como una cárcel con una torre en el centro desde donde se vigila el comportamiento de todos los presos. En el sistema no se puede tener más que una vida, que es la que se llama normalidad, y la normalidad, encima, es una cesación del sentido. La sociedad en el capitalismo es sin aventura. La aventura está prohibida”, afirma en el texto “El poeta solo”, páginas 115 y sucesivas.

Arencibia y Panero realizan un ejercicio de lucidez con este libro. De una parte los dibujos de Luis son esclarecedores, radiografías casi demoníacas de esos pozos de la mente, de esas torturas del cuerpo. Esos ojos saltones, esos ojos que se salen de sus órbitas, esas bocas desdentadas, esas mejillas hundidas, esos cabellos encrespados, esos miedos, esos resentimientos, esos odios incluso, toda esa orografía tan convulsa, tan deteriorada y a la misma vez tan esclarecedora, ha sido trasladada al lienzo con una exactitud apabullante. El propio Arencibia ha hecho su propio descenso a los infiernos y ha ascendido de ellos con mayor sabiduría demostrándonos de paso que es un magnífico retratista, diríamos que un perfecto rastreador de la condición humana. De otro lado, Panero nos trae sus versos que son ejecuciones sumarias al orden convencional de las cosas, voces de un Peter Pan que se negó a crecer hace mucho tiempo y que para sentirse vivo necesita provocar, fustigar, enardecer, escribir himnos a Satán. “Dios debe tener pánico en esta tierra, decididamente España no es un lugar para el espíritu”, dice. Como expresó Felicidad Blanch, madre del poeta, “la generación de Leopoldo es una generación atormentada. Una vez tuve la ocasión de ver su ficha policial y allí había de todo, era marxista, trotskysta, traficante y no sé qué más.” Leopoldo en la cárcel por comunista, Leopoldo en el manicomio por ser un loco lúcido, Leopoldo en los libros porque se impone ser individuo, es decir persona, es decir máscara de otra máscara que es su yo profundo. Si en nuestra sociedad todos estamos estandarizados, si casi nadie tiene entidad, si casi todos somos números vigilados por el Gran Hermano que nos anticipó Aldous Huxley en “Un mundo feliz”, Leopoldo es el enfermo que escapa y avanza en muchas direcciones, y se convierte en Narciso homicida que se autodestruye para recomponerse. Pasar la última frontera, atreverse a ser Judas Iscariote. Y, sin embargo, el poeta escandaloso es también el poeta que escribe bien, la voz que mejor retrata nuestras miserias. Como dice Panero, página 14:

                                        Cuadro tras cuadro

                                       se dibuja la misma figura,

                                       la de un hombre que ha perdido

                                       y se contempla, extraño Narciso, en el

                                                 estiércol.

 

¿Qué es escribir sino vomitar recuerdos? El poeta se lo plantea y lo responde en este breve poema:

 

                                       Todos nosotros somos hombres libro

                                       y guardamos el secreto de la memoria

                                       de los secretos que nos persiguen sobre

                                                           la página

 

En resumen podríamos concluir que “Locos”, en esta nueva presentación, es un libro ampliado sobre las ediciones anteriores, a las que mejora sustancialmente pues aporta más retratos y más textos. Sólo nos queda, pues, felicitar a Luis Arencibia –por confirmarnos esta faceta suya de excelente retratista que ahonda en la expresión del retratado- y a Leopoldo María Panero –reconocido sin duda al día de hoy como uno de los poetas más importantes en lengua española- por este libro tan provocador como necesario, puesto que nos hace escarbar en los altibajos de la condición humana, en sus miserias y grandes

 

(Leído con motivo de la presentación del libro en la Casa-Museo León y Castillo, Telde, 27 de marzo de 2009)