lunes, 30 de enero de 2012

El mar en los poetas de Canarias

El mar es nuestro paisaje, nos aísla y comunica. Tomás Morales, Alonso Quesada, Saulo Torón, Pedro García Cabrera y Manuel Padorno lo expresaron. Tomás fue la vitalidad exuberante, el impulso dominador. Médico, intelectual mimado, ve un mar triunfante en una ciudad emergente, puerto de cien banderas: Atlántico infinito, tú que mi canto ordenas. Alonso Quesada, al contrario, ve el mar como renuncia, vivir en una isla significa castración, enjaulamiento; las rejas que impiden trascender. ¡El sol dando de lleno en los peñascos / y el mar… como invitando a lo imposible! Pedro García Cabrera fue modesto empleado de la Refinería, perdedor de la guerra civil. Su cautiverio y sus heridas íntimas le hicieron fraguar otro concepto del mar, como mar de las quimeras, símbolo de angustia esperanzada. Un día habrá una isla / que no sea silencio amordazado. Pero el mar de Morales y de García Cabrera no es antitético, sino más bien complementario, porque el mar radiante y el mar doliente constituyen dos lados contiguos del insular. Ser isla, vivir hacia adentro, asumir el espacio interior, no suele ser tarea fácil ni cómoda. García Cabrera, siguiendo la estela de Alonso Quesada, acentúa el espacio de la derrota y bebe en las fuentes de los que han sido humillados, como Alberti, Salinas o Hernández; Tomás Morales representa el despegue de una burguesía mercantil y portuaria, y conecta con el sentido épico de Darío, Saint-John Perse o Walt Whitman. De una parte, el mar grandioso, exultante y eufórico que nos lleva a buscar el origen mítico, la Atlántida, las Hespérides, el Jardín del Edén, y, de otra, el mar sufriente. El mar imprescindible, como decía Saulo Torón en El caracol encantado: El mar es a mi vida / lo que al hambriento el pan; / para saciar mi espíritu / tengo que ver el mar. Con Manuel Padorno el poeta se vuelve un contemplador del universo, con felices hallazgos sensoriales el mar de Las Canteras se manifiesta como su icono. La poesía es una iluminación, y es lógico que sea así porque Canarias es la tierra de la luz. Una luz simbólica, reveladora de otra realidad, la que el poeta captura y nos entrega. Navegaré las mares infinitas, / mi casa construida con el agua, / embarcación azul, nave de luz / de proa hacia el desvío…




















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